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Las 20 mejores series de 2016

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Por: Ignacio Esains

Tags: Series 2016
Las series nuevas dominan los primeros puestos de un conteo que busca generar conversación.

2016 fue el año de las nuevas series. Y no solo estrenos de drama y comedia sino de nuevos paradigmas, gracias a una industria que está abriendo la puerta a nuevas voces, nuevos creadores. Directores de cine aprovechando la extensión de los tiempos televisivos para narrar los frescos más ambiciosos. Artistas multimedia que vienen del hip-hop o del stand-up, hartos de tratar de encajar en un puesto predeterminado. Mujeres de visión clara y feroz que escriben y protagonizan historias personales, devastadoras.

Los primeros 10 puestos de este conteo se pueden ver como una apuesta por una televisión distinta. Tan distinta como era “Twin Peaks” en 1990, “The X-Files” en 1993, o “The Sopranos” en 1999. La televisión que veremos en los próximos años tira por la ventana el librito de la estructura del guión y se juega más por lo visual. Busca historias con un poco más de aire, improvisando lo que ocurre capítulo a capítulo y concentrándose en el arco de los protagonistas en vez de los giros de guión que la tele actual heredó del radioteatro y la telenovela. Y - en la tendencia más bienvenida de 2016 - no busca cerrar capítulos con ganchos impactantes sino contar historias completas en episodios de una hora.

Por si querés leer las listas completas:

Puestos 50 al 41: (Love, Timeless, One of Us, 3%, This is Us, Broad City, Crashing, Quarry, The Crown, Black-ish)

Puestos 40 al 31: (The OA, The Night Manager, Flowers, Easy, Good Girls Revolt, The Expanse, The Get Down, Goliath, Gilmore Girls, Last Week Tonight)

Puestos 30 al 21: (Unbreakable Kimmy Schmidt, The Night Of, Catastrophe, Girls, Stranger Things, War & Peace, Better Things, Queen Sugar, Silicon Valley, Orange is the New Black)

