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Editoriales | Palpitando la E3

El mundo es redondo y de Nintendo

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Por: Victor Gueller

Tags: Nintendo
Una breve crónica sobre mi reciente visita al paraíso nintendero de Nueva York.

Mi lugar favorito en Nueva York es el parque Bryant, un espacio diminuto si lo comparamos con el muchísimo más popular Central Park, pero que sin embargo no necesita más que una manzana para brillar con luz propia en medio del caos constante que es esta ciudad que, según dicen, nunca duerme.

En los pocos días que he pasado aquí caminé un promedio de cinco horas diarias, algo que mis gemelos terminarán agradeciendo a largo plazo pero que mis pies y mis zapatillas lamentan furiosamente. Caminar me permitió descubrir, por ejemplo, el templo budista que descansa en el barrio chino, el bar que inspiró a los creadores de How I Met Your Mother para dar vida a su MacLaren’s y también un par de antros de esos que los nerds tanto amamos.

En Barcade pude volver a disfrutar de los juegos de mi niñez, a pocos pasos conseguí el título que me faltaba para completar la trilogía original de Ace Attorney y unos metros más adelante me sorprendí con una banda de hombres mayores que homenajeaba a los Rolling Stones con precisión, ritmo y una onda que jamás podré igualar, pese a contar con la mitad de años que cada uno de ellos.

Todos estos lugares fueron nuevos para mí, no obstante, mi diario de viaje contemplaba visitar prioritariamente Nintendo NY, el enorme local de dos pisos que los fundamentalistas de la gran N no dudarían en emparentar con un paraíso en la Tierra. Allí, niños y adultos confluyen en una misma pasión compartida, edulcorada con el inconfundible aroma ñoño de la compañía nipona.

Quienes desean adquirir los últimos lanzamientos de Nintendo, obviamente pueden hacerlo. Aquellos que buscan su flamante Switch, también la encontrarán ahí. Sin embargo, lo más llamativo de este sitio, emplazado a media cuadra del Rockefeller Center, es el merchandising. Decenas de diseños inspirados en los personajes más emblemáticos de la empresa descansan en remeras de todos los colores; peluches de Animal Crossing, Super Mario y sus amigos, Donkey Kong y, claro, Pokemon, reciben a la concurrencia con su irresistible sonrisa de felpa y una misma instrucción: preparen sus billeteras, porque poco quedarán de ellas una vez que atraviesen esta puerta.

En el segundo piso, una pantalla gigante recibe a los visitantes dispuestos a enfrentarse en feroces competencias de Mario Kart 8 Deluxe. También es posible probar la consola en monitores más pequeños, uno de los cuales me permitió retroceder en el tiempo y dejarme absorber por la versión definitiva de Street Fighter 2, uno de los títulos que marcó a fuego mi historia como jugador.

No pude resistirme a comprar algunas chucherías de esas que no necesito. Cuando llegué a la caja, la vendedora me saludó con una efusiva sonrisa y me preguntó de dónde era. Al responderle, quise saber si tanto se me notaba que era un turista. Ella respondió negativamente, aunque mucho no le creí. Para que puedan imaginar un poco el aire que se respira en Nintendo NY, basta con decir que los empleados que se pasean por las instalaciones no se acercan a incomodar a los clientes para ayudarlos con sus compras, sino que simplemente preguntan “¿cómo estás?” y siguen su camino, algo que yo también hice, con una bolsa verde y blanca adornada con el alegre rostro de Luigi.

Apenas me quedan unas horas en Nueva York, que espero aprovechar tanto como he hecho hasta ahora. Allá lejos, en el horizonte, me espera la E3.