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Ránking | Esto no es ganar

El rubro maldito: 10 víctimas del Martín Fierro a Revelación

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Por: Cecilia Bona

Historias de condecorados que, tras triunfar, sufrieron en carne propia el peso de la desgracia.

Cuando se declara que tal persona es yeta, aquel otro es piedra y que cuando entra ese hay que agarrar(se) lo del lado izquierdo (qué gran película es "La suerte está echada", che), uno está en presencia de un ser maldito que no podrá sacarse de encima jamás ese mote. 

Sin embargo a veces la maldición viene de arriba, escondida, disfrazada de premio, vestida de fiesta. Eso pasa con el rubro "Revelación" en los premios Martín Fierro que entrega la Asociación de Periodistas de la Televisión y la Radiofonía Argentinas (APTRA).

Después de un exhaustivo trabajo de investigación en el laboratorio de Malditos Nerds logramos desentrañar estas 10 historias. A algunos no los llamaron más después del logro, otros quedaron congelados en ese papel por décadas, a un tercer grupo lo alcanzó el suicidio o una fea enfermedad... 

Saquen sus propias conclusiones y nos las cuentan, por favor, en los comentarios. Buuuu.  

  • 10
    Fabián Polosecki
    Las historias tristes que les contaremos aquí empiezan por la menos esperanzadora de todas: la vida, la obra y la muerte del talentoso (y nunca comprendido) periodista Fabián Polosecki.

    “Polo” -como lo llamaban los amigos- estaba cansado de ver cómo los entrevistadores de TV entraban en las casas de los famosos y les preguntan cosas de la TV para que la nota saliera luego… en la TV. O en la revista Teleclick, donde escribió en la sección Espectáculos hasta que lo despidieron 29 días después. Para este joven nacido en Buenos Aires, la punta del iceberg de la sociedad era la farándula y debajo del agua se escondía el bloque de hielo mil veces más grande: el resto de la sociedad. Ahí fue Polo a poner el foco.

    En 1994 consiguió la conducción de un ciclo en ATC (hoy TV Pública) que se llamó “El otro lado”. La iluminación, la posición de las cámaras y las temáticas del programa obedecían a la impronta de Polo. La intención estaba puesta en enfocar a gente desconocida y relatar sus realidades desde la cercanía, casi con amor. Lo novedoso llamó la atención de APTRA que le otorgó enseguida el premio Revelación y lo maldijo para siempre. Llegarían más Martín(es) Fierro(s) y hasta otro programa periodístico llamado “El visitante" que se movía en los mismos andariveles que el primero.

    Pero Polosecki ya tenía encendido su tic-tac de la desgracia. En 1996 –en medio de una crisis con ATC, una pelea con su equipo y un infierno interior al que le había sumado el fuego de los marginales entrevistados que había conocido- se tiró debajo de un tren y le puso fin a su vida. Tenía apenas 32 años.
  • 9
    Claudio Quinteros
    Cuando “Resistiré” -telenovela de éxito memorable que se instaló en 2003 en la pantalla de Telefe y atravesó los corazones de medio mundo- bajó el telón, todos sabían lo que iba a pasar. Cada uno de los actores vistos allí tendrían una carrera envidiable… “¡si les había ido tan bien!” (leer con voz de espera en la peluquería). Sin embargo esto no fue así para Claudio Quinteros.

    Quinteros había logrado quedar en el papel de Andrés Panini, el cómplice del recontra malo Mauricio Dobal (Fabián Vena). Hasta el momento, su carrera actoral había estado relacionada a roles más bien pequeños, pero los guiones de Panini destacaron su talento y así fue como recibió los premios Martín Fierro y Clarín en la categoría Revelación. Zas. Adiós proyección.

    Para ser sinceros, el treintañero Quinteros continuó trabajando, pero nunca más sería convocado para grandes personajes. Hizo otras tiras, cine y teatro y hasta fundó su propia sala, “El Brío”. “Claudio fue un muy buen actor, y sin embargo no fue bien tratado. No se vendió y 'chau', se tuvo que retirar", contó tiempo después la actriz Tina Serrano, partenaire del muchacho en “Resistiré”.

