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Analisis | Perdidos en el espacio

ANÁLISIS: The Long Journey Home

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Por: Maximiliano Baldo

Una experiencia hermosa que sufre algunos leves desperfectos. Recorramos este largo viaje a casa

La Humanidad espera con ansias el inicio de la misión de la Deadelus-7, primera nave en contar con tecnología del hiperespacio. La tripulación a bordo tiene un itinerario simple y estricto: ida y vuelva a Alpha Centauri para probar el motor. Pero algo sale mal... muy mal... y nuestra nave es lanzada con todo y sus tripulantes al otro extremo de la galaxia. Estamos solos, heridos y lejos del hogar dulce hogar. Es hora de emprender el largo camino a casa.

Con esa premisa el juego nos entrega sus primeros minutos de partida y de ahí en más todo depende de nosotros y de nuestras decisiones en el viaje. Este es un juego de supervivencia y exploración espacial con bastantes elementos positivos... y alguna que otra manchita en su ficha. Conozcamos sus bondades y pecados y decidamos si deseamos emprender este accidentado viaje por el cosmos.

Es fácil caer víctima del intenso atractivo del juego en cuanto a concepto. Juegos en el espacio hemos visto muchos, pero muy pocos consiguen mantener un balance entre la calma y la tempestad. Muy pronto entenderemos que esta es una experiencia más narrativa que de acción y que la mayor cantidad de soluciones positivas dependerán de nuestras decisiones y diplomacia en lugar de la munición que pueda proveer nuestra nave, que no es gran cosa en primer lugar. The Long Journey Home es una aventura que incita a mantener la calma y planificar nuestras acciones con cuidado, porque cualquier decisión premeditada bien podría ser la última que realicemos.

Comencemos por el factor de supervivencia. Nuestra nave posee indicadores que serán el principal foco de atención durante la mayor parte del viaje. La integridad de nuestro casco está siempre en jaque, recibiendo daños al colisionar contra objetos (asteroides, usualmente) o, peor, al realizar un salto en el hiperespacio; acción ineludible para saltar de sistema a sistema, siempre en búsqueda de la mejor ruta de vuelva a la Tierra.

Más delicada es la situación del combustible, que se vaciará con espantosa rapidez hasta que comprendamos que no podemos ir por ahí a todo motor, sino que debemos aprender a racionarlo como si nuestra vida dependiera de ello... porque ese es justamente el caso; los sistemas vitales de la nave dependen de que tengamos nafta en el tanque. Finalmente, está el medidor de combustible para los saltos por el hiperespacio que nos indica a cuántos nuevos sistemas podemos trasladarnos con lo que nos queda de carga.

Debemos aprender a ahorrar combustible, y para eso nos valemos de la gravedad planetaria. Nuestros viajes por los sistemas solares están marcados por arcos de trayectoria. No hace falta encender los motores mientras la gravedad nos mantiene en curso, dándonos algunos de los momentos más calmos y hermosos del juego, simplemente dejándonos disfrutar de unos segundos de paz hasta que debamos quemar un poquito de combustible para corregir el rumbo o, al acercarnos a un planeta de interés, disminuir la velocidad para entrar en órbita. Así conseguiremos mantener el uso de combustible al mínimo, maximizando nuestros recursos.

Todos estos niveles pueden (y deben) recuperarse durante el viaje. El método más eficiente es encontrar alguna base espacial que nos venda suministros por un módico precio, pero no siempre tendremos ese lujo de hallar esos verdaderos oasis siderales. En la mayoría de las veces tendremos que valernos por nosotros mismos, encontrar un planeta con los materiales necesarios, descender a su superficie mediante el módulo de descenso de nuestra nave, recolectar los recursos y regresar al Deadalus-7 de una sola pieza; algo que es mucho más fácil decirlo que hacerlo, pues los descensos a los planetas pueden ser fatales por mérito propio.

