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Aprendés y te divertís: 10 revistas infantiles argentinas

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Por: Cecilia Bona

Tags: Revistas
Desempaquetá los pañuelitos porque este top es para los nostálgicos.

Datos oficiales del Instituto Verificador de Circulaciones: en 1972, de las 5 revistas que más se vendían en los kioskos 3 eran para chicos. Anteojito, Locuras de Isidoro y Billiken salían como pan caliente y llegaban a las manos de los pequeños deseosos de saborear las historietas, resolver los acertijos y leer sobre algún que otro prócer.

Otras épocas, está claro. Ahora, casi todo el mundo busca en Internet para investigar, pero cuando eso no existía las publicaciones infantiles se hacían cargo de acompañar a los pequeños en su etapa escolar mientras les proponían acercarse a la lectura de semanarios, como lo hacían sus padres.

Algunas revistas quedan. Otras nacieron para extinguirse y alimentar la sed de los coleccionistas. De eso se trata este top. Investigamos a fondo las 10 publicaciones locales más recordadas de los últimos 115 años y aquí están.

¿Leías alguna? ¿Mandaste alguna vez una cartita y te la contestaron? ¿Seguías una historieta y te quedaste sin el final porque cancelaron la revista? ¡Dejanos un comentario! 

  • 10
    Anteojito
    ¿Sería para reforzar estereotipos o para forzar actitudes? Nos lo preguntamos ahora, hojeando las páginas de viejas revistas Anteojito en las que los personajes principales eran criaturas con lentes y/o libros en lugar de cabellera.

    Creado por Manuel García Ferré en 1964, el semanario para niños que se vendía como “la más útil de las revistas” salió a la venta para competir con la ya por entonces histórica Billiken. Anteojito era la publicación que las familias compraban para que los chicos tuvieran mucha información útil para la escuela y de paso se entretuvieran con las historietas, la página de juegos, los cuentos y el material extra que incluía. Además, contaba con una revistita adjunta, Trapito, diseñada para los alumnos de jardín de infantes.

    Después de 1925 números en los que cobraron vida Hijitus, Oaky, Profesor Neurus, Pipío, Calculín, Largirucho, Pelopincho y Cachirula y Pucho, en 2001 García Ferré se vio obligado a suspender la publicación ante la crisis económica nacional.
  • 9
    Humi
    Entre 1982 y 1984 una revista llegaba a los kioskos cada 15 días. Se trataba de Humi, la pequeña “hija” de Humor, de Ediciones La Urraca, cuyo fin era divertir a los niños y no tanto formarlos enciclopédicamente (algo más relacionado con Billiken y Anteojito). Claro que contaba con fichas escolares, tal vez como estrategia de venta más que por decisión editoral.

    Humi duró 39 números en los que la literatura en sus diversos formatos era una excelente protagonista. Autores como Ema Wolf, Laura Devetach, Leticia Uhalde y Gustavo Roldán, Oche Califa, Silvia Schujer y Graciela Montes publicaban sus textos en diversos formatos. Otros que hicieron grande a la publicación fueron sus ilustradores. Raúl Fortín, Alfredo Grondona White, Marín y Tabaré –entre otros- se encargaron de darles vida a las historietas de Humi.

    Muchos niños de la época comparten el recuerdo de ver a sus padres llegar con dos revistas bajo el brazo. Para ellos, la Humor, para los pequeños de la casa, la Humi. Se nos pianta un lagrimón.
  • 8
    Mega
    No, no pudiste tener esta revista en tus manos. Aunque lo que sí vas a poder tener gracias a este top es la historia completa de lo que pasó, cómo fue que un grupo de adultos privó a tu vos de la infancia de leer Mega.

    Corría el año 1997 y la Editorial Atlántida (responsable de la revista Billiken) puso a un grupo de empleados a trabajar en un nuevo proyecto de semanario infantil al que denominarían Mega. La idea era acompañarlo con fichas escolares coleccionables que conformarían la Enciclopedia Saber Hoy. Y acá la historia se divide.

    Según Atlántida, a fines de ese año el responsable del producto en ciernes Pablo Colazo renunció a su puesto para trabajar en el Grupo Clarín. Hete aquí que en marzo de 1998, sale a la calle la revista para niños Genios, dirigida por Colazo para la empresa de medios más grande del país.

    La denuncia judicial no se hizo esperar. Y mientras el lento proceso avanzaba, ambas editoriales se disparaban dardos de tinta desde sus publicaciones. El diario Clarín –que sostenía que todo era un tema económico- dijo en 1998: “Parece más razonable creer que haya intentado con esta maniobra (de denuncia) echar sombras sobre un gran éxito editorial como es la revista Genios: el último número tuvo una venta estimada en el país de 365.000 ejemplares frente a los 110.000 de Billiken”. Colazo sufrió en carne propia la ira y su casa fue pintada por anónimos con leyendas agraviantes (leé el puesto 7).

