Publicado el

Editoriales | La historia de la Leyenda

Spoilerífico: Breath of the Wild

Volver a la home

Por: Maximiliano Baldo

En esta nota nos enfocamos en los detalles de fondo de la historia y personajes de este gran juego

Hace unos días tuve el honor de escribir mi análisis de Breath of the Wild, la nueva entrega de la saga de The Legend of Zelda que vuelve a sus orígenes para darle al jugador una experiencia de mundo abierto sumamente satisfactoria; pero si bien hice elogios de sus muchos logros hubo un punto en el que no pude decir tanto como quise: la historia del juego. En este texto nos enfocaremos en este apartado, así como en algunos otros detalles de interés. Ah, y como ya te habrás imaginado, VA A HABER SPOILERS, así que si no querés arruinarte la experiencia, por favor cerrá esta pestaña y andá a leer otra cosa.

¿Siguen conmigo? Muy bien. Comencemos.

Finalmente puedo decir lo mucho que admiro la historia en Breath of the Wild. El núcleo de la misma se nos es expuesto a muy poco de iniciar la aventura: Calamidad Ganon es una entidad maligna que ha tomado control del Castillo de Hyrule, y la Princesa Zelda ha estado manteniéndolo a raya durante los últimos 100 años, esperando el día en el que el Héroe de Hyrule regrese para terminar con semejante amenaza. No sólo es una historia básica, también sigue los estándares elementales de la gran mayoría de las historias del género, especialmente la de los propios juegos de la franquicia. De hecho, es totalmente posible ignorar todo vestigio de historia e ir directo a enfrentarnos a Ganon tan pronto como ponemos los pies en el continente principal de Hyrule, como ya lo he visto demostrado en impactantes videos de speedruns en los que el jugador tarda un promedio de 50 minutos desde que despierta en la Cámara de Sanación hasta que empiezan los créditos finales. Pero a menos que estés intentando mejorar tu tiempo, ignorar la historia de este juego es un verdadero despropósito.

El primer segmento de historia ocurre en la meseta inicial del juego. Tras obtener las habilidades de nuestra tableta sheikah se nos revela que aquel viejito misterioso que conocimos al inicio de la aventura era, en realidad, el espíritu del Rey de Hyrule (aunque esto se cae de maduro desde el primer momento que lo vemos). Es él quien nos habla de Calamidad Ganon y de los eventos que tomaron lugar un siglo atrás, dándonos la única misión que se mantendrá activa hasta el final del juego: Derrotar a Ganon. El siguiente fragmento de la historia nos lo pasa Impa en la Aldea Kakariko, quien nos habla de las cuatro Bestias Divinas y de los Campeones que habían estado destinados a pilotarlas. Las Bestias, además, son parte de la vieja tecnología sheikah de hace más de 10.000 años, que también es responsable de la tableta que tenemos en nuestro poder y de los temibles Guardianes que pululan por todo el continente, ya sea desactivados y juntando polvo como también activos en plena caza; tecnología que estaba a nuestra merced, diseñada con el único propósito de detener a Calamidad Ganon... pero que Ganon aprovecha a su favor, corrompe sus sistemas y las vuelve contra sus creadores. Ver las escenas de destrucción causadas por los Guardianes en pleno ataque de la Ciudadela de Hyrule es estremecedor. Más que en ningún otro juego de la saga, aquí se da por entendido que han habido muertes, y ver las carcasas inertes de los Guardianes aquí y allá, en particular detenidas en el Tiempo en poses inusitadas, cuentan mucho más de lo que un texto o un personaje hablando podrían explicar.

De aquí en más, el resto de la narrativa la debemos hallar en el orden que deseemos. Una de las pequeñas genialidades de la historia es que ya ocurrió. Todos los eventos transcurren en el pasado; son recuerdos que Link debe ir recordando, y hay varias formas de lograrlo. Algunos de esos recuerdos son encuentros que Link tuvo con los cuatro Campeones de antaño. Estas se habilitan en algún punto al encarar las misiones individuales para recuperar el control de las Bestias Divinas, y nos dan un pantallazo general de la personalidad de cada uno de estos personajes. Así conocemos al buenazo de Daruk, el campeón Goron, que se muestra tan confianzudo y animoso como los miembros de su raza; Revali, el campeón Orni, orgulloso y cínico (el único personaje al que le quise dar una trompada), que desconfía plenamente de las habilidades de Link como héroe; Mipha, la campeona Zora, el extremo opuesto del espectro, cuyos sentimientos hacia Link nos recuerdan de inmediato a Ruto, aunque en una versión muchísimo más tímida; y Urbosa, la guerrera Gerudo, de una nobleza que sólo se compara con su determinación y comprensión. Son cuatro grandes personajes que, lamentablemente, tienen muy poca presencia en la narrativa, más allá de sus apariciones en esos recuerdos específicos de sus Bestias Divinas y en algún otro recuerdo "principal" entre Link y Zelda, y ojalá el contenido DLC a futuro, ese que promete una nueva historia, se enfoque un poquito más en ellos.

