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Analisis | La Pasión de Blake Langermann

ANÁLISIS: Outlast II (PC, PS4, XONE)

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Por: Maximiliano Peñalver

Tags: Outlast 2
El gran éxito del survival horror recibe una secuela que no logra solucionar los problemas del original.

Lynn Langermann, periodista, se encuentra sobrevolando en helicóptero una zona rural de Arizona en compañía de su marido (y asistente, productor y cameraman) Blake, cubriendo una noticia que tiene en vilo a sus espectadores: la aparición de una mujer no identificada, descalza y embarazada caminando por la autopista. Tras un destello de luz enceguecedor, el piloto pierde el control de la aeronave y nos estrellamos en el medio de la nada. Cuando despertamos Lynn ha desaparecido y encontramos al piloto desollado vivo en lo que parece ser un ritual. Del desastre, lo único que recuperamos es nuestra cámara. Lo que Blake Langermann no se imagina es que su pasión de filmarlo todo, se está por convertir en algo muy similar a los sueños cinematográficos más salvajes de Mel Gibson.

Luego del éxito comercial y de crítica de Outlast -y su contenido adicional descargable The Whistleblower- Red Barrels estuvo trabajando durante casi cuatro años para completar la producción de esta espectacular segunda parte. Si bien Outlast II tiene el precio de un juego independiente es una gran producción que saca todo el provecho posible al poderoso Unreal Engine 4, digna del mejor de los títulos triple A.

El escenario principal del juego es Temple Gate. En este enorme pueblo rural - que a pesar de su tamaño permanece desconocido al resto de la humanidad - encontramos casas, granjas y grandes extensiones de tierra donde en algún momento se cultivaron todo tipo de cosechas y hasta una iglesia que, por sus dimensiones, es digna del Vaticano.

Pero algo terrible está sucediendo en Temple Gate y pronto nos enteramos de lo que sucede gracias a que en el pueblo todos dejan convenientes notas con todo lo que pasa, lo que piensan y lo que van a hacer. Un tal Sullivan Knoth está convencido de ser el nuevo mesías y, además de escribir –y también dejar tirado por ahí- un nuevo evangelio, está causando estragos en la población. La tortura, el asesinato y el genocidio son parte del plan de Knoth, y sus fieles seguidores serán nuestra principal pesadilla.
 
Outlast II mantiene el estilo de juego del original. No podemos realizar ataques de ningún tipo, ni portar armas. Cuando seamos descubiertos, y como única respuesta a cualquier enfrentamiento, lo único que podemos hacer es correr hasta que nos pierdan de vista o escondernos y esperar que no nos vean. El truco está en intentar que nos localicen lo menos posible, pero eso no siempre sale bien, aunque no por falta de opciones. Podemos correr, caminar agachados para que sea más difícil localizarnos o para escondernos en los pastizales, podemos incluso trepar por lugares predeterminados. El control que tenemos sobre el personaje es muy bueno, comparable con el del juego anterior. 

A diferencia del Outlast original, la secuela está ambientada, en gran parte, en exteriores. Podemos meternos en las casas que encontremos ya sea por puertas o ventanas y hasta podemos “trabar” nuestro método de entrada para retrasar el ingreso de los agresores a nuestro escondite. Podemos escondernos debajo de las camas, bajo el agua y hasta en barriles –si, como el Chavo del 8- aunque estos son de metal y a veces están llenos de agua o, si no es nuestro día, sangre.

Nuestra gran aliada es nuestra cámara, que nos permite usar el modo infrarrojo para poder ver en la oscuridad. Esto sirve para poder detectar a los enemigos y navegar los diferentes escenarios que en su gran mayoría están en completa oscuridad. La cámara –extrañamente- consume pilas y es conveniente desviarnos en el camino para buscar todas las que sean posibles, ya que vamos a usarla casi todo el tiempo. A diferencia del anterior, como la cámara es “profesional”, podemos hacer zoom en todo momento y rever los clips que nuestro personaje graba automáticamente ante ciertos eventos a los que incluso les agrega comentarios. De todas maneras no son clips muy relevantes, duran apenas unos segundos y lo que tiene para decir, aporta poco y nada a lo que ya sabemos.

La cámara también nos permite revisar todas las notas que encontremos por ahí y utilizar una nueva función: el micrófono, que nos permite escuchar con un mayor alcance lo que hablan tan solo apuntando con la cámara en la dirección correcta. Pero salvo por un momento en que casi es un requerimiento del juego, tiene poca utilidad, tanto a nivel estratégico como de curiosidad.

A pesar de ofrecernos opciones de movilidad y control más variadas que el primero, Outlast II tiene dos grandes problemas. El primero es que en muchas ocasiones nos hace adivinar exactamente por dónde pretende que vayamos o qué es lo que los diseñadores previeron que teníamos que hacer. En las aproximadamente doce horas que lleva completar la historia, el juego tiene, por lo menos, una docena de secuencias en donde vamos a morir una y otra vez hasta que descubramos exactamente lo que el juego espera que hagamos. En esas secuencias los enemigos dejan de usar los métodos relativamente justos que usan para encontrarnos y darnos caza para convertirse en misiles teledirigidos que parecen saber nuestra ubicación de antemano. Se siente totalmente injusto y rompe por completo el clima que logra generar con todo lo demás.

Muchas veces estas huidas y corridas son completamente a oscuras, viendo a través de la cámara, para terminar doblando en callejones sin salida u omitiendo entradas que están o elevadas o al ras del piso que, por el apuro, nunca vimos. Cosas como estas intensifican la frustración mientras repetimos estas secuencias una y otra vez.

