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Editoriales | Nintendo Switch

CONTRATAPA: Nintendo Switch, cuando el cambio no alcanza

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Por: Leo Valle

Después de la presentación y un fin de semana de confirmaciones y negaciones, ¿compramos la Switch?

Existe un paradigma particular en la industria de los videojuegos que siempre me llamó la atención: los términos utilizados para definir a los aficionados o aquellos que muestran cierta preferencia por productos de Sony o Microsoft, como “Sonyer” o “Xbox..¿er?”, suelen tener un tono despectivos. Sin embargo, a quien se denomine “Nintendero”, se lo representa como un amante de las buenas artes, un nostálgico que pone la diversión, el color y el disfrute familiar del entretenimiento interactivo como pilares fundamentales de sus decisiones de compra.

Yo, como sabrán, no soy “Nintendero”. No porque no me guste la diversión, el color, o disfrutar mis juegos en familia (bueno, esa última parte puede ser), sino porque desde que vengo pagando mis consolas, nunca pude justificar la compra de un sistema no-portátil de la gran N. Nintendo 64 era una bestia con juegos carísimos mientras un joven Leo disfrutaba de comprar discos pirateadísimos en la feria a precio popular; Gamecube era una consola prácticamente de elite casi inexistente en nuestro país, mientras que PlayStation 2 gozaba de uno de los mejores catálogos (sino el mejor) de la historia de los videojuegos; Wii era el juguete para la nona y mamá desentendido de las bondades de la alta definición con experiencias brillantes como los Mario Galaxy; y Wii U un experimento que nunca pudo capturar el fenómeno de su predecesora y terminó confirmándose “de transición” – y un estrepitoso fracaso.

Todas ellas hubieran sido para mí la “segunda consola”. La máquina para jugar juegos de Nintendo, un puñado de exclusividades y nada más. Y sinceramente nunca tuve lugar en mi vida para más de una plataforma, por lo que siempre dejé pasar (y diría que sacrifiqué) esas grandes experiencias para poder aprovechar un catálogo más nutrido y acorde con mis preferencias de juego.

Switch, por lo que vi hasta ahora (y como intuía) vuelve a caer en ese lugar de consola complementaria. Un chiche en el cual jugar un gran Zelda, uno o dos geniales juegos de Mario, alguna nueva IP de Nintendo y cinco o seis grandes títulos de estudios externos. Pero hoy me encuentro en la misma situación que antes (aunque por motivos ligeramente diferentes): no tengo lugar en mi vida para dos consolas o un sistema boutique que vaya a usar dos veces por año por más maravillosa que sea su principal característica.

Y es una pena, porque Nintendo realmente la pegó con la “killer feature” de la Switch. Por lo que hemos podido ver, leer y escuchar, la transición entre consola casera y portátil es perfecta, los Joy-Cons ofrecen muchas más opciones de las que esperaba, y ciertos detalles, como la posibilidad de conectar ocho consolas en LAN, ilusionan con una nueva forma de multijugador local. La compañía logró conjugar un hardware que es una maravilla de diseño y accesibilidad con el software que todos queremos ver. The Legend of Zelda: Breath of the Wild pinta ser uno de los juegos del año y uno de los mejores juegos de la serie, mientras que “1,2 Switch” es una brillante colección de minijuegos (que yo creo estaban pensados para un WarioWare de Wii U que nunca vimos) que demuestran las capacidades de los Joy-Cons y se posicionan como el próximo Wii Sports en lo que a impacto en el público casual refiere. 

Sin embargo, en materia de software, el resto del catálogo no es muy esperanzador que digamos. Además de los dos mencionados, solo tres títulos más estarán disponibles el 3 de marzo próximo cuando Switch se ponga a la venta: Super Bomberman R, Just Dance 2017 y Skylanders Imaginators. Una lista muy alejada de las decenas de juegos disponibles el primer día para Wii, Wii U, y hasta 3DS. Lo más extraño es que hay juego que son reimaginaciones de títulos ya establecidos, como Minecraft, Dragon Ball Xenoverse 2, I am Setsuna, Steep y hasta Mario Kart 8 Deluxe, que no parecen tener demasiada excusa para no estar disponibles durante marzo. Ni hablar de Ultra Street Fighter II, que parece divertido como un clásico juego de la serie, pero también se siente como un descargable de Xbox Live y no tiene fecha de lanzamiento confirmada siquiera.

