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Analisis | A tiempos desesperados, medidas desesperadas

ANÁLISIS: Better Call Saul S03E01: Mabel (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Nuestro abogado favorito está de vuelta haciendo las cosas bien... al menos, desde la pantalla.

“Better Call Saul” sigue demostrando que es uno de los mejores dramas de la TV. ¿Por qué? Con el arranque de su tercera temporada, un episodio en apariencia tranquilo y sin demasiado espamento, ya deja flotando un par de “misterios” en el aire, que no sólo se irán resolviendo a lo largo de este año, sino que sientan las bases para el futuro (y la conducta) de muchos personajes.

Desde que arrancó la serie, allá por el año 2015, estamos esperando atestiguar como Jimmy McGill (Bob Odenkirk) se convirtió en Saul Goodman, o mejor dicho, que lo arrastró hacia ello. El germen siempre estuvo ahí, pero temporada tras temporada, Vince Gilligan y Peter Gould –creadores del show- nos van arrimando el bochín, más que nada, para entender la complejidad de este simpático personaje que siempre se balancea entre las buenas intenciones y las metidas de pata. Es obvio que Jim siempre toma el camino más fácil, pero su moral (ojo, hablamos de moral y no de ética) tiene un peso especifico que suaviza sus actos más reprochables.

El final de la segunda entrega lo encontró confesando sus “crímenes” ante un Chuck (Michael McKean) desesperado y casi al borde de la locura. No justificamos (del todo) las acciones de James, pero el mayor de los McGill tampoco puede tirar la primera piedra. Sus tretas, sus engaños y sus acciones, tal vez, no van a tener consecuencias inmediatas, aunque todos ya vislumbramos que esa temida grabación va a arruinarle la vida muchísimo más a Kim Wexler (Rhea Seehorn) que a su resbaladizo hermano.

Ahí es donde está el verdadero dramatismo de “Mabel”, un capítulo impecable, una vez más, dirigido por el propio Gilligan. La abogada aceptó el juego de su compañero, consiguió el gran cliente que se merecía (porque sabemos que sí se lo merece), pero le sigue pesando la culpa de haber embarrado a Chuck y a sus ex socios de HHM. Tanta felicidad con respecto a Mesa Verde, no va a durar, y el tiro de Jim, seguramente, va a rebotar en Kim con las peores consecuencias. ¿Cuál es el plan de Chuck? No lo sabemos, y nos causa más miedo pavor que el regreso del Demogorgon.

“Mabel” arranca en el presente con un James convertido en Gene, gerente de Cinnabon, una pastelería de Nebraska. Una vida demasiado mundana, alejado de los peligros del tráfico de drogas, pero no de los roces con la ley y el “hacer las cosas correctas”. De vuelta en el año 2002, McGill sigue lidiando con sus fantasmas, aunque estos son un tanto diferentes. La tensa relación que tiene con su hermano, una debilidad que saca lo mejor y lo peor de su persona.

Pero Saul no es el único con problemas en el horizonte. A Mike (Jonathan Banks) no le gusta que lo vigilen y, mucho menos, los cambios de planes. La última vez que lo vimos estaba en el desierto tratando de asesinar a Hector Salamanca, pero se frenó al encontrar una notita sospechosa que lo “invitaba” a no seguir adelante. Todos sabemos por dónde viene la mano (¡Hola Gus!), pero queremos ver cómo se desarrollan los hechos. Ehrmantraut es un hombre inteligente y cauteloso, y en seguida pone manos a la obra para encontrar quien se esconde detrás de todo esto, demostrando que es tan habilidoso como el gato al cual le sigue este juego. ¿Es realmente así o alguien lo está poniendo a prueba?

Acá está la genialidad de “Better Call Saul”: sabiendo como se desarrolló esta trama (y esta relación en particular), lograr la tensión y el suspenso suficientes que nos puede llevar hasta ahí. “Mabel” no arrancó con bombos y platillos porque no los necesita, sólo ese mínimo empujoncito, la cámara prodigiosa de Guillian, las actuaciones de sus protagonistas (y esos silencios) y las acciones necesarias para llevar adelante una historia que, aunque sabemos como termina, esconde demasiados matices para ir descubriendo.     

CALIFICACIÓN: 9/10