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Analisis | LA FURIA

ANÁLISIS: Rápidos y Furiosos 8 (F. Gary Gray, 2017)

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Por: Leo Valle

Dominic Toretto está de vuelta, pero esta vez del otro lado de la ley.

Más allá de las sensaciones que genere, hay que respetar la franquicia Rápido y Furioso, que debutó en 2001 como una oda a la cultura tuerca y pareció muerta apenas un par de años después, mediocre secuela y extraño (y subestimado) spin-off mediante. 

Justin Lin y Chris Morgan, director y guionista de The Fast and the Furious: Tokyo Drift (2006), entendieron rápidamente que el fuerte de la serie no estaba en los autos, sino en los personajes, por lo que Fast and Furious (2009) reunió al grupo original y comenzó a tratar la serie como un universo expansivo que no renegaba de sus orígenes pero que empezaba a buscar nuevos rumbos. 

Es en esa forma de plantear la serie donde radica su fortaleza. Como si del universo cinematográfico de Marvel se tratase, cada película incorpora nuevos personajes, ya sea como parte del grupo de antihéroes o como un villano, y le ofrece espacio para crecer y mostrar motivaciones genuinas, a través de los eventos de esa película en cuestión o conectándolos con alguna de las anteriores con coherencia, de forma orgánica. 

Y como vemos en esta entrega, esa progresión aplica a la manera en la que la serie ha pasado de girar alrededor de carreras ilegales a poner a Dom y compañía a evitar la Tercera Guerra Mundial.

Así llegamos entonces a Rápidos y Furiosos 8 ("The Fate of the Furious"), que comienza inmediatamente después de los eventos de la séptima película, con Dom y Letty (Vin Diesel y Michelle Rodriguez) disfrutando de una merecida luna de miel en Cuba, empezando a fantasear con una familia propia. Por supuesto esto sucede después de una carrera a toda velocidad por las calles de la colorida La Habana, en la que el director Gary Gray y Morgan dejan en claro que esta película no se va a guardar nada y Dom y compañía ya están más cerca de James Bond que de los corredores ilegales que aprendimos a querer.

La responsable de arruinar el descanso de la pareja es Cipher (Charlize Theron), una misteriosa hacker que tiene en su poder algo tan importante para Toretto que lo lleva a traicionar lo más importante que tiene, su familia. Si en el párrafo anterior decíamos que esta película estaba más cerca de una de espías, es Cipher el elemento que confirma esa teoría. Theron, alejada de la heroína de acción que vimos en Mad Max: Fury Road (George Miller, 2015) y veremos en Atomic Blonde (David Leitch, 2017), interpreta a una verdadera villana Bond: tan amenazante como paciente y tan cruel como letal. En absoluto control en todo momento sin ensuciarse las manos.

Es entonces que el oscuro agente del Gobierno Mr. Nobody (Kurt Russell) recluta al equipo de Dom, a Hobbs (Dwayne Johnson) y al villano de la anterior película, Deckard Shaw (Jason Staham) para atraparlo, y a Cipher.

Rápidos y Furiosos 8 intenta contar una historia más humana y lo logra, hasta donde la profundidad emocional que un grupo de gente bella escapando a 200 kilómetros por hora de un submarino puede ofrecer. Busca explorar es el concepto de que lo importante es la familia y todo lo que haríamos para protegerlos – aunque eso sea robarse un par de bombas nucleares.

La traición es apenas la premisa para una serie de persecuciones que van desde Nueva York hasta Rusia y que involucran desde varios cientos de autos controlados de forma remota hasta un submarino nuclear. Aún para los estándares de la franquicia, Rápidos y Furiosos 8 es exagerada, convirtiendo a sus personajes en verdaderos superhéroes y desafiando las leyes de la física a diestra y siniestra. Por supuesto, en el calor de la acción poco importa, pero cuando el humo se disipa uno se queda pensando si Dwayne Johnson realmente soportaría sin inmutarse una decena de disparos a quemarropa con balas de gomas.

Por supuesto la franquicia va renovando el plantel, sumando y perdiendo miembros del grupo, y por cada buena interacción entre Shaw y Hobbs (que pican alto en el machómetro), tenemos las insoportables intervenciones de Roman (Tyrese Gibson) y Little Nobody (el protegido de Mr. Nobody interpretado por Scott Eastwood) que son insufribles. Ramsey (Nathalie Emmanuel) es una buena incorporación y Tej (Ludacris) siempre garpa, pero se extraña a Han (Sung Kang) y Gisele (Gal Gadot) y será interesante ver quién reemplaza a Brian (el fallecido Paul Walker) como el compañero de Dom, ahora que sabemos que muy probablemente Dwayne Johnson no diga presente en la próxima película – parece que toda la pelea entre las dos estrellas no fue solo una movida publicitaria, y de hecho en el tour de prensa de la película nunca se cruzaron.

Párrafo aparte para Helen Mirren, que hace una aparición fugaz (de la que no voy a hablar porque contaría demasiado) pero, como esperábamos, se roba las escenas en las que participa. 

El director Gary Gray hace un buen trabajo detrás de cámara, manejando bien la acción, que aún en el medio del desenfreno es comprensible. Sin embargo, en una sección en particular abusa de las escenas en cámara lenta durante momentos innecesarios. Raro. El trabajo de fotografía también es muy bueno, aunque se note a la legua que las escenas de Nueva York fueron filmadas en Atlanta. 

El guión, por su parte, podría haber prescindido de tantos gritos en medio de la persecución e intervenciones de ciertos personajes que solo extienden ciertas escenas sin sumar absolutamente nada. Pero supongo que eso es tanto parte de la franquicia como los autos veloces.

Hablar de entretenimiento en una película de Rápido y Furioso es casi redundante. Acción no falta en la serie desde la quinta entrega (sin dudas la mejor de todas), que fue la que comenzó a redefinir el estilo y el tono. La pregunta que cada uno se tendrá que hacer es si es el tipo de acción que le interesa o no. Rápidos y Furiosos 8 continúa con la línea definida por sus predecesoras y pero sube la apuesta a niveles que por momentos rozan la parodia. Si van al cine con un gran amor por el realismo, se van a indignar bastante.


Quien se expone a una película de la franquicia sabe lo que va a ver: cuerpos trabajados, oneliners, autos rápidos y secuencias impresionantes. En su octava parte, la serie empieza a mostrar signos de desgaste aún cuando como Fast Five (2011), intente redefinirse y buscar un nuevo rumbo. Habrá que ver qué nos espera en la novena y si la lenta pérdida de estrellas afecta lo que, como dijimos, es una serie que depende mucho de sus personajes.