El todopoderoso Reggie ya salió a tranquilizar a las masas diciendo que la idea es que durante todo el año haya una regularidad en los lanzamientos, para mantener ocupados a los que se hayan decidido por una Switch. Splatoon 2 y Super Mario Odyssey son diamantes en la lejanía, pero llama la atención que, al menos para rellenar, no formen parte de la lista juegos confirmados por los propios estudios, como Yooka-Laylee o Shovel Knight, que sí tienen fecha estimada de lanzamiento. La compañía sabrá manejarse y los acuerdos que ha realizado, pero de todas maneras ver la imagen que circula con los 26 títulos prometidos para 2017 (varios de los cuales ya están disponibles o estarán disponibles en otras plataformas) es un tanto desalentador.

Tampoco me termina de cerrar el precio. En lo personal esperaba una versión más económica de la consola, especialmente considerando los accesorios o extras que va a precisar. Los 32GB de almacenamiento interno son un chiste, por lo que (quien planee comprar juegos digitales) tendrá que recurrir a una tarjeta SD de por lo menos 128GB. Tirale encima la funda que necesitás para disfrutar su valor portátil sin romperla en el primer viaje, quizá un segundo dock para tener en la oficina y un par de Joy-Cons más, y ya estás en casi 600 dólares. Eso sin contar que “1,2 Switch” no es un juego incluido en el paquete, algo muy extraño, considerando el precedente de Wii Sports y NintendoLand en Wii y Wii U respectivamente.

Considerando que hoy por hoy es posible conseguir modelos de Xbox One y PlayStation 4 con juegos a menos de 270 dólares, la consola de Nintendo no parece ocupar la categoría de “compra compulsiva” con sus 300 lechugas y sus accesorios a costo premium casi en nivel Apple: un dock (que es un pedazo de plástico con USB-C, HDMI, USB y sin Ethernet) cuesta 90 dólares, los Joy-Cons 80 el par y 50 sueltos, el Pro Controller 70 y un Joy-Con Grip que cargue los joysticks (el incluido no lo hace) 30.

Aún así, antes de conocer los detalles de la consola, y durante las épocas de rumores, en mi cabeza circuló la posibilidad de hacerme con una Switch. Es que yo tengo un iPad Mini. Y esta consola tiene una pantalla más grande que un iPad Mini y los juegos corren y se controlan mejor que la tableta de Apple. Por eso, cuando se especuló con que la Switch iba a correr bajo Android, la imaginé como un posible reemplazo de la tableta, en la que no solo juego, sino también leo cómics, veo películas y hasta chequeo alguna red social. 

Sería ideal poder usar la Switch en un modo táctil, sin los controles conectados. La batería (que ronda entre las dos horas y media y las seis horas de uso) rendiría bastante más, y podría ser un dispositivo de múltiples usos. Ni siquiera tiene que correr Android puro, sino que podría utilizar una versión propia como hacen Samsung y Amazon con algunos de sus productos. En ese caso me vería a mí mismo buscando una Switch, como el reemplazo de algo que ya tengo con más funciones. Pero ahora mismo, como un mero objeto de lujo no me resulta atractiva.

No me quedan dudas de que la consola va a vender a patadas durante sus primeros meses. Y espero que el fuego de Switch se expanda como se expandió el de la Wii hace una década. Sin embargo, yo quiero jugar For Honor. Quiero jugar un FIFA de verdad. Me gusta saber que no me voy a perder de Red Dead Redemption 2, Mass Effect Andromeda, Star Wars Battlefront 2 y el resto del catálogo planeado para este año. No soy hardcore ni mucho menos, pero no está en mis planes comprar una consola por diez juegos cuando la que tengo tiene un catálogo de cientos de títulos con decenas más en camino este año.

Si no queda otra, supongo que tendré que volver a sacrificar el jugar un gran Zelda, uno o dos geniales juegos de Mario, alguna nueva IP de Nintendo y cinco o seis grandes títulos de estudios externos.