  • 20
    Sweet/Vicious (MTV)
    La sorpresa del año fue esta serie que toca la violencia del género con la ligereza que uno espera de una comedia de MTV y a la vez con un lado oscuro tarantinesco (que sin duda viene de la productora Stacey Sher, mano derecha de QT en los ‘90). Las protagonistas de “Sweet/Vicious” son un dúo de universitarias que por la noche se enmascaran para vengar víctimas de crímenes sexuales - incluyendo una de ellas dos. La premisa es delirante, claro, tanto como la historia de un tipo que se viste de murciélago para golpear payasos, pero lo que hace excelente a esta primera temporada es la química entre las dos chicas y la forma en la que trata con respeto y compasión a las víctimas. Una fantasía de venganza necesaria, eléctrica y divertida hasta el final.
  • 19
    Gravity Falls (Disney XD)
    La mejor serie animada de los últimos años (perdón “Rick & Morty”) se fue en un punto altísimo, tanto que con solo dos capítulos transmitidos en 2016 se gana un puestito en este top 20. El final de este “Weirdmageddon” logró conjugar los dos mejores aspectos de la serie que a veces no encajaban del todo: la intrincada mitología fantástica que mantuvo coherencia hasta el final, y la relación entre los gemelos Mabel y Dipper Pines, que le dieron sus momentos más emotivos a un final redondo.
  • 18
    American Crime Story: The People vs. O.J. Simpson (FX)
    El caso de “O.J.” Simpson, acusado en 1994 de asesinar a su ex-esposa y al amante de ella, es un hito en la historia de la tensión racial en Estados Unidos. El asesinato, la cacería, el juicio y su posterior absolución fueron cubiertos por los medios norteamericanos de forma incesante, haciendo del resultado un tema que trascendió la justicia y se convirtió en una cuestión social y política. Esta miniserie de 10 capítulos recrea con inteligencia cada una de las circunstancias del caso, con rigor periodístico y narrativo admirable - algo increíble considerando que el productor es Ryan Murphy, responsable de las superficiales “Glee” y “American Horror Story”. Cada episodio se centra en uno de los protagonistas (el de Marcia Clark te rompe el corazón) y aprovecha para examinar la historia de O.J. desde una perspectiva distinta. Preparate a pasar horas en Wikipedia después de terminar de verla.
  • 17
    Crazy Ex-Girlfriend (The CW)
    Esta comedia negra romántica/musical tiene, por definición, un público acotado - pero ellos se la pierden. La primera temporada es un retrato descarnado (y muy, muy gracioso) de un colapso nervioso, con un laburo magnético de Rachel Bloom en el papel central de Rebecca Bunch, una exitosa abogada neoyorquina que abandona su vida, amigos y familia, para tratar de reconquistar a su ex en un letárgico pueblito californiano. La obsesión romántica autodestructiva de Rebecca es un torbellino adictivo, emocionante, que absorbe a un elenco secundario de talentosos desconocidos. Y ni hablar de los pegadizos los números musicales que parodian todo, desde Disney hasta Shakira. La primera temporada (disponible en Netflix) es perfecta, sin un sólo paso en falso, y podría estar entre los primeros cinco puestos de esta lista… pero la recién estrenada segunda demuestra que la historia efectivamente llegó a su final con el perfecto cierre de la temporada anterior.
  • 16
    Black Mirror (Netflix)
    La antología de ciencia ficción distópica de Charlie Brooker regresa, con un presupuesto un poco más alto, actores reconocibles de cine y televisión, y la misma visión oscura y desesperanzada (con una notoria excepción). No tiene mucho sentido buscar una línea que conecte estos episodios (acá hay análisis individuales), pero sorprende que Brooker pueda sostener un nivel tan alto de calidad (al menos si dejamos de lado el inexplicable quinto episodio). Los capítulos “menores” siguen siendo más estimulantes que el 90% de las películas del género, y los mejores (“Shut up and Dance”, “Hated in the Nation”) son cuentos perfectos que mejoran con cada revisión. Mención aparte para “San Junipero”, la mejor hora de televisión, cine, gaming, cómic, competencias olímpicas o macramé de 2016.
  • 15
    Game of Thrones (HBO)
    Después de una quinta temporada en la que la crueldad de los guionistas parecía haber superado a la de George R. R. Martin, “Game of Thrones” se redimió con un puñado de capítulos excelentes, demostrando que hay un futuro para la serie aunque los libros finales no lleguen nunca. Con un ritmo vertiginoso (en especial en la segunda mitad) la serie se quitó todo el peso muerto de encima, juntando personajes, eliminando a los que sobraban, y preparando el mundo para una confrontación final. Es verdad que esta eficiencia narrativa hace que “Game of Thrones” se aleje de la fascinante ambigüedad de los conflictos de la “Canción de Hielo y Fuego” (tan bien dramatizados en la segunda y tercera temporada, aún el punto alto de la serie), pero es un precio que (parece) hay que pagar para llegar a un final satisfactorio.
