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Juegos | EL PIBE MARAVILLA

ANÁLISIS: Wonder Boy: The Dragon's Trap (PS4, XONE, NS)

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Por: Leo Valle

El clásico de Master System llega con un lavado de cara pero con sus mecánicas originales.

Como el 99 por ciento de los argentinos, nunca tuve acceso a una Master System. Aunque Sega fue dominadora casi absoluta (por lo menos en mis pagos) durante la época de los 16 bits, el viejo sistema poco pudo hacer frente a la invasión de las copias chinas de la NES. El Family era una religión en nuestro país. Y éramos todos devotos.

Por fortuna no es que nos hayamos perdido de un magnífico catálogo, pero la realidad es que la Master System tuvo sus propios clásicos, entre los cuales sin dudas se encuentra Wonder Boy III: The Dragon’s Trap. Sin ahondar en los detalles del quilombo que es la franquicia Wonder Boy, también conocida como Adventure Island (no confundir con el de NES) o incluso Monster Land, vale decir que el juego original, lanzado en 1989, tomó muchos elementos (en particular el sistema de progresión) del primer Metroid, que debutó tres años antes en la consola de Nintendo, y los aplicó a una aventura fantástica que sin dudas sobrevive el paso del tiempo. 

La versión del estudio Lizardcube que llega casi 30 años después a las consolas de nueva generación y PC es, para bien y para mal, una fiel copia de la original y uno de los mejores trabajos de remasterización que me ha tocado ver en los últimos años. Como dije antes, Wonder Boy no me pega por el lado de la nostalgia en lo personal, pero es claro que al pequeño estudio francés sí: el nivel de cariño y dedicación que destila en cada escenario es extraordinario. 

Por supuesto lo primero que salta a la vista son los exquisitos dibujos a cargo del animador Ben Fiquet, con fluidas y detalladas animaciones y escenarios plagados de elementos decorativos que enriquecen en lo visual. El cambio, que podemos comprobar en cualquier momento con solo tocar un botón, es dramático. Y lo más sorprendente es que se adapta perfectamente a las animaciones y el ritmo del original.

La banda de sonido también ha sido actualizada, reemplazando las simples melodías del original por versiones instrumentales que además varían dependiendo del área en la que se encuentre el jugador. Y como los gráficos, es posible volver a escuchar los sonidos originales con la sola presión de un botón, una decisión inteligente que deja más en claro el gran trabajo y compromiso de Lizarcube con el producto.

En la inclusión de Wonder Girl, la versión femenina del protagonista que podemos elegir al comienzo de la aventura, terminan los cambios significativos. The Dragon’s Trap es un juego idéntico al original en lo que a la progresión, la dificultad y las mecánicas refiere, y es esa fidelidad la que puede llegar a ofrecer algo de resistencia a los jugadores más jóvenes (o a los que no tienen ganas de arrancarse los pelos).

El juego comienza poniéndonos en control del protagonista humano, un simple caballero (femenino o masculino) que después de derrotar al dragón de turno sufre una maldición que lo convierte en una criatura. A lo largo del juego vamos a asumir cinco formas: dragón, ratón, hombre piraña, león y águila, cada uno con sus propias habilidades, ataques y debilidades. El ratón, por ejemplo, puede trepar algunas paredes, el hombre piraña puede nadar y el león ataca en arco y no con una estocada como el resto. Cada una de esas habilidades nos permitirá acceder a diferentes zonas del pequeño pero variado mundo – justamente, como si de un Metroid se tratase.

Contamos también con diferentes armaduras, escudos y espadas que modificarán variables de defensa y ataque y además nos ofrecerán ciertas habilidades (como resistencia a la lava e incluso vida extra), además de un atractivo abanico de armas secundarias para utilizar, como flechas, rayos, un hermoso búmerang y más. Desgraciadamente en el caso de estos últimos tenemos que depender del azar para acumularlos (aunque después de morir mantenemos lo obtenido), lo que a veces nos pone a recorrer las pocas áreas una y otra vez para conseguir alguna poción o arma apropiada para derrotar a un jefe que nos esté generando dolores de cabeza.

Y eso es parte del problema (si puede llamársele así): el respeto por el original significa que esta nueva versión de Wonder Boy arrastra los vicios ochentosos de los juegos del estilo, que lo ponen más cerca de MegaMan 9 que de la serie Shantae, por nombrar algunos. El alcance del ataque es extremadamente limitado y con ciertos personajes (como el ratón) podemos pasarla realmente mal. Además, cuando recibimos daño tenemos una ventana muy pequeña de invulnerabilidad, y aunque el daño no se acumula, es muy común quedar rebotando entre enemigos sin tener control del personaje. 

Eso sin considerar que debemos enfrentar al jefe final del juego con uno de los personajes más débiles sin elección, lo que vuelve la pelea una tarea titánica digna de aquellos tiempos. Existen pociones para recuperar vida, es verdad, pero no se encuentran disponibles en todas las tiendas, los enemigos las sueltan muy rara vez, y su precio es altísimo. Sin dudas estas limitaciones eran una forma de darle longevidad al juego a finales de la década del ochenta, pero hoy en día se siente un tanto forzado, en particular porque en los niveles tienen sus (pocos) secretos, pero volver a recorrerlos con diferentes personajes no ofrece nada nuevo.


Wonder Boy es un título en que la paciencia para adaptarse a sus particulares mecánicas es fundamental. Es un claro trabajo de amor y admiración por el producto original y seguramente representará un viaje de nostalgia para los que hayan jugado el título de 1989. El resto sepa que se enfrenta a un título que “como los de antes” es duro de roer sin otorgar la satisfacción de un Dark Souls, por ejemplo. Lo bueno es que las guías de la versión de Master System funcionan perfectamente en este, así que quien quiera sacar todos los secretos tiene la mitad del trabajo hecho.