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Analisis | El corazón delator

ANÁLISIS: Better Call Saul S03E010: Lantern (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Se acabó otra temporada y quedamos un poco en shock.

Hay series que necesitan batallas épicas, explosiones, rescates, enfrentamientos o grandes revelaciones para cerrar bien arriba sus temporadas. Claro que no es el caso de Vince Gilligan y Peter Gould, que sólo tuvieron que echar mano de un poquito de culpa para ponerle punto final a la tercera temporada de “Better Call Saul”.

Como ya nos demostraron en años anteriores, el drama centrado en James McGill (Bob Odenkirk) no necesita de artificios, si no que va construyendo cada uno de sus momentos y giros narrativos, más que nada basándose en la actitud de un grupo de personajes que no suelen moverse dentro del rango de blancos y negros. “Better Call Saul” es una serie de ‘grises’ y eso es lo que la hace tan interesante, incluso mejor que su predecesora (“Breaking Bad”), cuyo protagonista sólo conocía extremos.  

Jimmy no es así, es un personaje con muchísimos defectos, pero con una virtud especial: reconocer cuando mete la pata hasta el fondo y tratar de arreglar el embrollo, aunque él ya no salga tan favorecido. El opuesto de Walter White, si se quiere, quien tardó cinco temporadas en reconocer que siempre fue un mal tipo.    

“Lantern” (farol), dirigido por el mismo Gould, cierra el círculo con el primer episodio de la temporada titulado “Mabel”, en referencia a aquel libro que los hermanos McGill compartían en su juventud. Así arranca este capítulo, bastante desgarrador en cuanto a relaciones familiares se refiere, pero muy ‘iluminador’ para que cada personaje vislumbre su futuro de ahora en más. ¿Coincidencia? No lo creemos.  

Las palabras de Chuck (Michael McKean) hacia su hermano menor son tremendas, resultado de años y años de resentimiento acumulado que explotaron definitivamente durante su encontronazo en el juzgado. Pero ahí no acabó esta historia de celos, admiración y culpa. Nosotros conocemos a Jimmy, sabemos de sus buenas intenciones y sus malas decisiones. Entendemos que no hace las cosas con fines dañinos, sólo que a veces el tiro le sale por la culata. ¿Qué va a pasar ahora? ¿Cuantas de las frases de Chuck van a retumbar en su cabeza? Ese “al final, vas a lastimar a todos los que te rodean”, ¿pesa más que el “nunca me importaste demasiado”?

Sabemos que estas palabras tuvieron un efecto inmediato en Jimmy, quien corrió hasta Sandpiper para tratar de arreglar las cosas con Irene Landry y sus amigas. También golpearon a Chuck, cual protagonista de “El Corazón Delator”, desesperado por ocultar su crimen y perseguido por la culpa al mismo tiempo. Recién en la próxima temporada veremos si se cumple la profecía y sí, “al final, Jimmy será el responsable de lastimar (aunque sea indirectamente) a todos los que lo rodean”.

Esto, ¿ya no se cumplió con Kim y su accidente? Si nos ponemos del lado de Chuck (¡jamás!), diríamos que sí, pero el personaje de Rhea Seehorn es lo suficientemente inteligente para admitir sus propios errores sin necesidad de buscar un chivo expiatorio. Claro que las acciones de Jimmy pueden resultar un detonante, pero si algo nos demuestra este final de temporada de es que cada protagonista decide tomar las riendas de su destino y hacerse responsable, cueste lo que cueste.

Lo hace Kim al bajar un cambio y entender que no hay que dejar la vida por el trabajo. Lo acepta Nacho Varga (Michael Mando) tras el ataque de Hector Salamanca, propiciado o no, por su artimaña, o tal vez por la mano invisible de Gustavo Fring. Y lo hace James, por supuesto, exponiéndose ante su anciana concurrencia, dejando la puerta abierta para un nuevo grupo de clientes que no juzguen tan minuciosamente las acciones de su abogado. ¿Qué nos queda? Los tipos malos.

Lo mejor de “Better Call Saul” es que no da nada por sentado, ni lo hace literalmente. Va construyendo (o mejor dicho, rellenando) ese universo que ya conocemos gracias a “Breaking Bad”, pero siempre desde la vereda de enfrente. Acá hay acciones y consecuencias, culpas y remordimientos; miedos más palpables. Ojo, también formaban parte de la historia de Walter White, pero aquella tenía una urgencia diferente, era ese “jugar con fuego”, evitando quemarse o que te atrapen.     

Gilligan y Gould prometieron una temporada más dramática y nos la dieron. Atrás quedaron los encantos de Jimmy, sus artimañas y chistecitos, para dar lugar al patetismo y las bajezas que lo terminaron convirtiendo en Saul Goodman. Ya no hay vuelta atrás, no después de lo de Irene (o lo de Chuck), y todos los personajes siguen esa misma línea.

Mike (Jonathan Banks) asociado con Fring y Lydia; Gustavo tomando el control de la distribución del cartel; Nacho cruzando los dedos para que nadie descubra que cambió las píldoras de Hector… Sin espectacularidad, sin explosiones ni batallas épicas, sólo seres humanos metidos en el barro hasta las rodillas, buscando la forma de poder salir.