  • 14
    The Girlfriend Experience (Starz)
    Es imposible empezar a ver una serie sin expectativas de algún tipo. Una serie que usa el nombre de una película debería tener algo que ver con la original. Un drama sobre una trabajadora sexual debería ser ligeramente erótico. Una serie de misterio debería tener capítulos de una hora. Los guionistas deberían dejar claros los deseos y motivaciones de la protagonista. “The Girlfriend Experience” se ríe de nuestras expectativas desde el primer capítulo, en el que la universitaria Christine empieza a trabajar como escort sin ningún tipo de dilema moral. Los primeros episodios de la serie (dirigida con impecable seguridad por los veteranos del cine indie Amy Seimetz y Lodge Kerrigan) se preocupan por narrar la rutina de la protagonista a través de escenas que parecen desconectadas, con una confusa intriga corporativa de fondo, pero de a poco “The Girlfriend Experience” se aleja de cualquier metáfora simple que equipara el sexo con el poder, evita juzgar aún a sus personajes más destructivos y nos obliga a verla casi como un documental sobre vida silvestre.
  • 13
    Westworld (HBO)
    A pesar de centrarse en un misterio de obvia resolución, tener graves problemas de estructura y sufrir cambios abruptos de tono en la mitad de la temporada, “Westworld” es uno de los objetos más interesantes de 2016, una historia de ciencia ficción que nos invita a ponernos del lado de los robots rebeldes y no de los humanos que los han creado y los domina. No es raro que Jonathan Nolan empatice más con un robot que con un humano, ya que su serie es (aún más que la ya gélida “Person of Interest”) un intrincado mecanismo de relojería que explora dilemas éticos, morales, y hasta filosóficos de forma elegante aunque no siempre del todo clara. Por suerte, la falta de emoción y naturalidad de los guiones se suple con un elenco prodigioso, con Evan Rachel Wood en el papel de su vida y el apoyo de figuras como Thandie Newton, Jeffrey Wright y un Anthony Hopkins que llena de matices a un villano que podría haber sido genérico.
  • 12
    The Secret Agent (BBC One)
    Joseph Conrad es un autor que fascina a los guionistas, quizás porque sus obras son casi imposibles de adaptar, pequeños rompecabezas subjetivos, afiebrados, que registran la lenta fragmentación de las mentes de sus protagonistas. Coppola trató de repetir ese estilo en “Apocalypse Now” (adaptación de “El Corazón de las Tinieblas” de Conrad) pero esta descarnada adaptación de “The Secret Agent” desenmaraña el enigma del libro original y nos da al protagonista más desagradable que haya visto en una serie de televisión, el repugnante agente infiltrado ruso Verloc (Toby Jones). A fines del siglo 19, el embajador zarista en Londres suelta la mano de Verloc, que pasa a traicionar a cada una de las personas que confían en él - con resultados devastadores, en una serie de mirada clínica que aplica un bisturí a una sociedad enferma trazando claras líneas paralelas a la actualidad.
  • 11
    The Americans (FX)
    Mientras veía un capítulo por la mitad de esta cuarta temporada (los seguidores de la serie sabrán cual) tuve que pausar la reproducción y considerar si realmente quería ver cómo continuaba la historia. La que se venía no era una tragedia tipo “Game of Thrones” diseñada para jugar con los sentimientos del espectador, o un giro sorpresivo de final de temporada, sino la consecuencia inevitable de las acciones de los protagonistas. Algo que se podría aplicar a toda la serie, un incómodo, a veces cruel, retrato de un matrimonio de agentes rusos infiltrados en Estados Unidos en los ochenta - desde esa premisa sabemos que el final no puede ser bueno, y a pesar de que los personajes también lo saben, no pueden dejar de cumplir sus roles. Y yo tampoco. Así que puse play, seguí viendo, sufrí, puse la serie en esta lista y ahora te recomiendo que mejor no la veas aún sabiendo que si sos como yo este párrafo picó tu curiosidad de forma irremediable. Perdón.
  • 10
    Search Party (TBS)
    A pesar de su fama de ser una “comedia sobre nada”, el proceso creativo de “Seinfeld” en realidad tenía que ver con magnificar las minucias cotidianas, dando a conflictos mínimos dimensiones épicas. Vale la pena hacer la distinción porque en estos años se pusieron de moda verdaderas “comedias sobre nada”, historias sobre veinteañeros (o treintañeros) estancados (usualmente neoyorquinos) que no parecen tener motivaciones, ni intereses - ni siquiera su propia vida romántica. Hay algunas buenas (“Girls” o “Master of None” que tienen tantos premios como detractores) y otras no tan buenas (“Difficult People”, “High Maintenance”).

