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Analisis | La última curda

ANÁLISIS: El Bar

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Por: Jessica Blady

El terror y el absurdo de la Madre Patria siempre son bienvenidos.

Álex de la Iglesia va y viene dentro de su estilo tan marcado con producciones más chiquitas y jugadas, y otras más imponentes para el mercado internacional, por esta vez deja los “monstruos” de lado para meterse con una criatura más salvaje e impredecible: el ser humano y su instinto de supervivencia. O sea, hasta donde somos capaces de llegar para salvar nuestro pellejo.

“El Bar” (2017) es españolísima, desde sus costumbres y personajes, una historia llena de suspenso y violencia que se cruza con el infaltable humor negro de su realizador. Estamos en el centro de Madrid, a media mañana, en un barcito repleto de transeúntes listos para la jornada laboral: oficinistas, vendedores, clientes ocasionales, otros conocidos hasta el hartazgo por la dueña, y algunos fuera de lugar que sólo hacen tiempo para luego seguir con sus cosas cotidianas.

Todo y todos se concentran ahí después de un primer gran plano secuencia que confluye en el pequeño establecimiento. Mientras afuera el mundo sigue girando de forma normal, adentro se charla, se discute, se rumorea, se bebe y se come, algunos utilizan el baño y otros juegan en las maquinitas de azar. Hasta que uno de esos oficinistas termina su café y sale rumbo al trabajo, pero una vez que atraviesa la puerta recibe un certero disparo que lo mata al instante.     

Afuera, la plaza parece desierta, sólo el cadáver que yace en la puerta del bar. Adentro, el miedo y el estupor se apoderan de la concurrencia, pero nadie tiene el valor para salir a ayudar. Finalmente, el barrendero sale a auxiliarlo y cae redondo de la misma forma, dejando su vida en la vereda.   

Todo es pánico y confusión dentro del bar. Las noticias no dicen nada al respecto, ya no hay señal en los celulares y la calle es un desierto. En el descuido, los dos cuerpos desaparecieron, pero comienzan las sospechas, ¿el verdadero peligro estará entre ellos?   

Álex de la Iglesia logra crear un sinfín de situaciones incómodas y misteriosas. De a poco, los personajes (y los espectadores) van acomodando las piezas, descubriendo que desató esta tragedia. Mientras tanto, todos dudan del que tienen al lado, suponiendo que el peligro no está tan lejos como quisieran. Así, “El Bar”, se vuelve una película de supervivencia y locura, donde cada personaje hará lo que sea para salir con vida de semejante situación.

De la Iglesia traslada la típica película de terror de “casa invadida” a un barcito de la ciudad, con todo lo que esto implica. Los personajes, arquetipos volubles más que estereotipos, se encuentran aislados sin estarlo concretamente, pero el realizador demuestra su punto: las consecuencias de la falta de información y el no saber, que generan el verdadero caos.

Desde ahí comienza una espiral si control de desconfianza y violencia desmedida que abarca a todos los personajes, incluso los más ingenuos y buenudos. “El Bar” habla de la verdadera naturaleza humana, la unión, la solidaridad, pero también de lo que ocurre cuando empiezan a quemar las papas.  


No estamos tan acostumbrados al cine de género español, pero esta es una gran propuesta con geniales actuaciones (Blanca Suárez, Mario Casas, Carmen Machi, Alejandro Awada, Jaime Ordóñez, entre otros) y situaciones que ponen nervioso a cualquiera. De la Iglesia concentra todo en un solo espacio, manejando la tensión con maestría, mucho drama y humor que, en otras manos menos habilidosas terminaría siendo algo grotesco y sin sentido.