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Mis cosas favoritas de 2016 x Fichinescu

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Por: Ignacio Esains

Tags: COTY 2016
Un año agitado, con un top que no tiene ninguna de las cosas que este pibe votó en otras listas...

A riesgo de contradecir el meme, 2016 no fue un año particularmente malo para mí. Ni muy bueno. Fueron 12 meses de tratar de adaptarme a situaciones que cambiaban todo el tiempo, y en esos casos la cultura pop suele ser un ancla. Calculo que este año viví en 6 departamentos distintos, a veces sin Internet, a veces sin una tele digna a mano - me salvaron los aparatos portátiles. Cómics en tablet, música y podcasts en celular, gaming fragmentado, cine nulo, y muchas, pero muchas series de TV en pantallas de pocas pulgadas.

 

  • 10
    The Senpai
    La muerte de mi notebook gamer hace poco más de un año limitó mucho mi acceso al gaming independiente - no pude jugar Quadrilateral Cowboy, tampoco Oxenfree, y a duras penas terminé el acto cuatro de Kentucky Route Zero con un framerate patético. Pero aunque ame estos indies sesudos, mis indies favoritos suelen ser rarezas tipo twine que se terminan en una hora y me dejan una emoción bien clara, bien específica. Horse Master, por ejemplo, o Digital: A Love Story.

    ”The Senpai” me hizo reir más que cualquier cosa que jugué (o leí, o ví) este año. En los 20 minutos que dura, mi cara brillaba como un emoji, sin poder creer que esta idea perfecta (un capítulo de Seinfeld en formato de novela visual que a la vez parodia arquetipos de secundaria japonesa) estuviera tan bien ejecutada. Los últimos cinco minutos me hicieron reir tanto que no puedo pensar en el final en público.
  • 9
    Richard X
    Imaginate un productor de bandas pop femeninas al que sólo le gustase una canción. Y que esa canción fuera “Warm Leatherette” de The Normal.

    Hace unos 15 años era lector asiduo de NME y trataba de enterarme de todo lo que estaba pasando en la escena de la música independiente inglesa post-britpop. Uno de los géneros (de corta vida) que más me estimulaban era el electroclash, y Richard X era uno de los productores de moda de esos días. X era un cultor de mash-ups que produjo “Freak Like Me”, el tema con el que explotó en las radios (de allá) Sugababes - unas Spice Girls de alma punk que componían pop cristalino, maravilloso. Seguí a las babes, a Richard le perdí un poco el rastro pero hace unos meses escuché otro tema de 2004 producido por él… básicamente idéntico, y me puse a rastrear su obra. Toda es fantástica.

    Es muy fácil encontrar buena música, en especial en la era Spotify en la que todo está al alcance de la mano… pero es difícil encontrar música que te hable a VOS, que te acompañe en tu día, que te ayude a gatillar ciertas emociones que necesitás activar para un trabajo creativo. Este año para mí fueron músicos tan disímiles como Paul Simon (en modo solista), la cantante country Kacey Musgraves, Kendrick Lamar, y X. Acá tenés una selección de sus composiciones y mixes - ¿quién sabe si te causa el mismo efecto?
  • 8
    Degenerado
    Hace fácil 10 años que no leía cómic de forma tan asidua como lo hice en 2016, y a pesar de que Marvel está en el punto más bajo de su historia y de que la mitad de las historias de DC me interesan poco y nada, disfruté todo lo que leí, pasándola bien con el acto de saltar de cuadro a cuadro, de recorrer el camino de la historia con la mirada.

    Leí muchas bellezas de Image este año, descubrí nuevos talentos, y retomé el cómic europeo, leyendo por fin obras esenciales como “La Ascensión del Gran Mal”, “El Camino de América”, “Los Combates Cotidianos” y “Degenerado”, una maravilla de Chloé Cruchaudet que debo haber repasado veinte veces, obnubilado con una historia trágica, romántica, que no juzga a sus personajes pero lamenta todo lo que les ocurre. Como en el cómic de otra francesa, “El Azul es un Color Cálido”, cada página parece palpitar, seducirte primero, rechazarte después, volver a llamarte. Vean esto.
  • 7
    Café con Nerds
    Los que lean Malditos Nerds notarán que siempre estamos tratando de hacer cosas nuevas, no tanto por subirnos a una moda (eso suele no terminar bien) sino porque es una excusa para ejercitar nuestra propia curiosidad. Por mi lado, pasé un año estudiando youtubers para el libro que publicamos, y tratando de entender un poco si se puede aplicar a lo que hacemos en Malditos Nerds - ¿cómo se conjuga ese entrenamiento tan “radio” que tenemos con el streaming y la grabación de videos?