    “Search Party” tiene todos los elementos: los veinteañeros neoyorquinos sin un mango, las parejas indefinidas, y a Dory, la protagonista desconectada de su propia vida, interpretada por Alia Shawkat (“Green Room”, “Arrested Development”), una chica cool del cine independiente. Pero “Search Party” tiene un arma secreta, que rompe todas las expectativas de este subgénero y que abre grandes posibilidades para la comedia: un misterio.

    En el primer capítulo Dory descubre a través de un póster en la calle que Chantal, una de sus compañeras de universidad está desaparecida. Desde ese momento esta chica que vive como un zombi, sin ningún tipo de herramienta práctica, hará lo imposible por encontrar a Chantal, reclutando a su grupo de amigos ultra narcisistas y a un novio que parece temer cualquier expresión de masculinidad.

    En los primeros capítulos “Search Party” divierte sin muchas pretensiones, metiendo a Dory en situaciones imposibles y encontrando el humor al tratarlas de formas absolutamente realistas, un poco como la genial “Manhattan Murder Mystery” de Woody Allen. Pero por la mitad el equipo creativo empieza a introducir elementos narrativos (y visuales) de “Twin Peaks” y sus herederas, haciendo del viaje de Dory una cuestión existencial que llega a un final conmovedor, una especie de espejo generacional en el que la búsqueda de Chantal es la búsqueda del alma.
  • 9
    Bojack Horseman (Netflix)
    ¿Cuántas historias más se pueden contar con “Bojack Horseman”? Las dos primeras temporadas repiten la misma estructura, tan predecible como la de “Game of Thrones”: Bojack, el alcohólico actor de una pésima comedia televisiva de los ‘90 sabotea su vida y decepciona a sus seres queridos durante 8 capítulos, toca fondo de forma horrorosa en el noveno y en el décimo ve una luz al final del túnel. La tercera también se repite, pero no por facilismo sino como una metáfora del comportamiento del adicto, que jura que va a cambiar y no sólo no lo hace sino que es incapaz de admitir su falta de control sobre su propia vida.

    Aunque la segunda temporada era genial, a veces “Bojack” se volvía tan oscura que abandonaba del todo la comedia, aislando sus momentos más desoladores. La tercera hace lo contrario y por eso es mil veces más efectiva. Una dolorosa separación toma lugar en una escena de restaurant digna de los hermanos Marx. El episodio más gracioso de la temporada toca de lleno el tema del aborto. Y el infaltable capítulo de “Bojack se siente culpable” es una genialidad: una historia casi muda de 20 minutos que se sumerge (literalmente) en el surrealismo.

    Y la tercera no sólo es la temporada más graciosa sino la más oscura. El capítulo 9 es casi insoportable, un viaje fragmentado a lo largo de una borrachera/resaca de varios meses en los que por fin Bojack es parte de algo que nunca va a poder solucionar, dándonos el final más triste del año y obligándonos una vez más a apostar por que el personaje por fin se anime a cambiar, porque ¿cuántas historias más se pueden contar con Bojack Horseman?
  • 8
    Veep (HBO)
    Esta temporada de “Veep”, la primera sin su creador Armando Iannucci, tendría que haber sido la peor y contra todas las apuestas se mantuvo en su altísimo nivel, dándonos algunos de los mejores episodios de toda la serie - una sátira política que hoy parece premonitoria.

    El nuevo “showrunner” David Mandel minimizó la (muy británica) parodia de las estructuras políticas para concentrarse en la (muy estadounidense) infinita superficialidad de su protagonista, la ahora presidenta Selina Meyer, y la relación con su familia y varias patéticas figuras paternales. La genialidad de Mandel está en tomar personajes que existían para una sola broma (Catherine, Jonah) y darles arcos dramáticos sorprendentemente efectivos que contrastan con ese agujero negro que es el egoísmo de Selina.