Hay enemigos especiales como Marta -una especie de ángel de la muerte al servicio del reverendo- capaces de eliminarnos de un solo golpe. La secuencia en la que nos ejecuta es, como casi todo en Outlast II, visualmente espectacular pero a las cinco o seis veces de ver lo mismo, se vuelve aburrido y frustrante, además de que tenemos que repetir ciertas secuencias previas para llegar a ese segmento en el que “no sabemos exactamente qué hacer”.
 
El segundo problema importante que tiene Outlast II es que la historia, en definitiva, no va a ningún lado.

La primera pantalla que vemos nos advierte que “Este juego contiene violencia intensa, sangre, contenido sexual gráfico y lenguaje soez. Que lo disfrutes.” Claramente los desarrolladores conocen el público al que apuntan. Estoy seguro de que Outlast II va a ser un juego muy jugado por youtubers, videos que a su vez serán vistos por millones de adolescentes a pesar de su estricta calificación “solo para adultos”. Otra cosa de la que estoy seguro es de que los canales que se encargan de elaborar teorías van a ocuparse largo y tendido de Outlast II en estos meses. Después de todo, es un juego que no te deja absolutamente nada en claro, y por lo tanto podés inventar cualquier cosa.

La historia se mete de una manera como no vi nunca en un juego con la iglesia católica, algo que aplaudiría, pero no si está tratado como en Outlast II. En ciertas secuencias, el protagonista vuelve al pasado en pequeños flashbacks a los ‘90s, para revivir recuerdos de su infancia, en un colegio católico llamado Saint Sybill en el que –evidentemente- sucedió algo terrible. Y si bien no sabemos qué es ese “algo” hasta el final, lo suponemos desde el principio. Temas tan delicados como los que se ven en este juego, tratados de forma banal y con la única intención de golpe bajo para generar un impacto en la audiencia, hits en YouTube y comentarios en los medios –tanto especializados como no- se siente más como un insulto a gente que de cualquier manera no va a jugar este juego, que un desafío a una institución.

La advertencia inicial sobre el contenido explícito no es en vano. Veremos crucifixiones, entierros prematuros y torturas extremadamente gráficas. Dentro de un contexto, de un marco argumental lógico y razonable uno puede aceptar cualquier cosa - puede no gustarte pero estaría justificado, ya que al fin y al cabo elegiste jugar Outlast II y no Pac-Man. Pero quer mal momento cuando vemos que en el final, muchos de los acontecimientos desagradables no tienen resolución, que los actos terribles no sirvieron absolutamente para nada y que muchos de los grandes interrogantes de la historia son dejados de lado sin más o resueltos en dos minutos. El conjunto de estos eventos y situaciones hacen que no podamos sentirnos menos que decepcionados, más aún cuando el juego tiene un capítulo entero, promediando la campaña, que aparte de ser muy malo y aburrido, no aporta absolutamente nada.

Outlast II es extremadamente violento. Y esa violencia se ve mucho más realista gracias al gran trabajo de todo el equipo técnico de Red Barrels. La presentación gráfica, sonora, la música incidental, así como todos los rubros técnicos son impecables, y el resultado es que cada nuevo nivel tiene varios sectores que nos quedaremos mirando durante largos minutos, admirando el trabajo realizado. Los escenarios en 4K en una PC relativamente nueva corren a sesenta cuadros por segundo sin ningún problema. La iluminación funciona muy bien, con grandes efectos visuales, elemento fundamental para los segmentos de sigilo, en los que los haces de luz de las linternas de los enemigos nos pondrán los pelos de punta.

Los cambios climáticos van desde simples soplos de viento hasta una plaga de insectos y una lluvia torrencial de sangre, por nombrar algunos efectos, aunque todos son espectaculares. Se ve que los modeladores 3D estuvieron creando durante horas cadáveres postrados en las peores posiciones imaginables porque difícilmente veamos dos en la misma posición, o clonados. Y es que Outlast II es un juego asqueroso. La mugre, la sangre que está por todos lados, las pústulas supurantes de los enfermos y mil elementos más que descompondrá a los que tengan el estómago débil a la hora de ver este tipo de cosas. ¿Vieron los trailers? La verdad es que no le hacen justicia a como se ve y se siente el juego en acción.
 
Outlast II es un juego brutal. Salvaje. En mi experiencia nunca había terminado un juego más violento desde lo visual, y lo explícito tanto en lo gráfico como en los temas que toca. Lastima que todo ese despliegue de cosas terribles que suceden en pantalla no lleve a nada coherente que las justifique. El final va a ser motivo de discusión, y fanáticos y youtubers se van a matar tratando de encontrarle el sentido a algo que para mi, no lo tuvo ni lo tiene. Por todos estos factores no es un juego que pueda recomendar abiertamente, tiene demasiados problemas en la jugabilidad y en la trama como para poder hacerlo.


Si te gusta el género, disfrutaste del original y estás dispuesto a bancarte las partes repetitivas y caprichosas y una historia que es un grandes éxitos de momentos macabros y truculentos pero que, en definitiva, te van a dejar con mas preguntas que respuestas, el costo (30 dólares en digital y 40 dólares en físico que incluye además el juego original y su contenido descargable) me permite que te recomiende que lo pruebes. Pero creo que a todos los demás, como a mí, el juego nos va a hacer preguntar mucho más seguido de lo que parece: ¿Cuando se termina esta pesadilla?