    Leo, por su lado, se fue por el “menos es más”, eliminando todos los elementos innecesarios para concentrarse en una transmisión que tiene, para mí, lo mejor de la radio y lo mejor de YouTube. El programa es un monólogo en clave de conversación con la comunidad más activa que haya visto en un stream de este tipo… claramente es una expresión de su personalidad, pero su obsesión con la calidad hace que esa conversación siempre sea fluida desde lo técnico, que no haya tiempos muertos, que cada idea se exprese de forma clara, que la gente no se quede afuera y a la vez que piense bien lo que va a aportar a la charla.

    Durante las últimas semanas de redacción del libro, era casi un ritual empezar la mañana con “Café con Nerds”, y lo seguiría siendo, pero preferí dejar de escuchar. La experiencia depende mucho de ese rol de radioescucha/alumno/contra de Leo, y en un punto empecé a sentir que mi presencia, con un rol que tiene más que ver con mi relación con Leo como compañero de redacción, hacía que esa alquimia perfecta que maneja se diluya un poco. Está bien - me encanta que exista, aunque no sea para mí. Podés escuchar una selección de programas enteros acá.
  • 6
    Ultralight Beam
    ¿Por qué a los ateos nos suelen pegar cosas específicas que tienen que ver con la espiritualidad? Jesús y su pandilla nunca fueron parte de mi vida ni lo serán, pero como le pasaba a mi tía abuela con los cantos gregorianos o a mi abuelo con algún que otro requiem, me encuentro con expresiones sinceras de fervor religioso que me impactan, aunque la verdad a la que apunten no me mueva un pelo. Me pasó con las “Cartas a un Joven Poeta”, con ciertos momentos de “Ico” y “Journey”, con aquella secuencia del “Árbol de la Vida” de Malick y este año, muy fuerte, con esta canción de Kanye West.

    Todo el disco es bueno, y la canción se despoja de cierta retórica CBC que tenía “Jesus Walks” para dar lugar a otras voces que describen el “god dream” de Kanye. Ahí es cuando llega Chance the Rapper, con una secuencia a la vez conmovedora, graciosa, tierna como el hip hop casi nunca se permite ser. Es una canción que no puedo tener de fondo. Sale en una playlist y no puedo seguir caminando. Así de potente es. (no, no me voy a unir a una secta, a menos que Kanye ponga uno). Acá va una versión lindísima en vivo en SNL (lo mejor que se vio en ese programa horroroso este año).
  • 5
    La Trilogía de las Mejores Intenciones
    Empecé a leer cómics en la recta final de la “invasión inglesa” de Moore, Gaiman y Morrison. Aunque llegué a comprar el final de Sandman en vivo y palpité The Invisibles número a número, los grandes cómics de mi admirado Alan Moore ya estaban en el pasado, y aunque disfruté el proceso de buscar y leer cada una de sus historias en tacos de Zinco o pésimos scans bajados de una proto-internet, conocí su voz cuando estaba formada del todo, no pude acompañar cada nueva idea, cada personaje, cada cambio.

    Voy a ser sacrílego: Tom King es tan bueno como Alan Moore, o al menos tan bueno como el Moore de 1985, cuando estaba a punto de sentarse a escribir el primer número de “Watchmen”. Seguramente algún día me siente a escribir sobre esta trilogía, pero por ahora sólo puedo disfrutar de leer una y otra vez las tres series de 12 números que las componen, “The Vision”, “The Omega Men” y “The Sheriff of Babylon”, tres historias sobre hombres violentos que terminan afectando de formas irreparables lo que querían solucionar. Es una trilogía temática que refleja los Estados Unidos de 2016 tanto como “V de Venganza” reflejaba Inglaterra en 1982.
  • 4
    Empire TV Tycoon
    El juego que más feliz me hizo en 2016 no está en ninguna lista, y creo que no lo nombre en meses, no se lo recomendé a nadie - ¿será por egoísmo, para que siga siendo “mío”?

    Es más - creo que lo jugué sólo una vez, hace casi exactamente un año: el primero de enero de 2016, día en que me desperté ligeramente mareado y decidí quedarme todo el día en pijama, jugando alguna porquería que tuviera bajada en Steam. La tienda virtual estaba de liquidación, y entre los títulos a la venta encontré esta belleza, una copia casi perfecta de uno de los juegos favoritos de mi adolescencia, el simulador de canal de televisión alemán “Mad TV”.

    Con la nostalgia me alcanzaba, pero “Empire” resultó ser buenísimo. Jugué unas 10 horas esa tarde que se convertía en noche, empezando un 2016 en el que no tenía mucha fe y que necesitaba que fuera perfecto. Ese primero de enero, lo fue, veremos qué me trae Steam en 2017.
  • 3
    Gilmore Girls / Gilmore Guys
    Como todos los que están leyendo esta página, tengo una pila infinita de “backlog”: películas, series, juegos, cómics, libros - si viviera tres vidas no me alcanzaría para ver todo lo que “tengo que ver”, jugar lo que “tengo que jugar”, leer lo que “tengo que leer”. Y aún así, este año decidí dedicar cientos de horas a maratonear “Gilmore Girls”, una de mis series favoritas, de principio a fin.