    Y alguien va a tener que inventar un Golden Globe de platino o un Emmy tamaño natural para darle a Julia Louis-Dreyfus que sigue encontrando matices en Selina. En el mejor capítulo de la temporada la presidenta tiene que enfrentar la muerte de su madre, y aunque nunca vemos a la fallecida, su forma de procesar el dolor define una relación gélida, destructiva que se refleja en la falta de comunicación con su propia hija. Y sólo la mejor actriz cómica viva podría hacer que los últimos minutos de la temporada sean conmovedores y a la vez te hagan ahogar de la risa.
  • 7
    Better Call Saul (AMC)
    La primera temporada de la precuela de “Breaking Bad” no había sido mala, pero parecía perder tiempo en “casos de la semana” y dejar de lado su aspecto más interesante, la durísima rivalidad entre el “pre-Saul” Jimmy McGill y su hermano el severo, estricto, Chuck. La segunda temporada, sabiamente, pone ese conflicto en el centro, deja a Mike en el segundo plano que tan bien explotó en la serie anterior, y eleva a co-protagónica a la maravillosa Kim (Rhea Seehorn) un personaje que desdramatiza el duelo moral de los hermanos, marcando que los grises no son un punto intermedio entre el blanco y el negro sino una combinación de los dos aspectos, que pueden encenderse y apagarse cuando uno lo desee.

    No tengo problema en aseverar que “Saul” en su segunda temporada es una serie mil veces más sólida de lo que “Breaking Bad” era en este punto. Impresiona la poca cantidad de escenas en cada episodio, que deja respirar a situaciones (el engaño de Kim y Jimmy en el resort, las reuniones con Mesa Verde) que en otra época Gilligan hubiese elipsado. El uso de montajes (un toque del co-creador Peter Gould) pasó de ser un comodín narrativo a transmitir el estado emocional de los personajes con mayor efectividad que cualquier monólogo, como se puede ver en la búsqueda de trabajo de Kim o la antológica secuencia en la que Jimmy hace lo imposible para ser despedido.

    Pero quizás lo mejor de “Saul” es la forma en que funciona casi como una corrección de “Breaking Bad”. Las primeras temporadas de aquella serie reforzaban la idea de que Walter White era un hombre lleno de potencial oprimido por una vida cotidiana injusta - y a pesar de que cerca del final Gilligan parecía sugerir que convertirse en un narcotraficante quizás no era la única solución para White, una legión de seguidores de la serie prefiere ignorar la destrucción que deja a su paso y toma a “Heisenberg” como un ejemplo de la liberación de la masculinidad oprimida. Jimmy, en cambio, busca lo opuesto - ser aceptado, incluido en una estructura que insiste con rechazar todo lo bueno que él tiene para aportar. La tercera temporada sin duda va a bucear en los aspectos más trágicos de esta historia.
  • 6
    Halt and Catch Fire (AMC)
    Si una serie tuvo una temporada perfecta en 2016 fue esta recreación de la industria de la informática de los ‘80 - una serie que empezó hace tres años como una variante de “Mad Men” y fue evolucionando por caminos inesperados. La segunda temporada hizo un enroque acertado poniendo a los personajes femeninos en los roles dominantes, llevando adelante una historia que te hacía dejar de pensar lo sospechoso que era que los personajes inventaran primero el concepto de las laptops, después el gaming en línea y en la tercera, los sitios de e-commerce y, básicamente, la Internet como la conocemos.

    Esta tercera temporada se concentró en la forma en que roles de cada uno de los personajes afirma su poder y control en cada una de sus respectivas organizaciones (trabajo, familia, pareja) logrando por fin lo que la serie quería contar desde el día uno: ¿cómo nace una idea? ¿de dónde sale? ¿cómo se nutre? ¿qué estás dispuesto a sacrificar en el camino? Así, una historia de computadoras se convirtió en la serie de televisión que mejor ha explicado el proceso creativo.

    Pero la razón visceral para dejar de dar vueltas y por fin ver “Halt” (que termina en 2017) está en el impecable trabajo de cada uno de los actores. Lee Pace descarta el misterio de las primeras temporadas y logra una variante de Steve Jobs mil veces más empática que la de Fassbender, mientras que la pareja de Kerry Bishé y Scoot McNairy deja el melodrama familiar y encuentra el egoísmo que se esconde en cada matrimonio. Pero la revelación es Mackenzie Davis, que interpreta a su Cameron como una herida abierta, destructiva y a la vez hiperfuncional, que en la mejor escena de la serie (una reunión de trabajo donde todos los puentes se queman) transmite emociones con su voz y su cuerpo de una intensidad que nunca había visto en la usualmente contenida televisión “de prestigio”.
  • 5
    The Good Place (NBC)
    El equipo detrás de los mejores capítulos de “The Office” y de la genial “Parks & Recreation” podría haberse jubilado escribiendo documentales falsos sobre empleados grises de pueblitos yanquis… y en vez de eso se mandaron la comedia de televisión abierta más ambiciosa en años, una meditación sobre el bien y el mal con la mitología más compleja desde “Lost” y personajes tan ambiguos como los de aquella isla hawaiana.

