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Analisis | Sola contra el mundo

ANÁLISIS: Mujer Maravilla

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Por: Jessica Blady

La primera heroína comiquera se ganó su película en solitario y deja mal parados a sus compañeros con tanta aventura y encanto.

Vivimos tiempos complicados y turbulentos, ¿será por eso que el cine nos devuelve superhéroes demasiado conflictivos? Desde hace un tiempo los vemos peleándose entre sí, con sus propios fantasmas o contra el sistema, olvidando un poquito su propósito de “justicieros”. Los superhéroes de hoy en día, reflejos modernos del héroe mitológico lleno de virtudes, perdieron un tanto su esencia, reemplazada por un poco (bastante) de cinismo. 

Ojo, no nos estamos quejando, pero Patty Jenkins decidió ir por otro camino y exaltar la figura de su heroína, que si bien no carece de conflictos, sabe como abrazarlos y volvernos a recordar –a pesar de que su visión pueda parecer un tanto ingenua para el siglo XXI- que hay futuro para una humanidad que se empecina constantemente en destruirse a sí misma, pero todavía vale la pena salvar.

“Mujer Maravilla” (Wonder Woman, 2017) hace bastante hincapié en estos temas, aunque no como moralina impuesta, sino como desprendimiento de los valores (y postura) de sus protagonistas. La violencia en el mundo le queda demasiado actual, más allá de tomar a la Primera Guerra Mundial como escenario principal; y entre chistes y aventura nos invita también a reflexionar en nuestras propias capacidades como raza para destruir y crear con la misma intensidad. 

Todo esto puede sonar un tanto naive, pero tal vez necesitamos un poco de esta esperanza que enarbola Diana (Gal Gadot), una princesa amazona, cuya tarea autoimpuesta es despojar a la humanidad del yugo de la violencia, sin entender que no toda la culpa es de un villano que se encuentra por encima de todas las cosas, sino del libre albedrío del que gozamos los seres humanos.

Al personaje de William Marston le costó más de 75 años llegar a la pantalla grande y no podría haberlo hecho en el mejor de los momentos. Para muchos, el género superheroico está cayendo en la fatiga, y lo bueno de “Mujer Maravilla” es que viene a sacudir un poco las cosas, tal vez no desde su temática, su estética o sus personajes per se (aunque nunca vimos algo así en pantalla), sino desde su conjunto: una aventura hecha y derecha, con tintes de film bélico y un sentido del humor casi perfecto, que se desprende del constante choque cultural entre Diana y el resto del mundo. El equilibrio que logra la directora y los guionistas entre estos momentos cómicos (algunos MUY cómicos) y los más emotivos, terminan dándole forma a los protagonistas y a una historia que, tal vez en otras manos, no funcionaría.  

“Mujer Maravilla” es una historia de origen, por eso arranca en Temiscira, una isla paradisíaca escondida del mundo y plagada de amazonas que, si bien viven tiempos de paz, siempre entrenan y se preparan para la lucha. La pequeña Diana sueña con ser una de ellas, pero mamá Hippolyta (Connie Nielsen), la reina, es demasiado sobreprotectora de su retoño. No así, su tía la general Antiope (Robin Wright), quien entiende que la paz no es para siempre, y hay que estar bien preparados. Entre estas dos mujeres poderosas, y otras tantas, la princesa crece para convertirse en una guerrera sobresaliente, sabiendo que Ares (dios de la guerra) fue derrotado hace muchísimo tiempo, pero su regreso sólo puede provocar un caos y destrucción inimaginable.  

El mundo de Diana se sacude para siempre con la llegada de un visitante inesperado. Steve Trevor (Chris Pine) se estrella en la isla y trae consigo un poco de la guerra que se está llevando a cabo en Europa y más allá. Tras salvarle la vida, y repeler a los invasores, la amazona entiende su verdadero propósito en el mundo y, suponiendo que Ares está detrás de todo esto, decide acompañar al soldado de regreso al frente de batalla para ponerle fin a la contienda. 

Sí, esto puede sonar bastante extraño e inverosímil, pero es el punto de vista de Diana, una guerrera idealista que todavía no entiende el verdadero alcance de los horrores de la guerra y el sufrimiento de la humanidad. En algún punto se va a dar de lleno contra la pared y todos sus esfuerzos, tal vez, ya no valgan la pena.

“Mujer Maravilla” se mueve entre cierto realismo histórico –estamos en 1918, a finales de la guerra, donde Inglaterra y Alemania buscan firmar un armisticio para ponerle fin a la contienda-, y mucha fantasía, o sea, tenemos una amazona paseándose por Londres con escudo y espada en mano, mientras el general Erich Ludendorff (Danny Huston) no ve con buenos ojos el fin del conflicto y tiene su propia agenda con la colaboración de la doctora Maru (Elena Anaya), quien está desarrollando un arma bastante mortífera. Es la misión de Steve, y por ende la de Diana, infiltrarse en las líneas enemigas y destruir los planes de este dúo maquiavélico.

