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Analisis | Análisis de cómics

Análisis: Klaus and the Witch of Winter

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Por: Germán Perrotta

El guionista escocés continúa regalándonos pequeñas gemas como si fuera Papá Noel.

A fines del año pasado y gracias a BOOM!, pudimos comenzar a leer el origen de Santa Claus de acuerdo a la siempre particular e inventiva perspectiva de Grant Morrison. Acompañado por Dan Mora en los dibujos, el pelado decidió reimaginar toda la historia del personaje y contarla como si se tratase de un superhéroe.


 Antes de leerlo y a pesar de mi fanatismo por el autor, no pude evitar pensar que se trataba de una movida totalmente válida para que su cómic se convirtiese en una posible adaptación fílmica, al mejor estilo de Mark Millar. Algunos me podrán decir que sí se trató de eso, pero para mi sorpresa, también produjo una historia con un altísimo potencial a futuro. En esos siete números de la miniserie, pudimos ver cómo Klaus es elegido por unos espíritus invernales para combatir contra un enemigo milenario, establecerlo como un héroe con todas las letras, siempre respetando su mitología y alimentándola para crear algo nuevo.

En contraste con lo que podría tomarse como un especial de Navidad más como suelen publicar varias compañías, la dupla creativa lo utiliza como si fuese el comienzo de una serie regular. Y como Papá Noel viene una vez al año, Morrison y Mora deciden volver a fines del 2016 con un cómic de 48 páginas que sirve como secuela de la miniserie en la que se tiene que enfrentar a la Bruja de Invierno. Gracias a su extensión, se toman su tiempo para desarrollar una historia que comienza a presentarnos a otros protagonistas relacionados con las fiestas, pertenecientes a otros cuentos de ficción infantiles y mitos de otras culturas.

En esta ocasión, Klaus acaba de escaparse de la Luna donde estuvo atrapado durante décadas (lean la miniserie, por favor se los pido), se encuentra con un mundo que no conoce y en el que muchísimas cosas son nuevas para él y tiene que rescatar a dos niños que fueron secuestrados. No quiero spoilear mucho porque verdaderamente hay demasiadas ideas geniales, como la existencia de otros como él en distintas culturas. Cuando nos enteramos cómo eso puede ser posible, el cómic nos regala una de las mejores revelaciones en el relato. Además del uso de distintas leyendas y fábulas, el pelado también se hace un lugarcito como para meter un par de guiños a Superman y Batman.

Los dibujos de Dan Mora son indispensables para que toda esta historia que parece simple y marketinera a simple vista, tenga un gran poder de relectura. Sabe cómo mostrarnos a Klaus para que tenga un aspecto de guerrero recio sin que deje de transmitir una bondad inmensa. Esa compasión debe ser intrínseca porque al fin y al cabo, nuestro protagonista no deja de ser Papá Noel. No hay dudas de que tiene una gran habilidad para mostrarnos las escenas de acción y que la rompe toda. Sin embargo, lo que más me gustó es la utilización de los colores y los detalles diseños de los distintos personajes, locaciones y objetos.

Espero que esta sociedad continúe a futuro, porque el pelado está construyendo su propio universo papanoelístico silbando bajito. Si su intención es contar un relato de Klaus una vez por año, la idea me parece maravillosa.

Veredicto 9 de 10.