    En la primera escena de la serie un “administrador” interpretado por el siempre perfecto Ted Danson recibe a Eleanor (Kristen Bell) en el más allá, explicando que hay un “lugar bueno” y un “lugar malo”, y que ella, debido a su altruismo y su incansable trabajo caritativo se ganó un puesto en el “lugar bueno”. El problema es que Eleanor es lo opuesto a una persona altruista, y pronto se da cuenta de que se la confundieron con otra ¿cuánto puede durar el engaño? ¿tendrá tiempo para convertirse en una verdadera buena persona antes de que la descubran?

    Lo genial de “The Good Place” es que usa esta premisa de fantasía para explorar qué significa realmente ser “bueno” o “malo”, profundizando en distintas filosofías éticas y morales a través (increíblemente) de los mejores chistes que haya visto en cualquier comedia de 2016. Los personajes se alejan de cualquier estereotipo, y los guionistas (que seguramente han aprendido de “Lost”) nunca dejan de acelerar el misterio, llegando a puntos clave de la historia en solo un puñado de capítulos. Todavía no terminó la primera temporada, pero si continúa su trayectoria ascendente, no dudo que en 2017 podría liderar este listado.
  • 4
    Atlanta (FX)
    Donald Glover es un tipo difícil de categorizar. Empezó como parte de un grupo de sketches cómicos ultra-nerds en YouTube hace una década, coescribió una gran comedia (“Mystery Team”) y fue parte del staff de guionistas de “30 Rock”. Pero en 2010 abandonó este camino para jugarse por la actuación, consiguiendo el rol de Troy en “Community”, sin duda el personaje que más pegó de la serie… hasta que luego de la cuarta temporada también abandonó, en esta ocasión para dedicarse a su carrera de artista de hip hop con el nombre de Childish Gambino. Después de un par de discos bastante exitosos, Glover volvió a la televisión con un proyecto tan ambicioso como ecléctico, una de las grandes sorpresas de esta temporada.

    Y es que “Atlanta” quizás sea la comedia televisiva más experimental desde “Louie”. Como en aquella serie, cada episodio funciona como un cuentito independiente de la historia principal, pero a diferencia de las aventuras surrealistas de Louis CK, Glover está apuntando en una dirección clara con la historia de Earn (interpretado por él mismo), que después de una serie de fracasos regresa a su ciudad natal con el plan de representar a su primo, un rapper conocido como “Paper Boi”.

    “Atlanta” funciona desde el principio como un fresco de la escena del rap moderna (en la que la presencia en Instagram tiene tanto valor como un tiroteo callejero) y una exploración de las motivaciones y sueños de su elenco principal, pero con cada capítulo revela ambiciones ocultas, un poco como lo hacían las mejores temporadas de “Girls”. El capítulo 7 es una transmisión nocturna de un canal ficticio, con propagandas y todo. El noveno (el mejor) toma lugar en una fiesta que expone las diferencias de clase social entre los protagonistas. El capítulo 5 tiene como invitado a Justin Bieber… pero interpretado por un actor negro, como sugiriendo que si Bieber fuera negro nadie se bancaría su comportamiento.

  • 3
    The Young Pope (Sky Atlantic)
    El punto de partida es irresistible. El Papa actual (nunca nombrado en la serie) muere, y toma su lugar un títere del Colegio de Cardenales: el neoyorquino Lenny Belardo, de sólo 47 años, callado y conservador. El problema, claro, es que Lenny no es ningún títere, sino un feroz tradicionalista, que toma el nombre de Pío XIII (evocando al infame “papa nazi” de los años ‘40), excomulga a las mujeres que han abortado y obliga a los sacerdotes a regresar a las misas en latín y de espaldas.