    En octubre de 2013 y tras padecer una difícil enfermedad, Quinteros falleció a los 43 años.
  • 8
    Diego Alonso
    No, no le dicen “el Pollo”. Sepamos separar la vida real de la ficción, por favor. Sí, sí, ya sabemos que interpretó a un usurpador de viviendas, a un ladrón, a un dealer, de nuevo a un ladrón, a un villero, a un preso y a un violento. Pero aunque te parezca que siempre hace del mismo tipo, la maldición de Diego Alonso fue la de dar bien con el perfil del pibe border, un saco tan apretado que empezó a vestir en el 2000.

    Solamente 11 episodios duró “Okupas”, la serie que quebró la pantalla chica argentina 17 años atrás. Producida por Ideas del Sur (que además de bailar por un sueño supo ser capaz de este tipo de joyas), la tira contaba la historia de Ricardo (Rodrigo de la Serna), un joven que abandonaba su vida cómoda, se instalaba en un viejo caserón y, de manera accidental, conocía a un grupo de chicos marginales (entre ellos al Pollo) que terminarían siendo su familia. A pesar de sus actitudes y su desprecio manifiesto, el Pollo encantó al público. Y a APTRA, que lo premió con un Martín Fierro Revelación. Y a directores, productores y guionistas que lo encasillaron por muchísimos años en papeles por el estilo.

    “Normalmente esperan que yo sea el Pollo. Si ahora vamos a un bar y me pido un té con limón, vos vas a decir: ‘Este me quiere vender que toma té con limón’. Porque vos estabas esperando que me tome una cerveza. Porque vos viniste a ver al Pollo. Y el Pollo hoy no vino, ni va a venir. (…) Es un personaje y los personajes en la tele son finitos: tienen un comienzo y un final. Ese personaje se murió ahí”, cortó El Po… digo Alonso en 2013 en una entrevista en la que querían saber más sobre aquel papel.

    Después de “Okupas”, Diego hizo “099 Central”, “La Liga”, “Cárceles”, “Tumberos”, “Crónica de una Fuga” y “Sos mi hombre”. En 2016 hizo de marido violento de Nancy Dupláa en la serie “La Leona”, el karma que sigue repitiéndose 16 años después. Entre ensayo y pantalla, también hace muebles, tiene un emprendimiento hotelero en el sur y plantaciones de frutas. Claro, la maldición se estira a través del mundillo actoral, pero deja que en tu vida te vaya (un poco) bien.
  • 7
    Lola Berthet
    Si en el 2002 eras adolescente o joven, sabías que la hora de la cena era para Canal 13. Plagada de estereotipos, pero contada con humor disparatado, la serie “Son Amores” de Polka arrasaba con el favoritismo televisivo. APTRA no fue ajena a esa realidad y se encargó de nominarla y premiarla como quien reparte cartas marcadas a un cómplice: le dio todo. La actriz Lola Berthet fue una de las distinguidas en el rubro Revelación por su papel como la mucama Rita. ¿Una buena noticia?

    Para Berthet, Rita era “un personaje que no tenía diálogo, ni familia, hasta que empezó a hablar y hasta tuvo novio y una hermana que llegó de España” interpretada por ella misma. La plasticidad de su rostro, su particular voz, su simpatía y su intensidad hicieron de la actriz secundaria un personaje que todos querían ver aparecer: era el alivio cómico de una telenovela cómica. Un logro. Un hallazgo.

    Sin embargo, al terminar la primera temporada de “Son Amores” Berthet se arriesgó a partir y probar nuevos proyectos. En 2003 participó de “Costumbres argentinas” (Telefe) donde hacía Sandra, una adolescente de 14 años. Luego, fue la joven cantante Hilda en Los Roldán hasta que decidió abandonar la masividad de la TV y orientar su carrera al cine. En la actualidad, desconfía de la popularidad y apuesta a la autogestión y a la enseñanza. “Está bueno empezar desde la docencia a cambiar ese mensaje: buscar el éxito pero no la fama, que son dos cosas totalmente diferentes”, resaltó en una entrevista. Le creemos.
  • 6
    Daniela Fernández
    A mediados de los ’90 un eterno emprendedor televisivo como Nicolás Repetto se consolidaba en la pantalla chica como conductor de entretenimientos. “Nico”, el programa que encabezó en 1994 en Telefe contaba con la participación de una tribuna y un móvil en la calle. ¿Se acuerdan de la movilera? APTRA también se acordó cuando lo dio el premio Revelación a Daniela Fernández e hizo descender sobre ella la tormenta maldita.

