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Analisis | 13 años, 13 novelas... un nuevo comienzo

Nos encantó la adaptación de los libros de Lemony Snicket a Netflix

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Por: Florencia Orsetti

La nueva original de Netflix es una versión afortunada de la saga de 13 novelas de Daniel Handler

Ya han pasado 13 años desde aquella adaptación cinematográfica llamada “Una serie de eventos desafortunados” protagonizada por Jim Carrey. No tuvo el éxito esperado, claramente, aunque asumo que sirvió para acercar a adolescentes y niños a la única saga de fantasía juvenil fundada en el humor negro. Por aquel entonces la oferta de este tipo de ficción era desbordante y Harry Potter opacaba todo. Hizo falta darle tiempo al asunto y ahora, con la TV diversificada y evolucionada, hay lugar para todo tipo de historias, incluso para una protagonizada por los huérfanos más tristes y miserables. Vamos a hacer lo contrario que Lemony Snickett y vamos a pedirles que sí miren esta nueva serie de Netflix que como adaptación es, cuando menos, afortunada.

La serie sigue a tres niños, los hermanos Baudelaire: Violet, Klaus y Sunny, cada uno de ellos práctico y nerd a su manera, que conforman un grupo con mucha química y funcionalidad. Se complementan en todo. Los pequeños son la razón por la que estamos hablando de eventos desafortunados. Tras quedar huérfanos por un incendio, comienzan una racha de mala suerte y desdicha que los lleva a ser el foco de prejuicios e indiferencia de parte de sus mayores, quienes los subestiman por haber nacido en cuna de oro. Claro que el trio está muy lejos de ser el estereotipo de niño mimado; los chicos luchan siempre contra la adversidad y demuestran saber valerse por sí mismos, aunque a veces caen en el conformismo, momentos clave para no desentonar con el tono deprimente y decadente de la serie. Las interpretaciones corren a cargo de Malina Weissman como Violet y Louis Hynes como Klaus. La pequeña Sunny es encarnada por Presley Smith, aunque los momentos en los que lanza una de sus frases ininteligibles, su voice acting corre a cargo de la talentosa Tara Strong (Rugrats, Las Chicas Superpoderosas). Lo penoso es que hay varios momentos en los que Sunny la recrean con un CGI descuidado, lo que resulta ser una de las pocas pegas que podemos echarle en cara a la serie.

La verdadera estrella acá, de todas formas, no son los jóvenes Baudelaire sino el Conde Olaf, su excéntrico y despiadado nuevo tutor, que no quiere más que hacerse con la fortuna que les han dejado sus padres. Neil Patrick Harris brilla en el rol de Olaf. La caracterización resulta increíble no solo a nivel maquillaje, sino que Harris logra convertirse en un attention whore sin volverse denso, algo que a Jim Carrey no se le había dado del todo bien en la película de 2004. El nuevo Olaf exhibe la peor crueldad por momentos, pero no deja de lado ese costado torpe y divertido que tiene el personaje en las novelas.

El plantel de actores a destacar cierra con Joan Cusack como la ingenua jueza Strauss y Patrick Warburton como el mismísimo Lemony Snicket, la voz del autor hecha personaje que se presenta como el factor que amalgama todos los componentes de la trama y nos va guiando en esta historia de desgracia y desesperanza.

Justamente, la saga de libros ‘Una serie de eventos desafortunados’ está caracterizada por tener un narrador que por momentos es personaje. Los roles se desdibujan y Snicket, que no es más que el alter ego de Daniel Handler, el autor de la serie de novelas, se va involucrando más y más en la desgracia de los Baudelaire. La serie resuelve esta ambigüedad de forma muy satisfactoria al hacer que el personaje de Warburton aparezca como un narrador externo que vive rompiendo la cuarta pared y  así, la presentación de la historia termina ganando un tono teatral que se complementa perfectamente con la estética gótica victoriana exagerada –que parece escenografía– y la textualidad absurda del guion. La adaptación cinematográfica tuvo que amuchar tres libros en dos horas de metraje. Esta producción de Netflix dedica dos episodios a cada volumen literario lo que hace que se tenga el tiempo para dar lugar a las jugarretas lingüísticas y a la divagación postmoderna del libro.

En definitiva, “Una serie de eventos desafortunados” es la adaptación que siempre quisimos de la historia de Snicket, una que no solo es fiel en los contenidos, sino también en la ejecución, algo que se suele perder en los traspasos de literatura a la pantalla. En la serie, las desgracias de los hermanos Baudelaire están más emparentadas con la sátira y el nihilismo del teatro de lo absurdo, y no tanto con la comedia, el estandarte de ese Conde Olaf gracioso de Jim Carrey, que no estuvo mal por ese entonces, pero que claramente no captó el espíritu agridulce de las novelas. 

PUNTUACIÓN: 8/10