    Lenny es un monstruo, y el toque brillante de su creador Paolo Sorrentino (director de la premiada película “La Gran Belleza”) fue conseguir que lo interprete Jude Law, quizás el actor más carismático de su generación. Lenny/Pío/Law seduce a quién tiene que seducir, manipula a todos los que lo rodean, y destruye sin piedad a los que se le oponen, en una actuación para la historia, que aprovecha sus ojos azules y su rostro (¡aún!) infantil para dramatizar las ideas más repugnantes, la visión más retrógrada posible de la iglesia católica.

    Durante sus primeros capítulos “The Young Pope” es eso: una “House of Cards” en el Vaticano, filmada por un virtuoso que no tiene problemas en gastar los millones que recibió del servicio inglés Sky Atlantic (aunque HBO también se cuenta entre los coproductores). Pero a los pocos capítulos este concepto se agota y empieza a surgir algo mucho más interesante. Sorrentino humaniza desde el principio a Lenny mostrándolo como un huérfano perdido en un mundo corrupto, pero lo que en los primeros capítulos era simple “backstory” se convierte en el centro de la serie, y esta historia de política y religión se convierte en el eco del dolor infinito del niño abandonado. En sólo 10 capítulos (en especial el milagroso episodio nueve), cada uno de los personajes emprende un viaje propio, todos inspirados por este Papa infantil, mezquino, destructivo, pero que refleja de algún modo las miserias personales de cada uno.

    Lo que hace Jude Law con cada una de sus escenas es sobrenatural, logrando casi convencerte con sus salvajadas medievales - es una creación inolvidable, el papel de una vida, al nivel de Bryan Cranston en “Breaking Bad” o Michael Chiklis en “The Shield”. El resto del elenco está a la altura, con el irresistible Silvio Orlando a la cabeza como el agotado, demasiado carnal secretario de estado del Vaticano, hincha a muerte del Napoli. James Cromwell está tan bien como siempre en el rol del mentor de Lenny, indignado por un papado que creía que le tocaba. Javier Cámara (de “Hable con Ella”) se luce como el tipo más bueno en ese nido de víboras, el actor de teatro Scott Shepherd ofrece una contrapartida emocionante a la furia católica de Lenny, y (a pesar de que su historia no es muy satisfactoria) es un placer ver a la actriz fetiche de Francois Ozon, Ludivine Sagnier, ensayando una devota religiosa.

    Pero la verdadera estrella de la serie es Paolo Sorrentino, un director que se ha ganado detractores por lo que en cine se percibe como un virtuosismo vacío, pero que en televisión es un soplo de aire fresco. Cada escena de “The Young Pope” está resuelta de una forma distinta, cada conversación aprovecha el espacio, la perspectiva, el movimiento de cámara para mantener al espectador atento y dar a la historia una dimensión casi (qué ironía) religiosa.
  • 2
    Fleabag (BBC3)
    La nariz de Phoebe Waller-Bridge es un arma letal. Parece la hoja de un cuchillo, un ángulo que amenaza con cortar en dos la pantalla en cada uno de sus feroces monólogos a cámara. Es una de esas narices (y caras, y actrices) imposibles de olvidar, y los seis capítulos de “Fleabag” nos dan un personaje a su altura, una veinteañera perdida en el siglo XXI que simula absoluta sinceridad en cada uno de esos monólogos, pero que oculta mucho más de lo que revela.

    Como su protagonista, esta primera temporada de “Fleabag” muestra sus cartas de a poco, empezando como una comedia independiente guarra sobre la vida sexual de una joven profesional, hasta que las (ingeniosas) observaciones sobre aventuras de una noche y parejas emocionalmente inestables dan paso a algo mucho más oscuro. Fleabag (el personaje) no es la Carrie Bradshaw millenial que parecía, y “Fleabag” (la serie) se vuelve más densa, más difícil, más ambigua con cada capítulo, y aunque pronto resolvemos el misterio que la última escena propone, las consecuencias no se sienten hasta el final de una temporada tan perfecta como incómoda.

