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Analisis | Apocalipsis now

ANÁLISIS: Viene de Noche

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Por: Jessica Blady

El terror nos sigue regalando grandes exponentes en este 2017.

El director y guionista Trey Edward Shults crea algo casi único con “Viene de Noche” (It Comes at Night, 2017). Básicamente, que nos preocupemos sólo por el ¿quién?, tal vez el ¿cuándo?, pero nunca por el ¿cómo? o el ¿por qué? durante este “fin del mundo” que aterroriza a las personas y las mata lentamente de un modo bastante grotesco.

Joel Edgerton es Paul, esposo y padre de un hijo adolescente que haría lo que fuera para mantener a sus seres queridos a salvo. La familia esta atrincherada en una casa en medio del bosque que solía ser de su suegro, bastante bien acondicionada y provisionada para sobrevivir al apocalipsis. Al menos, hasta ahora.

Los días pasan rutinariamente y hay que seguir unas simples reglas. Cuidar los suministros, estar atentos a cualquier cosa, no salir de noche y desconfiar de cualquier extraño, no sólo porque podría estar infectado, sino porque las situaciones extremas también sacan a relucir lo peor de los seres humanos.

Hay una sola puerta de la vivienda que no está bloqueada, su único contacto con el exterior, pero durante una noche se escuchan ruidos extraños y a alguien que logró forzarla para tratar de llegar al interior. El responsable del allanamiento es Will (Christopher Abbott), quien anda en busca de provisiones para mantener con vida a su esposa y su pequeñito. La bienvenida no es calurosa, más bien violenta, aunque todos en la familia saben que debe hacerse de esta manera.   

Tras meditarlo y sopesar las consecuencias, Paul decide ayudar al hombre y albergar a los suyos por el tiempo que sea necesario. Esta buena acción pone en juego un montón de factores: la confianza mutua, las lealtades y, por supuesto, la paranoia.

Durante noventa minutos Shults juega con nuestros nervios. Los climas que generan el aislamiento, las relaciones familiares, y la de otro tipo, no hacen más que acumular tensiones entre todos los personajes… tensiones que no podemos evitar vivir en carne propia.    

Estamos obligados a tomar partido, a ponernos de un lado o de otro, a ocupar el lugar de estos seres humanos que harían cualquier cosa para sobrevivir y proteger a los suyos. Es incómodo, es violento, pero eficaz; recursos necesarios del suspenso y el terror que, bien llevados, evita que la historia caiga en los clichés y los lugares más comunes, como ocurre en este caso.

Sí, tenemos la “típica cabaña en el bosque” (aunque no es cabaña), pero no podemos decir que se trata del subgénero de casa invadida, sobre todo cuando el protagonista invita por propia voluntad a la supuesta amenaza.

Que quede claro, acá no hay buenos y malos, hay sobrevivientes y cuando la suspicacia empieza a hacer mella, también lo hacen la locura y la violencia creciente. No podemos hacer mucho al respecto, somos simples espectadores atestiguando la naturaleza humana en su forma más primigenia.


Acá no importa realmente qué causó el virus mortífero (nos alcanza con ver sus efectos devastadores), o qué está pasando en el resto del mundo. Shults nos circunscribe a esta casa y a estas familias, creando un microcosmos aterrador. Apenas un solo escenario, buenas actuaciones (cómo se hace querer Edgerton) y la atmósfera ideal, entre el naturalismo que brinda el paisaje, hasta cierto surrealismo pesadillesco. “Viene de Noche” se aprecia en la oscuridad del cine y se agradece en un gran año para el género.