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Ránking | Industria nacional

10 computadoras y consolas made in Argentina

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Por: Jeremias Curci

En Argentina también se fabricó hardware: te contamos sobre consolas y computadoras nacionales.

Mientras me disponía a desarrollar cada una de las historias detrás de estas consolas hogareñas, supercomputadoras y primeras PCs de escritorio, me fue imposible no emocionarme con lo prometedor que lucía el panorama tecnológico para Argentina entre los años setenta y ochenta. Incluso antes. Con la llegada de Olivetti y sus máquinas de escribir, o las famosas calculadoras de Fate, importadas a toda Sudamérica y algunos países de Europa.

Había mucho potencial. Muchísimo. Como el caso de Micro Sistemas: ¿Sabían que nuestro país fue pionero en la producción de computadoras? Este y otros alucinantes datos más serán develados a través de los distintos puestos del ranking en el que repasamos la emocionante historia de algunas computadoras y consolas fabricadas en nuestro país.

Agradezco sobremanera a los sitios Cuatrociencia, Compuclasico, La Terminal Rosario y Retrocomputación por oficiar como fuentes de información. 

  • 10
    Clementina

    Se trata de la primera supercomputadora que fue ensamblada en nuestro país con fines científicos e investigativos. Operó desde 1961 por algo más de diez años, en el Instituto de Cálculo Independiente de la Universidad de Buenos Aires. En una licitación que tuvo lugar en 1959, la empresa británica Ferranti Mercury fue la ganadora, con una computadora modular cuyo costo rondaba los cuatro millones y medio de dólares (en proporción a números actuales), siendo esta la mayor inversión realizada en nuestro país en este campo.

    Funcionaba con válvulas electrónicas y diodos de cristal. Contaba con más de 5000 componentes activos repartidos en 14 gabinetes de 60 centímetros cada uno, más cuatro gabinetes de cilindros magnéticos. La unidad de proceso ocupaba todo un cuarto y las fuentes de alimentación ocupaban otro. Debido a su complejidad y la necesidad de capacitar al personal, tardó un año en ponerse en funcionamiento.

    Sin monitor ni teclado, las instrucciones las leía a través de tarjetas perforadas, emitiendo resultados de la misma manera, en cintas continuas. Fue utilizada por distintas dependencias del estado para operaciones que iban desde cuestiones meteorológicas, problemas lingüísticos, estadísticos, modelos matemáticos de cuencas fluviales y más.

    Heredó el nombre a través de sus fabricantes, quienes la bautizaron tras la canción popular inglesa que la computadora podía modular. Para 1971 el mantenimiento de semejante terminal era imposible, principalmente por la falta de repuestos. Durante el mismo año se llamó a licitación para mantenerla con vida, pero esta maniobra fue desactivada casi al instante. Así, Clementina fue paulatinamente desmantelada y muchos de sus componentes fueron arrojados a la basura como chatarra, a excepción de algunos que fueron conservados como objetos raros o de colección por antiguos empleados de la UBA.

  • 9
    Telematch

    No será esta la única historia sobre una licencia fuera de lo común, como podrán comprobar más adelante en el ranking, aunque en esta oportunidad toca hablar de Telematch. En el año 1973 apareció en nuestras tierras la consola Telematch, de Panoramic. Se trataba ni más ni menos que un clon licenciado de la Magnavox Odyssey 1, famoso por ser la primera consola hogareña en su clase.

    Al igual que su contrapartida, el gabinete contenía los joysticks, selectores mecánicos y el alma de la consola no contaba con un CPU propiamente dicho, sino con marañas de circuitos. Traía algunos juegos que estaban en Odyssey y otros nuevos: el famoso Pong, Frontón, Vóley, Fútbol y Submarino.

    Lo más llamativo de la Telematch es que empezó a venderse en nuestro país un año antes de que la consola original fuese comercializada fuera de los Estados Unidos, lo cual hablaba del estupendo arreglo de licencias logrado por Panoramic.

  • 8
    Micro Sistemas

    Se trata de la empresa pionera en lo que refiere a la fabricación de computadoras nacionales, nacida en 1975 durante el gobierno de Isabel Perón, impulsada por el cierre a las importaciones que se generó en aquel entonces. Su fundador y presidente, Julio Eduardo Bazán, compartió espacios de hobbystas y entusiastas de la informática en Cupertino, donde, según cuentan algunos historiadores de la informática nacional, coincidió con otros grandes de la industria, de la talla de Steve Jobs y Bill Gates.

    En tiempos donde la Apple I recién se estaba empezando a mostrar en el mercado hobbysta (para luego convertirse en un éxito comercial moderado), Micro Sistemas ya estaba produciendo computadoras con monitor, teclado y disquetera incorporada, junto a una serie de funciones en lenguaje de máquina para su procesador Intel 8080 creadas por el programador de la empresa, Hector Muller, orientadas a operaciones de grabo verificación.

    La fabricación de equipos en Micro Sistemas logró escalar de cuatro por mes a doscientos en poco tiempo. También se dedicaron a producir distintos periféricos, como grabadores de cinta e impresoras. Fueron pioneros en el apartado de redes, creando una LAN con 15 computadoras para captación de apuestas en el Jockey Club de Córdoba.