    Muchas series rompen la cuarta pared, pero “Fleabag” no lo hace para contarnos una historia sino para obligarnos a involucrarnos, a pensar lo que está pasando, dudar de lo que la protagonista nos cuenta, y tratar de superar nuestro propio rechazo cuando sabemos que se viene otra pésima decisión. Waller-Bridge hace algo a lo que la televisión suele (con razón) no animarse: desafiarnos a seguir viendo, como implicando que al acompañar a Fleabag en su viaje estamos tácitamente de su lado. Cada final de capítulo es una oportunidad de dejar de verlos. Yo los vi en una noche, sin pausar un segundo. Y al día siguiente volví a verlos. No quiero ni pensar qué dice eso sobre mí.
  • 1
    Horace and Pete (louisck.net)
    En una mañana de sábado de enero, los suscriptores a louisck.net recibimos un mail misterioso: “Hice algo que se llama Horace and Pete. Podés comprar el primer capítulo acá”. No hubo marketing, no se postearon tráilers, ni siquiera había una lista con el elenco en la página de descarga, sólo el nombre de (según después descubriríamos) la miniserie de 10 capítulos.

    “Horace and Pete” es una comedia dramática, muy en el estilo de la televisión del teatro filmado que estaba de moda en la tele norteamericana y británica de los ‘50 y ‘60 - no “La Dimensión Desconocida” sino obras como “Marty” de la “Philco Television Playhouse” y “Cathy Come Home” de la serie de la BBC “Play for Today” de la que salieron directores como Mike Leigh (al que CK agradece en los créditos) y Ken Loach. Y de ahí también sale el tono de Horace and Pete, realismo social cargado de melodrama que no tiene problema en desviarse en tangente cómicas durante largos minutos - minutos que Louis dedica a una disección ejemplar de la versión norteamericana de la “grieta”, retratando el odio imposible de resolver entre los dos bandos y hasta dedicando unas palabras compasivas al nefasto Donald Trump.

    La historia de Horace y Pete, herederos de un deprimente bar neoyorquino que está cumpliendo 100 años, bucea todavía más atrás, en el teatro de Eugene O’Neill y Arthur Miller, y a la vez pone en práctica las lecciones narrativas que CK aprendió en su comedia “Louie”: las conversaciones elípticas, los monólogos literarios pero nunca artificiales, la forma en que flashbacks y secuencias oníricas se mezclan con la realidad.

    Como todas las series que ocupan los primeros puestos de mi conteo, “Horace and Pete” es la obra de un visionario que controla en detalle lo narrativo y lo visual sin perder de vista las temáticas más profundas que corren a lo largo de los 10 episodios. Pero si lidera la lista es porque a pesar de haber salido en enero, esta serie que evoca 70 años de la historia de la televisión resultó una instantánea perfecta de un año en el que argentinos y norteamericanos vivimos el mismo proceso de derrota esperanzada: perdidos, traicionados, enfrentados por pelotudeces, siguiendo adelante sin importar lo trágico que pueda ser el final.

1. Sweet/Vicious (MTV)

La sorpresa del año fue esta serie que toca la violencia del género con la ligereza que uno espera de una comedia de MTV y a la vez con un lado oscuro tarantinesco (que sin duda viene de la productora Stacey Sher, mano derecha de QT en los ‘90). Las protagonistas de “Sweet/Vicious” son un dúo de universitarias que por la noche se enmascaran para vengar víctimas de crímenes sexuales - incluyendo una de ellas dos. La premisa es delirante, claro, tanto como la historia de un tipo que se viste de murciélago para golpear payasos, pero lo que hace excelente a esta primera temporada es la química entre las dos chicas y la forma en la que trata con respeto y compasión a las víctimas. Una fantasía de venganza necesaria, eléctrica y divertida hasta el final.
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