Pero son los recuerdos principales los que más nos interesan. Desde el momento que se nos habilita la función de Cámara Fotográfica en nuestra tableta sheikah descubrimos que ya hay en memoria un puñado de fotos, tomadas por la Princesa Zelda hace 100 años. Debemos valernos de estas imágenes para encontrar el punto geográfico en el que se tomó la instantánea, ir hasta ese lugar y destrabar un recuerdo en la mente de Link. Cada una de estas secuencias cinemáticas nos muestran una faceta de la relación entre Zelda y Link, y lo que han hecho con la Princesa es simplemente fascinante. Aquí vemos a una persona que, secuencia tras secuencia, deja bien en claro todo lo que está sufriendo debido a su posición Real y su destino como Princesa de la Luz, incapaz de despertar su poder interno a pesar de que lo intenta con todas sus fuerzas. Así, en los primeros recuerdos (cronológicamente hablando) vemos a una muchacha berrinchuda que intenta valerse de la ciencia para ver si hace funcionar la vieja tecnología sheikah que promete ser el arma perfecta contra Ganon, mientras que su padre, el Rey, insiste en que esas son tonterías y que ella debería estar rezando todo el día, para así despertar su poder oculto. Para mejor, Zelda empieza odiando a Link por habérsele sido asignado como Caballero y Escolta Personal, siempre cerca de ella. Un par de recuerdos nos muestran el momento del cambio de personalidad, cuando Link salva a Zelda de una emboscada del Clan Yiga, y de ahí en más la Princesa le va confiando su sentimientos más y más. Es una evolución perfectamente creíble, y el excelente trabajo de los actores de voz transmite todos esos sentimientos de reproche, esperanza, desolación y, sí, cariño.

Pero entonces llegan dos importantes recuerdos. Uno de ellos puede ser activado en cualquier momento, al recuperar la Espada Maestra en el Bosque Kolog. Vemos a Zelda hecha un desastre, con las ropas rasgadas y, peor aún, con la Espada Maestra en las manos, sucia y en pésimo estado. Algo ha ocurrido con Link y lo único que Zelda puede hacer es dejar la espada a cuidado del Gran Árbol Deku para que recupere su poder, esperando el día en el que el Héroe de Hyrule regrese para reclamarla. Pero esta escena faltante, la que muestra qué fue lo que ocurrió y cómo, sólo podemos descubrirla al final. Una vez que recuperamos todas las memorias hemos de hablar nuevamente con Impa, quien nos mostrará una pintura con la localización de un último recuerdo. El lugar en cuestión es una pradera colmada de restos de Guardianes, y el recuerdo es impactante: es el momento del resurgimiento del Cataclismo Ganon, luego de que tomara el control de Bestias Divinas y Guardianes, y justo cuando Link lucha desesperadamente para proteger a Zelda de las amenazas mecanizadas. No sólo vemos la Espada Maestra en el pésimo estado en el que Zelda la entrega al Gran Árbol Deku, también vemos a su portador dando hasta la última fibra de su ser para cumplir su cometido... pero también vemos a la Princesa rogándole para que se detenga, que huya, que salve su propia vida... cosa que Link, desde luego, no hace. Así, justo cuando uno de los Guardianes se prepara para asestar el golpe de gracia, es Zelda quien se interpone entre el peligro y Link, y es su Poder Sagrado el que al fin despierta para detener a todos los Guardianes del área de un sólo golpe. Una vez pasado el peligro, sin embargo, Link cae, abatido. Aquí es cuando Zelda da la orden de llevarlo a la Cámara de Sanación, y de aquí sigue la secuencia del Gran Árbol Deku. No en vano es este el último recuerdo que se puede recuperar. Es una escena memorable que da cierre a todo lo que hemos ido viviendo. Otras Zeldas se han mostrado Altivas, Místicas y hasta Nobles... pero esta es su única versión que se me antoja genuinamente Humana.

No siempre hacen falta historias complejas. A veces una historia simple es lo único que realmente necesitamos, porque son sus personajes y la empatía que nos generan el único incentivo que necesitamos para seguir adelante; para cumplir la misión. Breath of the Wild consigue meter una historia lineal en un mundo abierto, y lo logra valiéndose del hecho de que esa historia ya ocurrió, y por lo tanto puede contarse en fragmentos desordenados. Son momentos que nos recuerdan todo lo que está en juego; todo lo que Hyrule fue, todo lo que puede volver a ser... y todo lo que no debe repetirse. Hyrule es la gente que lo habita, desde los Hylianos hasta los Orni, pasando por los Goron, los Zora y los Gerudo. Incluso los simpáticos Kologs tienen su lugar en el bosque. Y Calamidad Ganon, aunque no dice una palabra, su sola presencia termina generando inquietud. Está siempre presente, a la vista, a la distancia, cubriendo al Castillo de Hyrule con su esencia del mal, alcanzando al resto del reino con tentáculos invisibles. Y cuanto más sabemos de la historia, más inquietante se hace su presencia en el horizonte.

Sí; podemos ganar el juego en tiempo record... pero realmente no queremos hacerlo. Queremos salir y explorar. Queremos encontrar esos recuerdos. Queremos conocer a los habitantes de Hyrule. Queremos adentrarnos en el reino y descubrir sus secretos. Queremos respirar ese... ese "aliento de lo salvaje" al que el título de este juego alude. Cada paso que damos en este mundo nos hace querer más y más a Hyrule. Cada personaje que conocemos nos da un nuevo motivo para preocuparnos por su futuro. Y cada recuerdo nos hace parte cada vez más íntima de una verdadera Leyenda.

Como bien queda demostrado, tanto en la jugabilidad de Breath of the Wild como en su historia, es que lo que importa no es el destino, sino el camino que se recorre hasta llegar a él. Por eso... abrí los ojos. Hyrule te espera.