Cada planeta a nuestro paso posee características particulares de temperatura y gravedad, entre otros factores. Es importante decidir cuándo nos conviene descender según qué tan desesperados estemos por obtener materiales. Un buen consejo es aprovechar cada visita a planetas de condiciones "amigables", pues el juego tiene una notable tendencia a plagar la galaxia con planetas de condiciones complicadas y/o extremas con demasiada frecuencia. No son viajes imposibles y la obtención de accesorios para nuestro módulo ayuda a mitigar los inconvenientes en la superficie, pero aún así nuestra pericia será puesta a prueba al intentar hacer aterrizar nuestra pequeña navecita en sitios de interés para minar recursos o visitar puntos específicos. Se trata de un simple "juego" de Lunar Lander en el que usaremos los propulsores de nuestro módulo de descenso para tocar tierra tan suavemente como nos sea posible, hecho que se complica con la inclusión de diferentes tipos de gravedad y algunas ráfagas de viento que nos sacarán canas verdes en momentos de alta tensión.

A veces encontraremos más que sólo recursos en las superficies planetarias. Cuevas, bases abandonadas, templos, ruinas y restos de naves estrelladas; el piloto de nuestro módulo de descenso puede acercarse a investigar estos sitios en secuencias narrativas que podrían darnos algún beneficio (usualmente algún ítem) o también alguna maldición. Dependerá en buena parte de qué personaje es el encargado de realizar la investigación y con qué herramientas contemos al momento de explorar. Al inicio de la aventura tendremos que seleccionar a cuatro tripulantes entre diez posibles candidatos, cada uno de ellos contando con personalidad propia, habilidades a su favor y un ítem que traerán a bordo para su posterior utilización. El mismo viaje puede cambiar significativamente tan sólo seleccionando a tripulantes distintos en cada expedición. Habrá que cuidar mucho a nuestros pobres mártires, ya que siempre existe la posibilidad de que resulten heridos por uno u otro motivo. Si un tripulante acumula cinco síntomas de malestar, muere. Podemos sanar sus diversos males si contamos con el ítem adecuado, o si tenemos la enorme suerte de hallar un hospital en algún planeta; pero lo mejor que podemos hacer es intentar por todos los medios no resultar heridos en primer lugar.

A la supervivencia se le añade el elemento social, pues pronto comprendemos que no estamos tan solos como pensábamos. De este lado de la galaxia conoceremos a una linda variedad de razas alienígenas, cada una de ellas representadas por ideologías específicas. Una parte importante de la experiencia es aprender a tratar con nuestros vecinos, y para eso debemos interactuar con ellos y entablar charlas para ver qué opinan tanto de nosotros como especie Humana así como también de las demás razas que recorren el espacio. También serán estos encuentros los potenciales generadores de misiones que, al cumplirlas, nos recompensarán con algún ítem de valor y Créditos espaciales, la moneda interestelar que puede llenar nuestro tanque con combustible o sobornar a una pandilla de guerreros espaciales para que nos dejen en paz. Esto último es muy recomendable, porque cuando las cosas van mal a veces la única solución es activar nuestras armas para defendernos o intentar atacar... y eso suele ser una opción suicida, porque el sistema de combate es uno de los puntos más precarios del juego.

Hay que comprender el contexto: nuestra nave está destinada a la investigación espacial, de modo que su sistema de armas es inferior por defecto. Contamos con un escudo de energía y una serie de cañones laterales, ideales para destruir ciertos asteroides y obtener metales entre sus restos, pero bastante inútiles para enfrentarnos a la gran mayoría de las naves alienígenas. Sin embargo, activar nuestro armamento (no disparar, sólo activar) puede causar reacciones en el adversario. Vale la pena experimentar cómo actúa cada raza al vernos alzar las armas, pese a que la mayoría de estas reacciones devendrán en ver al Daedalus-7 explotar en pedacitos. Vive y deja morir, ¿no? Y es así que llegamos al verdadero manchón de todo el juego: puede llegar a ser una experiencia muy frustrante y repetitiva.

