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Analisis | Qué bajo hemos caído

ANÁLISIS: Better Call Saul S03E09: Fall (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Se acerca el final de temporada y Jimmy se arrima a ese abismo del cual no es tan fácil salir.

A esta altura todos conocemos a James McGill (Bob Odenkirk), a.k.a. Saul Goodman, y lo que es capaz de hacer para salirse con la suya. Desde el comienzo de “Better Call Saul”, Vince Gilligan y Peter Gould no están presentando un protagonista con buenas intenciones, aunque malas decisiones, que va acercándose peligrosamente a un lugar más oscuro, no tanto como otros personajes de este universo televisivo (te estamos mirando a vos Walter White), pero no por ello menos libre de pecados.

Jimmy es chanta, querible, un buscavidas bastante patético, pero cuando el nudo de la soga lo aprieta más de la cuenta, empieza a cruzar esa línea que lo pone del lado de los “malos”. “Fall” empieza a describir esa caída más abrupta, no por que empareje a McGill con personajes non santos como ya veremos en el futuro, sino por sus acciones tan míseras, sobre todo cuando se trata de viejitos.

James hizo escuela con el derecho (especializándose en leyes para adultos) y su acercamiento a la tercera edad. Consiguió un gran número de clientes que lo adoran y un caso millonario del que quedó afuera, pero cuyos dividendos, tarde o temprano, van a llegar a sus bolsillos. Ahora, más temprano que tarde, si todas sus artimañas dan frutos. Nos fascina ver como va hilando cada detalle y cada jugada con la pobre Irene pero, ¿el fin justifica los medios? Manipular los sentimientos de una persona por unos cuantos millones de dólares es caer demasiado bajo, incluso para McGill que ha tenido sus cambios de actitud en el pasado. ¿Será este el verdadero punto de quiebre?

Sin dudas, todos los personajes de “Better Call Saul” van cayendo en sus propios pozos. Mike (Jonathan Banks), de alguna manera, sellando la ‘alianza’ con Gustavo Fring, a través de Lydia Rodarte-Quayle (Laura Fraser) y su Madrigal Electromotive, compañía que se encargará de lavar esos dólares ganados de forma poco ética por el ex policía y futuro secuaz del rey de las drogas. Un vueltito, nada más, comparado con lo que mueve esta señora y el dueño de Los Pollos Hermanos que tiene sus propios problemas de “distribución” y competencia, cortesía de Hector Salamanca.

El tío cada vez ve menos con buenos ojos el buen trato que el chileno recibe por parte de los jefes del cartel. Esta tensión ya venía en aumento, desencadenando los nuevos negocios de Fring y las nuevas tácticas de Salamanca con la intensión de utilizar su propio sistema y el negocio legal del padre de Nacho Varga (Michael Mando).

Esta pequeña subtrama adquirió un especial dramatismo in crescendo, sobre todo desde que el joven traficante decidió acabar con Don Hector poniendo su vida y la de sus seres queridos en juego. Toda esa tensión que vivimos el episodio pasado, acá quedó en la nada, ya que el plan de Nacho parece no haber dado resultados a simple vista. ¿Habrá metido mano el amigo Gus? Algo nos dice que sí, aunque no ponemos las manos en el fuego. Por el contrario, sí invertimos toda nuestra empatía en Varga, convertido en el pequeño héroe trágico de esta historia, el único que sufre las consecuencias inmediatas de sus actos, aunque sus intenciones estén destinadas a corregir sus errores.

El final de temporada nos dirá (o no) como sigue esta historia, y si finalmente a Salamanca le da el bobazo por las acciones de Nacho, u otra mano enemiga. Lo cierto es que a alguien le va a explotar en la cara y no nos gustaría estar cerca cuando eso pase.  

Hablando de explotar cosas en la cara, ahí tenemos a Kim Wexler (Rhea Seehorn), tratando de abarcar más de lo que puede (al menos físicamente); y a Howard Hamlin (Patrick Fabian), creyendo ilusoriamente que puede deshacerse de Chuck (Michael McKean) y obligarlo a retirarse de forma prematura. El mayor de los McGill parece haber aprendido su lección, y ahora hace el esfuerzo máximo para superar su condición y así volver a salir con los tapones de punta. La humillación pública fue una alarma que lo hizo despertar, y aunque su relación con Jimmy no esté en los mejores términos, no va a permitir que los demás lo descarten como un trapo viejo.  

Todos en “Better Call Saul” tienen sus propios problemas, sus tropezones y sus acercamientos al abismo. Ahora depende de cada personaje (y de los guionistas, je) decidir el rumbo de sus acciones, esas que marcan la diferencia y empujan la balanza para un lado o para el otro de la ambigüedad moral.