    Daniela era por demás simpática, algo gritona, se sobreponía con soltura a situaciones hilarantes y coordinaba los juegos al aire libre que televisaba el programa. Sus comienzos habían sido como bailarina en “Fax” el proyecto anterior de Repetto. “El móvil de Nico nos superó a todos. (…) Teníamos 8 mil o 10 mil personas. (…) Una locura”, recordó más de 10 años después.

    Su carrera siguió en “Patas para arriba”, un proyecto de Canal 13 que la tuvo en el rol de la anfitriona, pero que no logró conquistar al público y fue levantado. Aunque Daniela reconoce que su profesión está más cerca del baile que de la TV, hizo que su nombre quedara danzando en la boca de productores y directores, hasta pasar finalmente a un segundo plano. “Me gustaría volver con un lindo programa. Parece que la tele está volviendo al entretenimiento y capaz que ahí podría encontrar otra vez un lugar”, resumió en 2009. Su deseo no fue una orden y nada sucedió.

    En la actualidad se la puede ver como conductora del noticiero dominical de Canal 26 y el verano de 2017 debutó en CrónicaTV con “Estalló el verano”. Además, se desempeña como coreógrafa.
  • 5
    Horacio Fontova
    “Antes, cuando no era famoso era ‘salí, negro de porquería’. Y ahora ‘Fontova, qué lindo, Paul Newman”, ironizaba Horacio Fontova en 1996 cuando había decidido alejarse del programa que lo había puesto en todos los televisores argentinos, el humorístico “Peor es nada” de Jorge Guinzburg.

    Los fatídicos años ’90 habían empezado con una estatuilla Revelación para el “Negro” de bigotes enrulados hacia arriba. APTRA no podía saber que con ese reconocimiento trabaría la puerta de la TV al actor, compositor, escritor y cantante. Su talento le permitiría tomar las valijas y soltar amarras más de una vez en diversos escenarios, pero sus deseos de volver a la pantalla chica se fueron acotando hasta obligarlo a ejercer su profesión en el resto de los lugares posibles.

    “Quiero hacer un poco mi camino. (…) Ya volverá aquel día en que la vieja pareja se reunirá y por qué no el gran regreso de ‘Peor es nada’”, contestó en aquella nota de 1996 a propósito del distanciamiento que habían decidido con su amigo Guinzburg. Nunca hubo tal retorno.
  • 4
    Ana Acosta
    Dice que en su carrera tuvo “mucho culo”. Si la analizamos con detalle, parecerá que sí, que su camino estaba marcado con estrellitas tipo las del Mario Bross. Estudió actuación aunque su primera opción había sido Psicología, fundió varios negocios familiares e hizo teatro en los ‘90 justo con la novia de Horacio Fontova. El tipo concurrió a ver a su amada (Claudia Fontán) y se fue conquistado por el talento de Acosta. A Jorge Guinzburg también le gustó y terminó trabajando en “Peor es nada”. Ay, APTRA, qué hubiera pasado si no le clavabas un premio Revelación en 1991…

    A decir verdad, la versátil y gestual Ana Acosta tuvo una carrerita algo marginal en TV, pero la exclusión de la pantalla chica impulsó su carrera teatral. “La explicación es que cuando te dedicás al teatro no aparecés en la televisión y parece que no estuvieras trabajando. La gente de teatro sabe que no paré de trabajar. Tengo 40 obras hechas, eso implica mucho tiempo. Yo desaparecí de la tele cuando se terminaron los programas de humor”, argumentó este año entrevistada por Clarín a propósito de su espectáculo “Menopausia show”.

    Además, está de vuelta en sus orígenes. No, no. La tele no. Tiene un negocio de indumentaria y carteras en Once: “Ana Acosta Modas”.
  • 3
    Salvador “Toti” Ciliberto
    Camiseta blanca y un gesto inolvidable en la voz. Así era Riquelme, el personaje que Salvador “Toti” Ciliberto creó para el viejo Videomatch. El talento del “Toti” cabía perfectamente en el contexto tinellesco de aquellos años ’90, donde se bailaba poco y se hacían muchos sketchs humorísticos.

    Tanta capacidad merecía premio. Así lo entendió APTRA, encantada de poder distinguir en 1996 lo que entendieron como Revelación. Allá fue el Martín Fierro a Ciliberto y con él la maldición que sólo conoce esta terna. Toti jamás pudo salir del encasillamiento en el que lo había instalado Videomatch y cada vez que aparece en otro programa, el televidente hace un link directo hacia aquel pasado.

