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Editoriales | Aguafuertes

Aguafuertes: El Otro Lado / Un Reconocimiento

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Por: Victor Gueller

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Dos nuevos monólogos toman por asalto la última Aguafuerte del 2016.

Dos breves ficciones para acompañar el brindis de fin de año. La primera, El Otro Lado, requiere para su completa comprensión la lectura previa de Lágrimas Negras, monólogo publicado hace unas semanas. La segunda, Un Reconocimiento, es una pequeña oda al absurdo tristemente inspirada en sucesos reales. 

 

El Otro Lado

Mirame. Mirame bien.

¿Qué ves? ¿Notaste algo?

No, no tengo nada que llame la atención.

No soy especialmente alto. Tengo unos kilitos de más. Ni siquiera tengo pelo.

¿Queres que te diga la verdad? No me importa, no me importa nada.

Creo que todos nacemos con algo, no sé, digamos un don. Mi don es que así como vos me ves, las mujeres me encuentran irresistible. No te equivoques eh, no es que aparezco mágicamente en cualquier lugar y las minas caen rendidas a mis pies... no, no es tan fácil. No me pongas esa cara che, yo te voy a contar mi secreto.

Durante siglos, las mujeres nos hicieron creer que quieren ser las únicas en la vida de sus hombres. Dejame decirte que eso no es tan así. Ellas no quieren ser las únicas sino las más importantes, que no es lo mismo. Si sos un romántico caballero medieval capaz de recorrer el mundo dejando una estela de heroísmo a tu paso, estás muerto, o sin ponernos tan extremistas, vas a ser un cornudo. Ellas no quieren eso, se aburren. Necesitan saber que detrás de ella hay otras mil mujeres esperando dar el zarpazo. Les gusta la competencia, disfrutan sabiendo que la estás eligiendo a ella pudiendo elegir a cualquier otra.

Lo más importante de todo es saber mentir. Y no, no me refiero a las mentiras típicas como “estás más flaca” o “qué bien que te queda ese vestido”. Lo que yo hago es un poco más complejo, es casi como un arte. Y ese es mi don.

Mi truco es asegurarles que jamás me van a poder cambiar. Decirles que mi naturaleza es así, que tienen que aceptarme como soy. Todo esto hay que hacerlo con una expresión compungida, resignada, que les haga creer que en el fondo si nos gustaría ser fieles, pero que todavía no encontramos a la mujer indicada. Listo, eso es todo. A partir de ese momento, ella va a hacer lo imposible por llamar nuestra atención. Sabrá que otras mujeres estarán haciendo lo mismo al mismo tiempo, y que cada rato que le dediquemos a ella es un rato que no le vamos a dedicar a ninguna otra.

Una vez que picó la carnada, lo que hay que hacer es administrar sabiamente una serie de frases infalibles. Si por ejemplo decimos “te extrañé” y al instante ponemos cara de no haber querido decir eso, te aseguro que esa noche la vas a pasar bien. 100% garantizado. Y ni te cuento si soltás un “tenía ganas de verte”, o le caés con un chocolate o una flor. El chocolate tiene que ser chiquito eh, nada exagerado, y no más de una o dos rosas, el ramo completo las asusta.

Te voy a contar una que me pasó hace poco. La mayoría de las minas con las que salgo saben que no tienen la exclusividad. Pero también hay otras a las que hay que hacerles el versito del novio. Esta valía el sacrificio, no sabés lo que era: silueta perfecta, carita de angel, la mujer ideal para presentar a tu familia.

Después de unos meses, se dio cuenta de cómo venía la mano. Lo mejor en estos casos es evitar los problemas; le das la razón, le pedís perdón y seguís con tu vida. Pero la flaca estaba tan enganchada conmigo que me invitó a su casa y hasta me preparó unas milanesas. Te juro que creí que más allá de todo, esa noche me la movía.

Terminamos de cenar y le dije que me sentía mal, sabiendo que ella no iba a querer que me fuera en ese estado. Enfilé a la cama y esperé un rato a ver si ella se acostaba conmigo, no sabés el vestido que tenía puesto, era para enamorarse. En un momento creo que me dormí, y después… la verdad no me acuerdo que pasó después.

 

Un Reconocimiento

Ustedes no se imaginan lo que este premio significa para mí. Fueron años de lucha, de sacrificios, de ilusiones rotas. Y ahora, mirando atrás, siento que todo valió la pena. Cuando mis compañeros del colegio se iban de viaje de egresados, yo tenía que ir a audiciones, cuando en mi familia había algún festejo, yo apenas podía comer una ensaladita con agua mineral, cuando mis amigas salían con chicos, yo me despertaba en la cama de productores que no voy a nombrar por respeto a sus familias.

¿Saben lo que era abrir los ojos, mirar a mi alrededor y darme cuenta que tenía un cuerpo extraño y desnudo a mi lado? Muchas veces ni siquiera sabía dónde estaba, sólo sabía que esa no era mi casa. Así fue mi vida durante muchos años. Pero ahora, con este premio entre las manos, sólo siento orgullo, orgullo y agradecimiento.

Quiero agradecer, en primer lugar, a mi papá, que jamás se cansó de llevarme a todos los castings que encontrábamos en Internet. “Algún día vas a servir para algo”, repetía, y sus palabras me marcaron a fuego. No iba a rendirme tan fácil, no estaba dispuesta a decepcionarlo. ¡Hola papá, mirá, llegué!

Mi mamá también fue muy importante. Ella siempre se ocupó de que esté divina. Si me tenía que dejar sin comer por una semana para la campaña fotográfica del pelotero del barrio, lo hacía; si me tenía que presentar al hijo del camarógrafo de un canal de cable, lo hacía. Ella priorizaba mi futuro por sobre cualquier otra cosa y al final tuvo razón... estoy acá.

Mis amigos, por suerte, siempre me tuvieron paciencia. Para evitarme la tristeza de tener que faltar a sus cumpleaños, directamente no me invitaban. Eran tan considerados… algunos de ellos, incluso dijeron que no querían verme más, ni siquiera me atendían el teléfono. Supongo que lo hacían para que yo pueda enfocarme en mi objetivo, para que ninguna distracción me alejase de mi camino al éxito. A ellos también quisiera recordarlos en este momento de tanta alegría.

Dejé para el final al amor de mi vida, que si bien hoy no pudo estar presente, sé que debe estar tan contento como yo. Alfredo es mi compañero, mi sostén, mi todo. La semana pasada, mientras hacíamos el amor en la cama de su madre, él me gritaba que siga así, que no pare. Esa es su forma de alentarme, de darme ánimo y energía para que consiga todo lo que me propongo. Alfredo no está conmigo hoy porque no quería perderse el partido de Banfield y Godoy Cruz. Él es hincha de River, pero le gusta mucho el fútbol. Igual me mandó un whatsapp deseándome suerte, junto con el emoji del bracito haciendo fuerza. También me pidió que lleve empanadas cuando vuelva a casa, las de cebolla y queso son sus favoritas.

Creo que ya hablé demasiado, y no puedo mencionarlos a todos. Gracias a los que siempre me apoyaron, a mis 84 seguidores de Instagram y a ustedes, que fueron un público maravilloso. Sin su presencia, jamás podría haber conseguido este sexto puesto en la elección de la Reina del Club Olimpia de Sarandí. ¡Los amo!