Publicado el

Analisis | Las armas no las carga el Diablo

ANÁLISIS: American Gods S01E06: A Murder of Gods (Spoilers)

Volver a la home

Por: Jessica Blady

Un capítulo que deja planteos muy interesantes, más allá de la esta fantasía plagada de dioses.

Qué capitulito controvertido el de esta semana, ¿no? Tan en tono con la política de Donald Trump, y la glorificación de la violencia que tanto celebran los yanquis… bah, y el resto del mundo. “A Murder of Gods”, dirigido nuevamente por Adam Kane, arranca con un prólogo perturbador sobre los inmigrantes ilegales que hacen lo que sea para llegar a Estados Unidos desde el vecino país azteca. Claro que no podía faltar un Jesús mexicano con toda su connotación religiosa y su sacrificio, ese de “morir por nuestros pecados”.

El episodio gira en torno a dos temas muy puntuales que se cruzan sin remedio: las creencias (y cómo surgen), y la violencia justificada. ¿Quién carga las armas? ¿El Diablo como se dice, o los dioses necesitados de sacrificios constantes para mantener cierto poderío sobre el mundo terrenal?

Por ahí viene el planteo de Vulcan (Corbin Bernsen) –un personaje creado especialmente para la serie-, que no tuvo miedo de adaptarse y fusionarse con los nuevos dioses, y ahora se “alimenta” de cada disparo perpetrado por el hombre. Como muchas deidades necesita de sacrificios, acá disfrazados de “accidentes”, el derecho a portar armas y el “America fuck yeah” de esos ciudadanos comprometidos y dispuestos a defender su tierra, cueste lo que cueste, que existen tanto en la realidad de pueblitos como Vulcan (Virginia), o en la ficción de las pantallas a las que estamos expuestos día a día. Individuos que ruborizarían al mismísimo Michael Moore, aunque se escudan en sus convicciones de la misma forma que lo hacen los hombres de buena voluntad. ¿Quién los puede culpar?

“A Murder of Gods” no hace diferenciación entre buenos y malos, sólo puntos de vista que, como dijimos, tienen sus justificaciones más allá de que nos gusten o no. “American Gods” habla de una fábula, de dioses antiguos y nuevos, pero sus temas son tan actuales y debatibles que podríamos pasarnos horas discutiendo sobre ellos.  

En el medio de todo esto sigue estando Shadow Moon, un escéptico que, poco a poco, está empezando a “creer”, más que nada para darle un poco de sentido a lo que pasa a su alrededor y, sobre todo, al retorno de Laura, su esposa fallecida y nuevo obstáculo de su cruzada junto al señor Wednesday. Siempre nos preguntamos que vino primero, ¿el huevo o la gallina? Con los dioses no es tan diferente como bien lo plantea Odín -o algunos de los prólogos que ya vimos en episodios anteriores-, ¿primero llegó la deidad o la gente que creyó en ellos? Moon está comenzando a transitar por ese camino, pero todavía no se cuestiona las cosas y es en ese punto donde se construye el verdadero creyente. Tal vez ya no sea tan importante (por el momento), ahora lo que vale es la supervivencia y el precio que deberán pagar por ella.

Mientras la dupla sigue en su misión de reclutar aliados para la guerra que se avecina, Laura decide seguir su propio camino en vez de intentar reconectar con su esposo. Pensando que la dejó atrás, une fuerzas a regañadientes con Mad Sweeney (Pablo Schreiber) y se dirige rumbo a casa, una vez más, con la intención de cerrar esa etapa de su vida que va más allá de lo terrenal. Salim (Omid Abtahi) se suma en esta travesía en busca de su Genio (Jinn), esa otra mitad que ahora lo conforma y que le otorga identidad.

En “American Gods” todos tienen sus creencias o están en busca de ellas. Lo mismo se aplica a sus propósitos, sobre todo en el caso de Shadow y de Laura, los “mortales” atrapados en este enfrentamiento de dioses egoístas que ya no pueden (ni quieren) dar sin recibir algo a cambio. Deidades inspiradas por el miedo que se agarran de estos temores para complicar un poco más las cosas.