    Un poco fue la nostalgia, esa necesidad de encontrar un ancla de la que hablaba en la introducción, pero con cada capítulo empezó a surgir un fenómeno más interesante, que como espectador fue mucho más interesante que ver algo nuevo. El primer impacto fue notar el cambio de mi relación con los personajes. Las “chicas Gilmore” son Lorelai, administradora de un hotel de 32 años y su hija Rory de 16 - obviamente cuando vi la serie a los 19 me identificaba con Rory, y más de 15 años después estoy más cerca de Lorelai, o mejor dicho lejos de las dos porque su dinámica familiar ya no me refleja de ninguna manera.

    ¿Cómo es ver una serie cuando se corre tu centro empático? ¿Qué representa cambiar mi opinión con respecto a una pelea o un romance desde mi nueva perspectiva? Necesitaba hablar con alguien del programa, y por suerte encontré un podcast perfecto, “Gilmore Guys”, que se toma una hora y pico para analizar cada uno de los episodios, desde una perspectiva irreverente que en vez de rendir pleitesía a la serie busca entender las decisiones de detrás de escena.

    Pero lo que me abrió los ojos fue hacer esa arqueología televisiva, personal. Desde mi época de otaku que no me había metido tan de lleno en las minucias de una obra, y fue un proceso que disfruté más que cualquier serie nueva que vi en 2016.
  • 2
    Lo-Fi Let’s Play
    En 2014 y 2015 escuché muchos podcasts de videojuegos, formato que se ha estancado un poco en los últimos meses, mientras que mis periodistas de videojuegos favoritos por fin están desculando qué hacer con YouTube.

    Mi canal favorito de estos meses (aunque actualice muy poco) es “Lo Fi Let’s Play” en el que la retirada de la prensa escrita Leigh Alexander juega aventuras ignotas de principios de los ‘80, en sus versiones de Apple II y CGA. En una línea distinta está el canal de su esposo Quintin Smith, “Cool Ghosts” que busca algo más interesante que hacer reviews y primeras impresiones. El desaforado Jim Sterling ha mejorado muchísimo desde que sacó su “Jimquisition” de sitios desesperados por clicks, y el trabajo de Danny O’Dwyer en el documental de “Doom” es de calidad cinematográfica. Claro - todos estos cracks tienen en común que solo responden a sus suscriptores de Patreon.
  • 1
    Hitman
    Desde marzo, no hay un momento en mi día en que esté haciendo algo que prefiera hacer a jugar Hitman. Dibujo estrategias para cumplir contratos en servilletas de bares. Como Darín en “El Aura” me imagino cómo cometería crímenes sin ser detectado en cada edificio que visito. Dentro del juego he perseguido huéspedes (huéspedes que NO tengo que matar) a través de un hotel durante 20 minutos sólo para conocer sus historias.

    Hitman me encanta, hablaría de Hitman durante horas, y sin embargo tengo abierto en mi PC hace más de un mes un documento que dice “Análisis Hitman” que excede cinco páginas de anotaciones pero que por alguna razón nunca toma forma de un artículo. Tengo claro lo que quiero decir sobre este juego, pero quiero mostrarlo de otra manera, buscar un lenguaje que se adapte un poco más a la forma en la que experimento un juego.

    Y creo que lo voy a hacer. Hitman es mi juego favorito del año, de la generación, de esta década (perdón “Catherine”), tanto que me dio una idea para hacer contenido en video que (espero) pondré en práctica en los próximos días y (espero) hará justicia a este juego sublime, y los juegos sublimes que vengan detrás.

1. The Senpai

La muerte de mi notebook gamer hace poco más de un año limitó mucho mi acceso al gaming independiente - no pude jugar Quadrilateral Cowboy, tampoco Oxenfree, y a duras penas terminé el acto cuatro de Kentucky Route Zero con un framerate patético. Pero aunque ame estos indies sesudos, mis indies favoritos suelen ser rarezas tipo twine que se terminan en una hora y me dejan una emoción bien clara, bien específica. Horse Master, por ejemplo, o Digital: A Love Story. ”The Senpai” me hizo reir más que cualquier cosa que jugué (o leí, o ví) este año. En los 20 minutos que dura, mi cara brillaba como un emoji, sin poder creer que esta idea perfecta (un capítulo de Seinfeld en formato de novela visual que a la vez parodia arquetipos de secundaria japonesa) estuviera tan bien ejecutada. Los últimos cinco minutos me hicieron reir tanto que no puedo pensar en el final en público.
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