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Analisis | Bichos guerreros

ANÁLISIS: Hollow Knight

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Por: Maximiliano Baldo

Un nuevo Metroidvania nos invita a explorar su hermoso, enorme y peligroso mundo subterráneo

Un misterioso personaje ha arribado a Dirtmouth. Pequeño y silencioso, oculta su rostro tras una máscara y la oscuridad en sus ojos no denota sentimiento alguno. Porta un arma; un viejo clavo abollado. No parece un arma digna de un Caballero... a menos que nuestros personajes sean insectos.

Desde Dirtmouth podemos descender a las profundidades de Hallownest, el antiguo reino subterráneo, hoy sumido en la ruina, cuyos restos son saqueados por exploradores, cazadores de fortuna y otros aventureros. Pero algo ha ocurrido. Desde hace un tiempo aquellos que descienden a la oscuridad no han regresado. Hay algo en el aire que augura peligro, que corrompe desde adentro. Una amenaza en lo profundo; la maldición de Hallownest; la causa de la ruina. Clavo en mano, nuestro pequeño caballero desciende a las entrañas de la tierra. Bienvenidos a Hollow Knight.

Tal es la situación al iniciar el juego. Poniéndonos al control de un pequeño y adorable Caballero de capa, máscara y clavo, recorremos un breve tutorial que nos explica los movimientos básicos de nuestro protagonista; tras lo cual entramos al abandonado pueblo de Dirtmouth, donde su único habitante nos da a conocer la situación. Saltamos dentro de un pozo y aterrizamos en la primer área del juego. De aquí en más dependeremos de nuestro sentido de orientación y nuestra habilidad para empuñar el clavo, porque el recorrido que nos espera por delante es gigantesco y peligroso.

Hollow Knight es un Metroidvania que no teme soltarnos la mano tan pronto tocamos fondo al caer del pueblo en la superficie. Su estructura de juego se basa mayormente en la exploración de su enorme mapa y la obtención de nuevos poderes que nos permitan alcanzar zonas antes inaccesibles, como la habilidad de dar una barrida por el aire o saltar de pared a pared. Su apartado estético se nutre de una ambientación formidable. El trabajo de arte es hermoso, muy cuidado y detallado, desde escenarios hasta personajes. Cada zona del mundo subterráneo posee un estilo distintivo en sus diseños individuales y es un placer explorar sus accidentadas geografías.

El combate merece una mención aparte: empuñar nuestro clavo para dar cuenta de los enemigos que hallaremos a nuestro paso se siente muy satisfactorio. Cada golpe asestado se acompaña con una reacción de fuerza que le da sensación de peso... pero la misma sensación se obtiene cuando los dañados somos nosotros. Nuestro pequeño caballero cuenta con una limitada cantidad de "energía" en forma de máscaras, y cada golpe recibido remueve una, no importa si el ataque vino de un enemigo básico u otro más poderoso. Esto hace que cada encuentro sea potencialmente letal, consiguiendo que incluso los adversarios más básicos posean un elemento de precaución aún en las instancias iniciales.

Por fortuna podemos recuperar energía mediante el uso de Alma. Al encajar golpes con acierto vamos llenando un orbe de Alma que podemos utilizar para recargar máscaras vacías o para lanzar un poderoso ataque frontal. Tanto la capacidad del orbe como la cantidad total de máscaras de energía pueden expandirse al hallar suficientes fragmentos de cada contenedor, o al comprarlos en la tienda de Dirtmouth una vez que la habilitemos; aunque esto último requerirá cuantiosas cantidades de Geo, la moneda local que obtendremos de los enemigos abatidos.

A las habilidades de nuestro protagonista se suma la utilización de Reliquias (Charms). Tenemos un menú aparte para ver todas las Reliquias que vamos encontrando. Cada una posee modificadores y/o poderes especiales que pueden darnos una manito extra, ya sea recolectar Geo automáticamente, ganar un poquito más de Alma en cada golpe, o dañar a todos los enemigos circundantes en cuando recibimos un golpe. Sólo podemos equiparlas si tenemos suficientes nodos de Reliquias; similar a cómo Paper Mario lidiaba con el concepto de Medallas. Existen en el juego un par de locales que venden Reliquias y expansiones de nodos, aunque también pueden hallarse al superar algunos desafíos particularmente difíciles.

