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Analisis | DESPERTARES

ANÁLISIS: Si no despierto ("Before I Fall", 2017)

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Por: Leo Valle

El drama adolescente se pone sobrenatural en este Día de la Marmota versión 2017.

Si no despierto (“Before I fall”) es la última película basada en un best seller joven adulto (de Lauren Oliver) que inspirada en problemáticas reales intenta, con un ingrediente sobrenatural, contar una historia emotiva y genuina. Y sorprendentemente lo logra.

La película abre con la impoluta Sam Kingston (Zoey Deutch) despertándose impecable media hora después de las seis de la mañana del 12 de febrero, el “Día de Cupido”, como han bautizado en la secundaria de la exclusiva región del Noroeste norteamericano, donde las mansiones, las zonas boscosas y las montañas construyen escenarios de ensueño. 

Sam y sus tres mejores amigas Lindsay (Halston Sage), Ally (Cynthy Wu) y Elody (Medalion Rahimi) son un grupo de populares malcriadas mala onda que parecen salidas de "Mean Girls" (2004). Amorosas entre ellas, el mote de “perras” les corresponde en el buen sentido (que usan ellas) y el malo (que usan todos los demás). Y aunque cualquiera del resto de sus pares mataría por un día en sus zapatos, el primer acto de la película es duro de tragar por el rechazo que genera el cuarteto. En el “Día de Cupido” los alumnos se envían rosas con mensajes que se reparten durante las clases, creando un verdadero concurso de popularidad y alienando a parte del alumnado. Como una compañera gay (Liv Hewson) proclama, es un “infierno heteronormativo” – que además les permite a las chicas obtener nuevo material para hostigar a Juliet (Elena Kampouris), un claro estereotipo de “la loca de la escuela”.

Pero todo cambia para Sam cuando después de una fiesta ella y sus amigas se ven involucradas en un accidente automovilístico que supuestamente termina con sus vidas. Y digo supuestamente porque, aprovechando el ambiente lúgubre y digno de The Twilight Zone que la ruta que cruza un brumoso bosque otorga, Sam se despierta en su cama, a las 6:30 del 12 de febrero. Y que comience la repetición.

Como si de un “Groundhog Day” (1993) para adolescentes se tratase, Sam revivirá el día una y otra vez, cambiando las variables (cambiando incluso ella misma) hasta encontrar la razón por la que este fenómeno está sucediendo y cómo salir del loop. Por supuesto, como se imaginarán, antes de ser popular Sam era una chica cariñosa, atenta y amable con todos. Y lentamente empieza a comprender que en realidad lo que cambió fue su forma de ver el mundo que la rodea, donde encontrará la clave para todo.

¿Cliché? Por supuesto. Sin embargo entre la guionista Maria Meggenti y la directora Ry Russo-Young construyen un melodrama oscuro pero sensible. Una paleta de colores fría de tonos azules aleja a la película de la estética “Disney” que podría haber tenido mientras explora  temáticas como la hermandad, el bullying y el suicidio sin abandonar el romance y los momentos melosos con la familia y amigos. Incluso esos personajes tan despreciables del comienzo empiezan a mostrar elementos reales, a desarrollar sus propias realidades y dejar en claro que todo ese odio proyectado es un espejo de sus propias inseguridades y temores.

Gran parte del crédito se lo lleva el excelente trabajo de Deutch, construyendo una Sam que aunque por momentos parece una muñeca de porcelana consigue que nos interesemos por la historia y el resto de los personajes, como Kent (Logan Miller), el amigo de la infancia devenido en admirador secreto. Todo el elenco hace un buen trabajo con los personajes, que pasan de unidimensionales estereotipos a personas de carne y hueso con vulnerabilidades e intereses creíbles. Hasta los dos adultos con más de una línea de diálogo tienen algo para ofrecer: la eterna Jennifer Beals como la madre de Sam y un profesor que casualmente está enseñando a su clase acerca del mito de Sísifo (quien debía empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada una y otra vez).

Quizá le falte un poco de lógica y explicación al fenómeno que está viviendo Sam, que se desarrolla y se resuelve sin demasiado cuestionamiento. Pero es un detalle que solo a algunos molestará.


Si no despierto es una película de manual, pero agrega elementos propios y buenas actuaciones adolescentes (algo que no abunda) para construir un relato que va de menor a mayor y deja un mensaje que vale la pena escuchar respecto de la búsqueda de nuestro lugar en el mundo y cuáles son las consecuencias de nuestros actos, por más insignificantes que parezcan. Vale para una noche de sábado.