    En 2008, cuando en el ciclo se bailaba mucho y se reía poco, lo echaron y “Toti” criticó las formas y el fondo. “Todo se hizo de una manera muy desprolija: a mi me hicieron público que quedaba fuera del programa comenzado el segundo trimestre”, reveló. Aunque también calmó las aguas: "Tendré mi momento de bronca y supongo que después se me pasará".

    Lejos de las peligrosas pantallas, Ciliberto adelgazó, se tomó el tiempo para estar con su familia y retornó a una agenda de hombre común. ¿Tristeza o alivio? ¿Le agradecemos a APTRA o no?
  • 2
    Jorge Schubert
    ¿Qué tienen en común los actores Jorge Schubert, Alejandro Urdapilleta (ya fallecido) y Alfredo Casero? Respuesta correcta: los tres estuvieron nominados en el rubro Revelación en los premios Martín Fierro de 1992. ¿Qué los diferencia? Que Urdapilleta y Casero, los aquella vez perdedores, tuvieron una carrera abundante mientras que el ganador se fue silbando bajito.

    Somos malos, sí. Pero también lo es APTRA, no la dejemos afuera. Schubert venía de sorprender en la enredada novela “Zona de riesgo”, protagonizada por Rodolfo Ranni y Gerardo Romano. “El Martín Fierro cerró un ciclo, y empezó otro. Yo en su momento no estaba enterado de ninguno de los dos”, se sinceró el actor que había sido galán y conquistador de plateas femeninas y se mantuvo en pantalla en papeles menores hasta 2005.

    Alejado completamente del medio artístico (lo último que hizo fue teatro en 2007), Schubert se dedica a escribir libros que responden las preguntas existenciales de la vida. (¿Tendrá uno sobre ‘cómo ganar el Revelación’ y no perderse en el intento?).
  • 1
    Marcelo Marcote
    Uno de los primeros actores de la historia argentina en recibir el premio Martín Fierro Revelación fue el pequeño Marcelo Marcote quien a principios de los ’70 sorprendió en tiras como “Rolando Rivas, taxista” y “Los chicos crecen”. A Marcelo no le quedaba otra que crecer, es cierto, pero sólo lo hizo con su edad. A los 17 años abandonó la pantalla para estudiar Medicina.

    “No volvería a la actuación porque ya tengo mi vocación y hay muchos actores buenos en el país. Fue una época linda cuando fui actor y me ayudó a crecer pero es una etapa de mi vida que cerré", explicó el hombre que se dedicó a la pediatría y hoy cura a los más pequeños en el Hospital Perón de Avellaneda.

    Para verlo, habrá que conformarse con viejas cintas de Canal 13, alguna publicidad gráfica de dulce de leche, fotos en blanco y negro que los coleccionistas se empeñan en mostrar, o en este baile youtubesco cuando estaba a un paso de dedicarse a otra cosa:

1. Fabián Polosecki

Las historias tristes que les contaremos aquí empiezan por la menos esperanzadora de todas: la vida, la obra y la muerte del talentoso (y nunca comprendido) periodista Fabián Polosecki. “Polo” -como lo llamaban los amigos- estaba cansado de ver cómo los entrevistadores de TV entraban en las casas de los famosos y les preguntan cosas de la TV para que la nota saliera luego… en la TV. O en la revista Teleclick, donde escribió en la sección Espectáculos hasta que lo despidieron 29 días después. Para este joven nacido en Buenos Aires, la punta del iceberg de la sociedad era la farándula y debajo del agua se escondía el bloque de hielo mil veces más grande: el resto de la sociedad. Ahí fue Polo a poner el foco. En 1994 consiguió la conducción de un ciclo en ATC (hoy TV Pública) que se llamó “El otro lado”. La iluminación, la posición de las cámaras y las temáticas del programa obedecían a la impronta de Polo. La intención estaba puesta en enfocar a gente desconocida y relatar sus realidades desde la cercanía, casi con amor. Lo novedoso llamó la atención de APTRA que le otorgó enseguida el premio Revelación y lo maldijo para siempre. Llegarían más Martín(es) Fierro(s) y hasta otro programa periodístico llamado “El visitante" que se movía en los mismos andariveles que el primero. Pero Polosecki ya tenía encendido su tic-tac de la desgracia. En 1996 –en medio de una crisis con ATC, una pelea con su equipo y un infierno interior al que le había sumado el fuego de los marginales entrevistados que había conocido- se tiró debajo de un tren y le puso fin a su vida. Tenía apenas 32 años.
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