    En 2008, Atlántida se despachó de lo lindo. El Juzgado de Primera Instancia en lo Civil nº 39 le dio la razón y obligó a la empresa responsable de Genios a pagar una indemnización millonaria. “Del peritaje informático realizado por la Gendarmería Nacional (…) surge que los soportes magnéticos guardan similitud entre los existentes en los archivos (de Atlántida) y los correspondientes a la revista Genios”, decía el fallo. Con contundencia, la Justicia ratificó que “la titularidad de esa base de datos pertenecía, en lo que hace a su originalidad y creatividad” a la empresa que editaba Billiken.

    Las imágenes que ilustran este puesto salieron en la revista Para Ti de 2008 para ejemplificar el parecido de ambos proyectos.
  • 7
    Genios
    A punto de cumplir 20 años (¡20 años! ¿Cuándo nos pusimos tan viejos?), la revista infantil del Grupo Clarín es una de las pocas que compite contra la histórica Billiken. De hecho, como analizamos en el puesto anterior, su origen está mucho más ligado a ella, o más bien a su editorial. Veamos…

    En 1998, los kioskos de diarios colgaron por primera vez los ejemplares vistosos y extravagantes de una publicación pensada para divertir. Páginas a todo color impresas en alta calidad con un diseño nunca visto llamaba la atención de los pequeños (y grandes también). Claro que Genios incluía material escolar, pero se dedicaba sobre todo a entretener con juegos, historietas, tests, adivinanzas y chistes.

    Su director, el ilustrador y periodista Pablo Colazo, venía de trabajar con Constancio Vigil en Editorial Atlántida (la encargada de Billiken). Para muchos, Genios era una copia de Mega, proyecto de Atlántida en el que había estado Colazo. Además de la denuncia judicial (revisen el puesto 8 de este top), hubo acción concreta: en la madrugada del 5 de marzo de 1998, anónimos pintaron “Pablo Colazo ladrón” en la puerta de su casa e hicieron explotar botellas de vidrio con alquitrán para asustarlo.

    Lo turbio no quitó las intenciones de vender el semanario que hoy sigue colgado en los kioskos y cuenta con un sitio web donde se reproducen algunos contenidos.
  • 6
    AZ-diez
    “¿Sabían que el disquete no es el único medio en el cual se puede almacenar información?”, preguntaban generando intriga los editores de la revista AZ-diez. Surgida en 1995, la publicación dedicada a los niños proponía dar información sobre computación (para ello tenían una sección denominada Enter) y videojuegos al mismo tiempo que divertir con historietas, juegos y noticias de actualidad.

    Con el tiempo –y por una necesidad imperiosa de vender ejemplares- AZ-diez tuvo que incorporar material escolar como datos enciclopédicos e información científica que justificara a las familias pagarla 4 pesos.

    La publicación se apagó en 1999, pero muchos aún la recuerdan y hasta guardan sus ejemplares más queridos con truquitos para el Monkey Island y entrevistas a las estrellas del canal infantil Cablín.
  • 5
    Pulgarcito
    Si decís que la leíste estás mintiendo… a menos que tengas más de 100 años. Porque Pulgarcito fue una de las primeras revistas nacionales que empezó a pensar en los niños a la hora de diagramar su contenido.

    Creada en 1904 por el periodista y escritor uruguayo Constancio Vigil (el que luego editaría Billiken), Pulgarcito buscó ser un material didáctico sin bajada religiosa, algo que no era muy común en los primeros años del siglo pasado. En esta revista los únicos protagonistas eran los niños. De hecho, solían publicarse fotos de los lectores (en general de clases más adineradas) realizando actividades recreativas consideradas adecuadas.

    Además de los juegos y desafíos que publicaba, el semanario organizaba torneos de fútbol (cuyos ganadores eran inmortalizados en el papel levantando la copa) y hasta promocionaba en sus páginas los Consultorios Médicos Pulgarcito donde los chicos más humildes podían atenderse gratis. Raro.

    A pesar de sus buenas intenciones, la revista no consiguió vender los ejemplares previstos y en 1905 fue transformada en “una publicación festiva y humorística” para toda la familia al estilo de Caras y Caretas.

    (A falta de foto disponible va el rostro de Vigil).
  • 4
    Top Kids
    Si espiamos tu currículum y tu carrera nerd empezó antes de los 2000 seguramente recuerdes lo difícil que era acceder a trucos y estrategias de videojuegos. Atentos a esta necesidad, en 1994 los ejecutivos de ATC (actual TV Pública) pusieron al aire “Top Kids”, un programa conducido por Pablo Marcovsky donde se hablaba de cómics, dibujos animados y, por supuesto, consolas.

    Como derivado del producto televisivo surgió la revista homónima con novedades del mundo gaming y mucho merchandising para atraer compradores. El precio de tapa alcanzaba los 9 pesos –considerando el reinante 1 a 1 era bastante elevado si se lo compara con otras publicaciones contemporáneas-, pero eso incluía una figura de acción (de calidad dudosa, reconozcámoslo), pósters y cupones para participar del sorteo de un arcade o de un Game boy.