Vamos por partes. Cuando el juego funciona lo hace muy, muy bien. Los viajes por la galaxia y las exploraciones en los planetas son experiencias divertidas, y por supuesto que los momentos narrativos son una lectura fantástica y atrapante. Pero luego empezamos a notar todas las pequeñas idiosincrasias de su estructura aleatoria. Podemos ir con cuidado y mantener la paz con una raza en particular, ganando poco a poco su confianza; pero un pequeño error más tarde y de repente somos los criminales más grandes de la galaxia ante sus ojos y no contamos con los medios para reparar alianzas perdidas. La generación procedural de sistemas solares tampoco es demasiado amigable, muchas veces colmando sus planetas con condiciones demasiado extremas para ser los primeros pasos en el viaje. El juego cuenta con tres niveles de dificultad, pero incluso en su Modo Historia (que minimiza los problemas y se enfoca más en la narrativa) los designios del azar suelen ser fatales; y pese a que contamos con la opción de "rebobinar" la partida luego de nuestra muerte (excepto en el Modo Rogue, donde hay perma-muerte), esto sólo implica que regresamos al último sistema visitado, y en la gran mayoría de los casos esa última instancia ya era irrecuperable.

Técnicamente, morir no da beneficios. A diferencias de otros juegos con características Roguelite, perder la partida no implica que nuestra siguiente sesión contará con alguna ventaja especial; llámese mejoras en nuestra nave, nuevos ítems, más habilidades para nuestros protagonistas o algo por el estilo. El único beneficio es que ahora somos un poquito más sabios en lo que respecta a lo que ocurre en la galaxia. Conocemos un poco más a las razas que recorren el vacío cósmico y sabremos hacerles frente de forma más eficiente en nuestra próxima aventura. Es una pena que, con el correr de las sesiones de juego, uno empiece a repetir misiones que ya vimos antes y situaciones que ya no nos son desconocidas. Allí es donde el juego va perdiendo su magia tan especial, esa hermosa sensación de estar recorriendo un universo desconocido, aprendiendo sus reglas particulares y conociendo a sus habitantes.

Y aún así... el concepto sigue siendo atrapante y una parte de nosotros quiere volver a probar, a ver si podemos llegar un poquito más lejos que en la partida anterior, o si esta vez, quizá con otros miembros en la tripulación y otro diseño de nave con diferentes características, podemos descubrir algunas cosas nuevas en las entrañas del Universo. Sentimos empatía tanto por el juego en general como por sus protagonistas, y realmente queremos realizar ese largo viaje a casa.

Es difícil recomendar este juego al público en general, aunque mi opinión es que todos deberían darle al menos una oportunidad. Hay suficientes elementos en su jugabilidad, y especialmente en su narrativa, para capturar la imaginación de muchos que quizá no sabían que podían llegar a gustar de este tipo de experiencias. Las primeras sesiones de juego pueden llegar a ser mágicas, aunque cometamos mil errores (o especialmente por haberlos cometido), y aunque sesiones posteriores irán perdiendo ese encanto, los ávidos exploradores espaciales siempre querrán ir un poquito más lejos... quizá ahora sabiendo de antemano las tácticas comerciales de los materialistas Glukkt, o respetando la ideología de los eternos Logos. Bien lo dice una de las frases icónicas del juego: "En la galaxia hay millones de mundos... pero sólo uno de ellos es nuestro hogar."


The Long Journey Home es una hermosa experiencia de exploración y supervivencia en el espacio. Posee suficientes elementos de jugabilidad y narrativa para capturar nuestra atención e imaginación, aunque lamentablemente también peca de algunos desperfectos en su estructura debido a ciertas decisiones aleatorias y notable repetición de elementos entre partidas de juego. Vale la pena darle una merecida oportunidad, pues las primeras sesiones suelen ser las mejores. De ahí en adelante dependerá específicamente de nuestros gustos particulares.