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Analisis | Volveré y seré millones

ANÁLISIS: The Walking Dead S07E16: The First Day of the Rest of Your Life (Spoilers)

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Por: Jessica Blady

Un final de temporada sin bombos ni platillos, ¿pero con un poco de esperanza para el futuro?

Ya podemos decir, oficialmente, que la séptima temporada de “The Walking Dead” no fue, ni de cerca, una de las mejores. Esto no es ninguna novedad, pero es mucho mejor analizarlo en perspectiva.

El final que nos ofrecieron, bastante alejado de la tensión, el dramatismo, la violencia y el gore de años anteriores, en seguida nos recuerda a la conclusión de la tercera temporada, con aquel primer ataque del Gobernador y la muerte de Andrea. Pero como ya dijimos en otras oportunidades, Sasha no es Andrea y, aunque hayan intentado que nos encariñemos con el personaje y compartamos su causa, nunca estuvo tan bien delineado para crear esa empatía. Tras la muerte de Bob y de su hermano Tyreese (una pérdida que sí tuvo peso y relevancia), la chica se convirtió en un peso muerto para la historia. Su destino se selló hace tiempo y era sólo cuestión de ver cómo terminaría todo para ella.

Es ahí donde surge uno de los principales problemas de este final de temporada tan insípido: a mitad de “The First Day of the Rest of Your Life” ya nos vemos venir gran parte del desenlace y, la verdad, es que a nadie le copa la previsibilidad en bandeja. Perdón si no les pareció tan obvia la traición de los chatarreros encabezados por Jadis, un grupo bastante hostil del que sabíamos poco y nada, y en el que Rick decidió confiar casi ciegamente desde el principio, incluso alejándose de sus estándares. ¿Tanta era su desesperación por conseguir aliados y acabar con Negan que dejó toda prudencia de lado? Podríamos justificarlo por ahí, pero entonces no sería el sheriff que tanto conocemos, ese que solía preguntar cuantos zombies… y humanos había matado una persona desde que empezó el apocalipsis.

Aquel lejano principio de temporada sacudió las cosas para el grupo y para Rick, que se sintió responsable directo de las muertes de Abraham y Glenn. La llegada de Negan y los Saviors sacudió las estanterías y pretendía cambiar la dinámica o, al menos, eso es lo que nos prometían los realizadores del show. Dieciséis episodios después, acá estamos, un tanto aburridos por el camino que adoptó la serie, cambiando el foco semana a semana, para presentarnos (sólo presentarnos, sin profundizar demasiado) a diferentes comunidades de sobrevivientes que, a último minuto, se unieron a la lucha de los alexandrianos.    

Ojo, el resultado final no está tan mal, el problema es cómo llegamos hasta ahí. David Fincher suele decir: “Dicen que hay un millón de maneras de filmar una historia. Yo creo que hay dos, y la otra es incorrecta”. En el caso de TWD, obviamente, fueron por el lado equivocado, estirando demasiado el “suspenso”, y apresurando un choque que pedía más minutos en pantalla. Nos metieron episodios centrados en personajes que siguen sin tener relevancia (¡hola Tara y Dwight!) y se olvidaron de desarrollar aquellos que parecían más interesantes  (Ezekiel).

Hablando de Dwight, ¿qué fue todo eso? ¿Qué pito toca al final este subordinado de Negan  que no logró nada, a pesar de estar en el candelero?  El Santuario, su relación con Daryl, su relación con Sherry, la culpa, las dudas, la intensión de redimirse. Desde que lo  conocimos, nos están dando a entender su relevancia, una relevancia que podría llegar a futuro, pero que no termina de cuadrar en la historia. Sí, lo entendemos, pero este en TV, muchachos, y como dicen, el tiempo es tirano.

Personajes desaprovechados (cómo extrañamos a Carl y Carol durante esta temporada), personajes sin rumbo, personajes que tuvieron un cambio demasiado drástico (Morgan) y eso no está mal, pero sí el tiempo y desarrollo que le dedicaron a ese cambio. Todos estos problemas derivan, más que nada, de la estructura inconexa que presentó la serie durante su séptimo año. Es verdad que nunca habíamos tenido tantos escenarios y protagonistas desparramados, pero a diferencia de shows como “Game of Thrones”, acá no supieron lidiar con tanto material y subtramas al mismo tiempo.

El enfrentamiento entre Alexandria y los Saviors prometía ser épico, al menos, eso es lo que nos imaginábamos. Todos unidos contra Negan, más allá de lo que dictaran las páginas del cómic. Hace tiempo que los realizadores ya no siguen por ese camino, pero tampoco se esfuerzan demasiado por sorprendernos con nuevos giros. Lo de Sasha, se vuelve predecible en un punto, pero igual logró su golpe de efecto. Sabíamos que la chica no iba a cambiar su actitud combativa y que, desde la muerte de Abraham, sólo tenía en mente vengarse de este villano. Hizo lo que pudo con lo que tenía a mano y, a pesar de sus esfuerzos y su sacrificio, admitámoslo, no le movió un pelo a nadie. Ni siquiera el viejo recurso del flashback (¿o son alucinaciones?) –muy semejante a lo de Tyreese, dale-, que trajo de vuelta a Michael Cudlitz, logra que nos comprometamos con esta parejita que no tuvo el tiempo suficiente para expresar su cariño.

Siempre fueron dos luchadores dispuestos a poner su vida ante los demás y así terminaron muriendo. Pero no son los únicos. Lo mejor de “The First Day of the Rest of Your Life” es, sin discusión alguna, el discurso de Maggie y el legado de Glenn. Aquellas primeras palabras en “Days Gone Bye” y aquel primer encuentro con Rick que cambiaría para siempre al grupo de sobrevivientes de Atlanta. Mucho pasó desde entonces, pero el desinterés de Glenn, brújula moral de todo, debe prevalecer aunque ya no esté entre nosotros. Este debería ser el pilar de la séptima temporada y lo que se viene, aunque los responsables del show no supieron encausarlo.

Necesitamos que vuelva Rick, el combativo y pragmático. Carol, Daryl, Carl… esos protagonistas con peso que solían sacudir las historia. Basta de Dwight, Rosita, Tara, Eugene (sobre todo Eugene) si no van a aportar un poco de relevancia. Queremos invertir nuestro tiempo (y emociones) en personajes y situaciones que nos conmuevan, que nos inviten a seguir preocupados por ellos y a sumergirnos nuevamente en sus aventuras. Esta séptima temporada nos alejó de todo eso, incluso del gore y el mero entretenimiento con una narración descarriada y un villano que prometía, pero terminó aburriendo con sus discursos megalómanos.

Claro que el próximo año le vamos a dar una nueva oportunidad, no nos dicen masoquistas por nada; pero estaría bueno que los realizadores revieran sus errores y entiendan que, en medio del apocalipsis, la unión hace la fuerza.  Nos vendieron un grupo de sobrevivientes que deben enfrentar a los muertos (cada vez más escasos) y a los vivos que, en muchos casos, son más peligrosos. La naturaleza humana siempre fue un factor importante del show, pero esta temporada fue difícil distinguirla del sinsentido y las trivialidades. Media pila para la próxima.

CALIFICACIÓN: 7/10