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Analisis | Ojos que no ven

ANÁLISIS: Th1rteen R3asons Why S01E01-S01E02: Tape 1, Side A - Tape 1, Side B

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Por: Jessica Blady

El suicidio de una adolescente es el puntapié para este drama lleno de temas que hay que discutir.

Se cree (o así está estipulado socialmente) que la adolescencia es una de las peores etapas que atraviesa el ser humano. ¿Esto es realmente verdad? Si nos vamos a los extremos, ¿hay más suicidios de jovencitos perturbados o de personas adultas que padecen otro tipo de problemas? Dejamos la pregunta flotando en el aire porque, en realidad, no está tan relacionada con “Th1rteen R3asons Why”, la nueva serie de Netflix, basada en el best-seller homónimo escrito por Jay Asher en 2007.

El título hace referencia directa a las 13 razones que tuvo la joven Hannah Baker (Katherine Langford), estudiante de la secundaria Liberty High, para quitarse la vida. El hecho, obviamente, conmociona a estudiantes y docentes por igual, pero desata un montón de interrogantes que nadie quiere, ni siquiera, empezar a develar. ¿De quién es la culpa? ¿De los padres que no vieron las señales? ¿De la escuela que no supo dar la contención apropiada? ¿De sus compañeros, muchas veces abusivos, en todos los sentidos de la palabra? Por ahí se mete esta historia que no cae tanto en melodramas, sino en una trama de misterio.

Dos semanas después del suicidio de Hannah, la escuela trata de volver a la normalidad con todas las precauciones posibles: charlas, concientización y bla bla bla, como para no minimizar el hecho ante el juicio que se les avecina. Clay Jensen (Dylan Minnette), compañero de la chica, también intenta recuperar el rumbo, tratando de entender y encontrar algún motivo para explicar (y sobrellevar) la pérdida de esta personita que, obviamente, le importaba mucho más de lo que todos creen.

Las respuestas llegan a su puerta en forma de una caja misteriosa, la cual contiene un mapa de la ciudad y siete casetes de audio (sí, a la antigua) grabados por la mismísima Hannah. Allí explica las trece razones de su suicidio, siendo Clay una de ellas. Confundido, perturbado y sin entender que pudo haber hecho para causar tanta miseria, el joven decide embarcarse en esta extraña “aventura” que consiste en escuchar las cintas (en el orden establecido), recorrer lugares específicos del pueblo y luego pasárselas al siguiente de la lista.  

Claro que hay una lista, los “trece causantes”, y muchos ya escucharon a Hannah antes de que la caja cayera en las manos de Jensen. Éste, al principio duda, pero debe averiguar cómo encaja en esta historia, una historia que comenzó meses después de que la chica se mudara a la ciudad y empezara a transitar el recorrido en la nueva escuela. Como dice ella misma, “el principio del fin”, una serie de sucesos que se van entrelazando, más bien como una bola de nieve sin control que crece y arrasa todo a su paso.

También hay reglas y condiciones que deben cumplirse a rajatabla porque Hannah así lo dejó estipulado. Hay alguien de confianza que tiene como tarea ocuparse de que todos los involucrados escuchen, y pasen por este “proceso”. A diferencia de los demás, a Clay le toma más de la cuenta. Horas, días para oír apenas un lado de cada casete, que duelen como una puñalada. Ahí está la voz de esa chica a la que quería tanto y se fue sin dar explicaciones… hasta ahora.

Todo comienza en una fiesta que ofrece Hannah para conocer a sus nuevos compañeros. Un primer beso con Justin Foley, una foto desubicada y un rumor que se propaga por la escuela como una enfermedad contagiosa. Tal vez, si todo hubiera quedado ahí, no estaríamos hablando al respecto, pero las pequeñas y las grandes cosas se siguieron acumulando hasta que las frágiles emociones de la chica ya no pudieron asimilarlo.

Claro, hay un poco de melodrama en el comportamiento de Hannah. Hablamos de adolescentes, crueles y egoístas que nunca miden las consecuencias de sus actos. Cuando estos sucesos se cruzan con alguien que necesita un poquito de luz en su vida, es como si los planetas estallaran. Hannah es linda, pero insegura. Tiene padres que la apoyan, la quieren y sí, a veces, no se dan cuenta que necesita ayuda. Tiene amigos, compañeros que pueden ser falsos, pero también ha logrado espantar y apartar a unos cuantos con su actitud. No se trata de ponerse de un lado o del otro, juzgar a la víctima o a los victimarios. Todos son responsables en alguna medida, pero están los que “hicieron cosas” y los que se “callaron”.

Los dos primeros episodios de “Th1rteen R3asons Why”, el primer casete por así decirlo, están dirigidos por Tom McCarthy, ganador del Oscar por el guión de “En Primera Plana” (Spotlight, 2015). La narración empieza un poco lenta, pero va tomando impulso a medida que Clay acelera las cosas. Todo depende del tiempo que le lleva escuchar cada una de las cintas, asimilar lo que oye, creerle a su amiga y confrontar (o no) a los responsables.

La historia va para atrás y para adelante. Nos lleva al pasado para mostrar cada momento en los últimos meses de Hannah y de vuelta al presente, donde los padres intentan buscar pistas para demostrar la responsabilidad de los alumnos y la escuela (también la propia, claro), y donde ese grupete de chicos que aparecen en los casetes trata de evitar a toda costa que la “verdad” salga a la luz.

La verdad, en este caso, es el punto de vista de Hannah, muchas veces un tanto trastocado por su propio rencor y sufrimiento. No significa que sea mentira, sino la forma en que ella percibe su vida y la de aquellos que la rodeaban. Esto es lo más interesante de “Th1rteen R3asons Why” que no se queda sólo en temas “candentes” como el bullying, las relaciones sexuales, el alcohol, las drogas y la apatía adolescente, sino que los muestra a través de los ojos de cada uno de los personajes, demostrando que todos tienen sus mambos, más allá de lo que aparenten a simple vista.

Clay es el buenazo del grupo, el típico nerd introvertido al que le cuesta sociabilizar y, mucho más, con las chicas. No está libre de pecado, no es perfecto, pero tiene una brújula moral un poco más enderezada. Por eso la historia está centrada en él y las decisiones que va tomando a medida que repasa cada una de las cintas. Él es ese punto de quiebre y hay que llegar hasta el final para averiguarlo.           

“Th1rteen R3asons Why” se esfuerza por abarcar todo el abanico de posibilidades. Padres controladores, padres que dejan ser a sus hijos, padres preocupados. Chicos populares, porristas, los “freaks” de turno, los que abusan y los que son abusados. Maestros que intentan ayudar y otros que buscan la salida fácil. Las combinaciones son ilimitadas y todas forman parte de este microcosmos escolar que intenta explicar algunas razones de lo que sucede dentro y fuera de Liberty High. En última instancia, nadie puede saber con exactitud lo que pasa en la cabeza de cada chico que muestra un exterior muy diferente para tratar de encajar. En el caso de Hannah lo sabemos, porque nos dejó 13 capítulos para empezar a entender.

CALIFICACIÓN: 9/10