    Si tuviste una Top Kids en tus manos sabés que los muñecos eran “lógicamente de Jocsa”, firma responsable de la distribución de la revista y de la producción del programa.
  • 3
    Cordones Sueltos
    A fines de la década del ’80 apareció el semanario Cordones sueltos cuyo objetivo era informar a los niños y entretenerlos. Desde la estética de tapa y hasta su contenido, da la impresión que la revista intentaba hacer sentir a los pequeños que estaban ante un formato como el que leían sus padres.

    Por la módica suma de 9 australes (que enseguida subió a 10), se accedía a material escolar, al suple Bichito de luz para los infantes, a regalitos como “una calcomanía láser para tu cuaderno” y lo más novedoso: Mensajero, “el periódico de los chicos”. La reconocida escritora Silvia Schujer fue la secretaria de redacción de aquel diario. Las tapas de Cordones sueltos estaban dibujadas y coloreadas con acrílico por el ilustrador Carlos Meglia (el de “Cybersix”).

    La responsable de esta publicación era la editorial Kapelusz, uno de los sellos más importantes de libros escolares. De hecho, la firma tiene entre su vieja colección dos libros de lectura para estudiantes de primaria llamados… Cordones sueltos y Mensajero. ¿Originales?
  • 2
    Cosmi-k
    “Vení volando al kiosko”, terminaba una vieja publicidad de mediados de los 80. El que hacía el pedido era Cosmi-k, una especie de superhéroe que le daba nombre a la revista. Por el valor de 1,25 australes, las familias se aseguraban de comprar un semanario “con contenido” para que los chicos tuvieran material escolar.

    Cosmi-k (que se lee cosmic y no cósmica) se autodenominaba “la revista escolar de la nueva era”. Aunque su tiempo de vida fue breve, no hace falta más que darse una vuelta por foros y descubrir que muchos niños de entonces la recuerdan con cariño y hasta guardan algunos ejemplares.

    El semanario contaba con historietas, manualidades, juegos, cuentos, chistes, mucho material coleccionable (se dice que los documentos escolares los armaban directamente con maestros para hacerlos más útiles) y hasta regalitos. Por ejemplo, en la promo que les compartimos venía acompañado de “la divertida sorpresa de los cubiertos para el picnic” primaveral de 1985.

    Uno de los cómics más recordados que venía con la revista era “El viejo Nick”, originalmente escrita en francés bajo el nombre de “Le vieux Nick”.
  • 1
    Billiken
    Ostentar una para nada despreciable trayectoria de 98 años en los kioskos pone a Billiken en el primer puesto de este top. Creado por el periodista y escritor uruguayo Constancio Vigil (el de "La hormiguita viajera" o "El mono relojero"), el semanario para niños buscaba acercarse a ellos de manera descontracturada y al mismo tiempo serles útil en la escuela.

    Entre sus páginas podían encontrarse historietas, apuntes históricos, información científica, concursos y acertijos, lo que reforzaba la imagen de revista que divierte al mismo tiempo que enseña. Por acercarse a sus contenidos muchos chicos empezaron a leer, por ejemplo. Las cifras oficiales señalan que -en su etapa más prolífera- llegó a vender 500 mil ejemplares por semana con envíos a España, Perú, Colombia, Venezuela y México.

    Con el tiempo, su impronta debió aggiornarse y muchos de sus contenidos clásicos sufrieron modificaciones. Está claro que vender un ejemplar hoy es más difícil que lo que resultaba hace 50 años y llamar la atención de un niño hacia el papel se torna complicado cuando hay tanta pantalla dando vueltas. Por eso, la editorial reforzó los "extras" con los que acompaña cada tirada. Ladrillitos para armar, suplementos y libros coleccionables son promocionados desde las redes sociales para atraer la atención de los adultos.

1. Anteojito

¿Sería para reforzar estereotipos o para forzar actitudes? Nos lo preguntamos ahora, hojeando las páginas de viejas revistas Anteojito en las que los personajes principales eran criaturas con lentes y/o libros en lugar de cabellera. Creado por Manuel García Ferré en 1964, el semanario para niños que se vendía como “la más útil de las revistas” salió a la venta para competir con la ya por entonces histórica Billiken. Anteojito era la publicación que las familias compraban para que los chicos tuvieran mucha información útil para la escuela y de paso se entretuvieran con las historietas, la página de juegos, los cuentos y el material extra que incluía. Además, contaba con una revistita adjunta, Trapito, diseñada para los alumnos de jardín de infantes. Después de 1925 números en los que cobraron vida Hijitus, Oaky, Profesor Neurus, Pipío, Calculín, Largirucho, Pelopincho y Cachirula y Pucho, en 2001 García Ferré se vio obligado a suspender la publicación ante la crisis económica nacional.
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