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Analisis | MAMÁ ES UN ZOMBIE

ANÁLISIS: Santa Clarita Diet - Temporada 1 (Netflix, 2017)

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Por: Leo Valle

Debuta en Netflix esta nueva comedia negra de zombies ¿Carne podrida o manjar irresistible?

“Sé que tenemos que matar a alguien hoy, pero tenemos que ser padres todos los días”, le replica Sheila (Drew Barrymore) a su marido Joel (Timothy Olyphant), en una frase que resume perfectamente el tono de “Santa Clarita Diet”, la nueva comedia negra de Victor Fresco (“Better off Ted”).

Sheila y Joel Hammond son una pareja de vendedores de bienes raíces que, después de 19 años juntos, ya pueden anticipar cómo será el resto de su vida juntos. Ella se muestra tímida aunque algo controladora y él está haciendo la plancha, viviendo una vida que nunca planeó. El trabajo, la hipoteca, y la crianza de su inteligente y ácida hija adolescente Abby (Liv Hewson) son las prioridades. Eso es, por supuesto, hasta que Sheila muere y, paradójicamente, despierta más viva que nunca: impulsiva, con un optimismo y seguridad inéditos y, claro… “necesidades gastronómicas” particulares. 

La nueva sitcom de Netflix utiliza un tema explotado hasta el hartazgo como premisa para plantear la transformación de la vida de esta familia típica de los suburbios norteamericanos, explorando la aceptación, los dilemas morales y lo que estamos dispuestos a hacer para proteger a nuestros seres queridos y mantener la sensación de normalidad en el proceso. Es por eso que los mejores momentos de “Santa Clarita Diet” se manifiestan cuando Sheila y Joel discuten acerca de cuestiones normales en un contexto de absoluta anormalidad, como un intercambio respecto de la tapa de un contenedor plástico  – el mismo en el que han depositado los restos de un compañero de trabajo que Sheila acaba de devorar.

Y aunque durante los primeros episodios la sangre y las vísceras abundan, la serie gira rápidamente hacia el costado más humano, poniendo en foco en las relaciones de los personajes y la manera que tiene cada uno de lidiar con las nuevas situaciones que se van presentando. Por supuesto ese cambio de tono se realiza dentro de un contexto igual de ridículo y sin abandonar el humor negro, pero es justamente esa ridiculez y ese tono de película clase B la que le permite a Fresco lidiar con el drama adolescente, el crimen y el misterio sobrenatural y quedar bien parado.

Vale destacar el trabajo de Hewson como Abby y el de Skyler Gisondo como Eric, el vecino nerd que es no solo es el responsable de guiar a los Hammond desde el costado “científico”, sino también el soporte moral de la joven. Ambos tienen sus propios intereses y pequeños dramas, los cuales, a diferencia de lo que suele suceder en este tipo de series cuando se enfocan en los personajes adolescentes, son interesantes y están bien conectados con los conflictos mayores.

Barrymore y Olyphant funcionan y se complementan de manera impecable como Sheila y Joel. Ella, con su cara de eterna niña, transmite perfectamente el recientemente descubierto optimismo de la no-muerta; y él, con el correr de los capítulos, se saca muy bien de encima el estigma de tipo rudo y frío que componía al irresistible Raylan Givens en “Justified”, para construir a un personaje intentando incorporar el hecho de que, de un día para otro, se ve obligado a matar gente para alimentar a su esposa.

En retrospectiva, el primer episodio es el más flojo de los diez que componen esta primera temporada. No solo porque se nota que Olyphant todavía estaba intentando hacer pie como Joel, sino también porque el guión se apura demasiado en “matar” a Sheila, sin profundizar en las relaciones entre los personajes antes de la transformación – haciendo menos evidente el cambio radical en sus vidas. Considerando que varios episodios posteriores son un tanto redundantes en ciertos conceptos, había tiempo para mantener la temporada intacta y exponernos un poco más a la cotidianidad de la familia antes de empezar con la matanza.

Asimismo, hay un gore exagerado durante la primera parte de la serie que lleva a pensar que Fresco estaba más preocupado en explotar las posibilidades del medio que en la relevancia de ciertas escenas para la narrativa. Por fortuna con el correr de los capítulos la historia se desdobla y el contenido no apto para impresionables decae notablemente, pero aún así, varios encontraran en esa crudeza inicial una pared insuperable – y no los culpo, ni el tono ni el humor de la serie son para todos.

Más allá de estas observaciones, “Santa Clarita Diet” funciona muy bien. El guión es bueno y el elenco principal es tan sólido como el de reparto, con la siempre confiable Mary Elizabeth Ellis como la promiscua vecina y Richard Jones y Ricardo Chavira como un par de policías que discuten constantemente acerca de cuál de las fuerzas a las que pertenecen es más efectiva (y brutal). Además, apariciones estelares de favoritos como Portia de Rossi, Patton Oswald, Nathan Fillion, Andy Richter y Thomas Lennon, agregan talento extra sin robar escena.


Netflix vuelve a pegarla con una comedia negra que aunque no es para todos, hará las delicias de los amantes del gore y los que anden con ganas de ver un nuevo producto de Fresco después de la prematura cancelación de “Better off Ted”. Olyphant y Barrymore tienen una química única y aunque no todos los chistes pegan, los diálogos mundanos llevados al contexto de una madre que se come a los vecinos, son impagables. Eso sí, no la vean durante la cena.