El espíritu aventurero de “Mujer Maravilla” enseguida remite un poco al mejor Indiana Jones. Acá no hay secreto, sino mucho homenaje, ya que Jenkins se inspiró en el arqueólogo, y en el Superman (1978) de Richard Donner, para crear su propia historia superheroica muy a tono con los tiempos que corren. 

La relación Diana/Steve, así como la química entre Gadot y Pine, es el alma de este relato. Una “pareja” que se complementa a la perfección y puede entregarnos momentos hilarantes como emotivos, con absoluta naturalidad sin forzar la narración o necesidad de golpes bajos. Jenkins le apuesta todo a su protagonista femenina y todos salimos ganando con Gal, un personaje que mezcla ingenuidad (incauta sí, boluda no), carisma y heroína de acción patea traseros, un modelo que cada vez inunda más las pantallas y pone nerviosos (e indigna) a los “machos” defensores de la testosterona (pueden chequear las reacciones de “Mad Max: Furia en el Camino”, “Ghostbusters” o las funciones “para mujeres” del Alamo Drafthouse, para tener un mejor contexto).      

¿Qué tan “feminista” es esta versión de Wonder Woman? En realidad, son sólo puntos de vista. La Diana de Gadot no distingue entre géneros, ni entiende de roles “asignados por la sociedad” a mujeres y hombres cien años atrás. Jenkins no responde a ninguna agenda política del momento, sino que trata a su protagonista de la misma manera que lo haría con cualquier superhéroe, con la única salvedad de que estamos ante una superheroína sin pudores, miedos o limitaciones por su condición femenina. Sí, hay varios chistes al respecto, pero también hay muchas verdades entre líneas.

La Londres de 1918 le resulta tan extraña como fascinante, muy diferente a su lugar natal poblado de mujeres poderosas que no le rinden cuentas a nadie. Temiscira es un festín para los ojos del espectador, un paraíso sobre la Tierra, inspiradísimo por la mitología griega, que contrasta desde todos sus aspectos con la ciudad británica y alrededores. La directora prefiere los escenarios naturales, pero no puede evitar la pantalla verde y el CGI, al fin y al cabo, estamos ante una película superheroica, donde sus protagonistas deben realizar proezas que, muchas veces, sólo pueden ser posibles en las páginas del cómic.

Así y todo, Jenkins –con su nula experiencia en este tipo de producciones millonarias- se las ingenia para brindarnos unas geniales secuencias de súper acción (posta que dan ganas de pelar espada y escudo, y salir a la calle a pelearse con alguien). Tal vez abuse un poquito de ciertos recursos visuales, pero este es el estilo que decidió implementar y hay que respetarlo. La realizadora sabe como llevar el ritmo por más de dos horas de película sin decaer, mechar con humor, un poquito de romance que no molesta para nada y mucho, pero mucho sentimiento y carisma, cortesía de su protagonista.    

Las cosas se salen un poquito de control en el final, pero logra encausar cierta desprolijidad narrativa que, ante ojos menos analíticos, pasa tranquilamente desapercibida. Es más, olviden este detalle que, al igual que algunos efectos especiales, deslucen una historia casi perfecta; pero tengamos en cuenta que a pesar de la libertad creativa, Patty no contó con el mismo presupuesto astronómico que algunos de sus compañeros masculinos.

Pequeños detalles que no arruinan una gran experiencia cinematográfica con una genial puesta en escena, mucha diversidad bien entendida, personajes muy bien delineados (divina la Etta Candy de Lucy Davis, mucho más que una secretaria), villanos de temer y una historia aventurera llena de alma y corazón (aunque suene un tanto cursi), cortesía de una dupla (Gadot y Pine) hecha a la medida.


“Mujer Maravilla” cumple con todas las expectativas y muchísimo más. Llega cuando la industria más la necesita (y un público que quiere verse reflejado en cada uno de los géneros), demostrando que podemos disfrutar de héroes sin conflictos que le hacen honor a su esencia, y que no hay ningún inconveniente en que estos héroes anden por ahí en pollerita. La acción no es exclusiva de los hombres y Diana termina derribando esta barrera a puro puño, pero también con un mensaje (tal vez) un tanto ingenuo para los tiempos que corren, pero uno que necesitamos recordar cada vez que pensamos que la humanidad se está yendo al cuerno. Ojalá vengan muchas más.