Ya que lo mencionamos, "particularmente difícil" es la dificultad normal del juego. Hollow Knight nos pone frente a un verdadero desafío que mezcla secuencias plataformeras con tensos combates. Los primeros enemigos que encontramos son básicos, de movimientos mínimos y predecibles; pero muy pronto nos toparemos con adversarios que poseen estilos de lucha complejos y más de un modo de dañarnos. Y cuando todo está dicho y hecho, llegamos a los Jefes y la dificultad se va al diablo. Cada uno de estos insectos superiores se lanzan a ataquen frenéticos y premeditados, y dependeremos de toda nuestra pericia y velocidad de reacción para reconocer y evadir sus patrones de movimiento y replicar con nuestros propios ataques.

La dificultad aumenta al darnos cuenta que sólo podemos recuperar energía mediante el Alma que recolectamos de nuestros enemigos, aunque la presencia de bancos para sentarnos y descansar es una bendición. Estos asientos salvan la partida y recuperan toda nuestra energía, pero además son los únicos lugares en los que podemos cambiar nuestras Reliquias equipadas. También, al sentarnos a descansar, actualizaremos nuestros mapas con las nuevas zonas que exploramos, aunque primero habrá que hallar al Cartógrafo en cada nueva área y adquirir su mapa a cambio de Geo; y hasta ese entonces estaremos navegando a ciegas, valiéndonos de nuestro sentido de dirección.

Es entonces que, habiendo explorado un buen pedazo del mapa, habiendo enfrentado a varios pintorescos enemigos, habiendo recolectado un par de poderes especiales, y habiendo entablado diálogo con ciertos personajes, que notamos algo muy importante: todavía no sabemos cuál es nuestra misión en el juego.

Es curioso, pero durante las primeras horas no llegamos a darnos cuenta que todavía no tenemos una historia de fondo. Tenemos un protagonista y un peligro al que se hace referencia... pero no tenemos un motivo para estar donde estamos y hacer lo que estamos haciendo. O quizá sí, pero nuestro protagonista no es el más adecuado para expresarlo, debido a que quizá no sea lo que parece ser. Varios personajes que hallamos en nuestro camino hacen observaciones sobre nuestra actitud taciturna, y el hecho de que, al morir, nuestra Alma ennegrecida permanece residente al cargar la partida, incentivándonos a regresar al lugar de nuestro deceso para eliminarla y recuperar todo el Geo que habíamos recolectado, dan cuenta de muchos secretos que se ocultan bajo la superficie.

Hay una historia, pero es ambigua. Aquí el juego toma una página de Dark Souls y mantiene al jugador en un suspenso desconcertante, una especie de final abierto incluso cuando se muestra una resolución. ¿Qué es este mundo? ¿Por qué sus habitantes fueron corrompidos? ¿Quién es, exactamente, nuestro protagonista? ¿Cuál es su misión? Esta y otras preguntas permanecen en el aire; una fuerza que nos impulsa a seguir a base de genuina curiosidad, potenciada aquí y allá por pequeños fragmentos de historia, ya sea escrita en viejos murales o narrada por los simpáticos personajes que vamos encontrando en el camino. De nuestras acciones depende juntar las piezas de la narrativa para decidir el camino a tomar hacia la resolución del juego, y para ese entonces ya tendremos bien en claro el peso de la responsabilidad que nos hizo descender a Hallownest en primer lugar. Así que, adelante... lancémonos a la oscuridad... porque la luz espera en lo más profundo.


Hollow Knight es un excelente Metroidvania con un hermoso apartado gráfico y una fantástica jugabilidad. Su enorme mapa garantiza horas y horas de juego; y aunque su elevada dificultad alcance picos brutales en algunos momentos específicos, el sistema de combate mantiene la experiencia divertida y amena. Obligatorio para fanáticos del género; altamente recomendado para los que gusten de buenos plataformeros.