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ANÁLISIS: Sense8 (Segunda Temporada)

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Por: Florencia Orsetti

Tags: Sense8
No hay series como Sense8 y la segunda temporada lo deja más en claro que nunca

La primera temporada de Sense8 fue un tanto caótica. Ni los ocho protagonistas ni nosotros entendíamos mucho cómo venia la mano, pero logró que sintiésemos algo distinto, como si fuésemos un adolescente con las hormonas revolucionadas. La mayoría de las escenas eran una catarata de color, intimidad y sentimientos que se dedicaban a explorar quién era cada sensate. Esta introspección llegaba a sus puntos más altos en momentos casi epifánicos, en los que cada uno de ellos protagonizaba un mini-musical. La serie ganaba por su estilo fílmico, que lograba conjugar a todo su coro de personajes en escenas arrolladoras y sensibles. Para esta segunda temporada, la propuesta sigue por ese lado, pero le da un rol primordial a la mitología y al misterio que apenas habían asomado en la primera parte.

La segunda temporada inicia con un especial de navidad de dos horas que se estrenó durante las fiestas y que sirvió como antesala para ir calmar un poco las expectativas. Dicho especial –del que pueden leer en detalle acá– es lo más Sense8 que existe: escenas muy melodramáticas, un puñado de diálogos que expresan dolores existenciales y orgias telequinéticas tan candentes como delicadas. El resto de los episodios diverge un poco de ese núcleo sensible y comienza a mover las fichas sobre el tablero. Los sensate están en peligro y ya va siendo hora de que hagan algo para zafarse, más allá de drogarse y vivir escondidos.

Lilly Wachowski se tomó vacaciones y Lana se encargó de dirigir todos los capítulos de esta nueva temporada. Sabemos que a las Wachowski se les dan más que bien las escenas de acción y ahora Sense8 hace gala de combates, explosiones y persecuciones como nunca antes, especialmente en la subtrama de Sun (Doona Bae) quien, libre de prisión, decide hacer justicia por mano propia y termina involucrada en varios despliegues de artes marciales con coreografías hipnóticas.

La edición cinematográfica es la clave en Sense8 y en la segunda temporada esto se ve mejor que nunca. De ahí que las transiciones de un punto del globo a otro en segundos sean tan amenas y que tengan todo el sentido del mundo las decenas de escenas en las que un sensate habita el cuerpo del otro. El esplendor fotográfico con el que nos presentan lugares como Bombay, Nairobi o Sao Paulo, por ejemplo, convierte a los escenarios en una experiencia también. Hay momentos de cámara para apreciar paisajes y costumbres, como también otros para vivir acción vertiginosa y es ahí justo donde se nota la mano hábil de Lana. No cualquier director podría orquestar un todo tan homogéneo con componentes tan dispares. Sense8 en la mano de otro director podría ser bien una ensalada o algo más experimental como lo fue la primera parte.

El motor de la segunda temporada es la carrera contra Whispers (Terrence Mann), cuya amenaza es más clara ahora. Asimismo, comenzamos a entender un poco más que son los sensate gracias a la búsqueda intelectual de Nomi (Jamie Clayton) y Amanita (Freema Agyeman); Will (Brian J. Smith) y Riley (Tuppence Middleton) siguen en fuga. Los cuatro personajes restantes Wolfgang (Max Riemelt), Kala (Tina Desai), Van Damme (Toby Onwumere) y Lito (Miguel Ángel Silvestre) tienen mambos más personales que resolver y se aportan su grano a la mitología recién en la segunda parte de la temporada. Algo similar pasa con Sun que, como ya mencioné, está muy inmiscuida en lograr que su hermano cobre su merecido.

Un punto obligado a tocar es el remplazo de Aml Ameen, actor que brilló en su interpretación como Capheus en la primera temporada. Ahora el turno es de Toby Onwumere, quien consigue un papel estupendo y, debido a que la segunda temporada le da un papel más crucial a Capheus, terminamos amándolo por completo.

Suele decirse que “menos es más”, pero en el caso de Sense8, la técnica funciona con un “más es más” –bien coordinados, más personajes implican más historias, más sentimientos, más acción y más misterio. El mayor logro de esta temporada es darle sentido a tener ocho protagonistas, sobre todo porque ahora se consigue darle la parte que se merece a cada uno, en cada episodio. Los que habían quedado un poco ninguneados en la primera, reducidos a ser parte de un cluster, ahora se reivindican. Asimismo, la trama se banca que se sumen más sensates y que personajes como Bug (Michael X. Sommers) ahora tengan el peso de Amanita o Hernando (Alfonso Herrera).

En la segunda temporada, Sense8 se decantó más por la búsqueda ontológica de lo que es ser un sensate y nos atrapó con un trasfondo y mitología que avanzan, pero que, desgraciadamente, quedaron abiertos para una tercera parte. Más que nunca, necesitamos una nueva temporada que, probablemente, termine llegando en unos dos años debido al trabajo titánico de producción que manejan sus creativos. Los fans la vamos a esperar con ansias, tarde lo que tarde en llegar, porque sabemos que no existe nada como Sense8 –no hay serie tan épica e intimista en la TV actual. La fórmula es única.