    La empresa cerró sus puertas en 1994, con más de 250 empleados bajo razones desconocidas, presuntamente relacionadas a los cambios en la dinámica financiera del país y distintas políticas adoptadas que atentaban contra la industria nacional. No existen registros respecto al suceso comercial de sus productos. Algunos de ellos aún se conservan en el Museo de la Industria (Foto de Thierry, usuario del foro Retrocomputacion).

  • 7
    EDU Games

    El Atari 2600 fue un boom a nivel mundial: todos querían tenerlo. Por primera vez había juegos relativamente complejos, a colores, en cartuchos, con sonido y que en ocasiones podían ser jugados por varios jugones a la vez. Lógicamente, la Atari 2600 no llegaría nunca a nuestro país de forma oficial. En su lugar, encontramos a la popularísima EDU Games.

    Esta consola era un clon de la Atari 2600 fabricada en nuestro país por EDU Juegos (quienes también fabricarían posteriormente clones de Famicom) y tenía la particularidad de no poseer juegos incluidos. Se sospecha que esto era así porque EDU era a su vez el fabricante más importante de cartuchos para Atari 2600. Una cosa muy llamativa sobre sus cartuchos es que no traían carátula, sino que poseían una ilustración genérica.

    Los nombres de los juegos estaban en el lomo de los cartuchos, los cuales generalmente traían varios títulos en uno. De ahí que no era raro tener algún juego repetido: era la única forma de coleccionarlos a todos. Luego de la EDU Games salió una consola un que estaba en sintonía con la 5600 que sí incluía juegos en su memoria interna. Fue una de las consolas más populares de la época.

  • 6
    Atari 65XE

    El caso de Atari en la Argentina es uno que despierta ciertas polémicas. Había un acuerdo de distribución oficial por parte de una empresa llamada Sky Data S.A. Gracias a ello, la compañía logró importar computadoras de la famosa marca, siendo la primera la que conocemos como Atari XL, con 64 kb de RAM y una enorme cantidad de prestaciones técnicas que la hacían ideal para los fichines gracias a sus 256 colores en pantalla y gran fidelidad de audio.

    Poco tiempo después llegó un nuevo modelo de 128kb de RAM, presentado como un modelo apto para profesionales. No prosperó a nivel general, pero sí fue apreciada por sus cualidades por diseñadores y profesionales del sonido, ya que por un costo menor ofrecía las mismas o más prestaciones que las Amiga. También llegaron distintos accesorios.

    La polémica surgió por dos motivos: el primero y más importante, por la falsa información que proveía la empresa hacia los consumidores y el segundo, la falsificación de datos para presentar al gobierno mismo. Sky Data S.A. proclamaba que las computadoras eran fabricadas y ensambladas en el país, pero en realidad lo que hacían era cubrir las etiquetas de origen (de Taiwan, por ejemplo) por etiquetas azules que decían “Fabricado por Sky Data S.A.”. Con esto no sólo se buscaba captar la atención de quienes compraban sólo fabricación nacional, sino que también accedían a los subsidios por industrialización de nuestro país, el cual premiaba a las empresas que se volcaban al desarrollo y fabricación de aparatos electrónicos.

    Más allá de la promoción con la que contó, la marca llegó a destiempo al país, en donde la plaza estaba ocupada por Commodore, por lo que su alcance al mercado local se vio notablemente reducido.

  • 5
    Pecos 128
    La Pecos 128 es una de las computadoras más enigmáticas de las que se construyeron en nuestro país. Producto de Pecos Sistemas, la computadora en cuestión guarda grandes similitudes con la reconocida Apple II. Según el despiece, posee un procesador modelo Z-80 de 8 bits y un total de 128kb de memoria. No hay registros del fabricante, ni accesorios ni tampoco qué tipo de software utilizaba, sólo que como pasaba con varios equipos de la época, se utilizaba conectada a un televisor. (Foto perteneciente a Compuclasico)
  • 4
    Talent MSX

    Poco tiempo después del rápido suceso de Czewerny (veremos sobre esta compañía más adelante en el ranking) se sumaron otras empresas con la idea de traer computadoras para ensamblarlas o fabricarlas en nuestro país. Uno de los prospectos más interesantes fue el de Talent -la reconocida marca de televisores- que se volcó a la importación y posteriormente, fabricación de clones de un modelo coreano, el Daewoo DPC 200, basado en la norma MSX1.

    El punto fuerte de la MSX (como se conocían estas computadoras a nivel mundial) es que fue uno de los primeros intentos en la industria de seguir una norma específica de hardware y software, con el objeto de eliminar los problemas de compatibilidad entre sistemas, tan habituales en aquel entonces. Así nació la Talent DPC-200 (o Talent MSX), que para fines de 1985 fabricaba a razón de 2000 unidades por mes. Se conectaba a televisores, podía mostrar gráficos con hasta 16 colores, tenía tres canales de audio y además una gama completa de periféricos que iban desde disqueteras, módems, cartuchos de expansión e interfaces de comunicación con dispositivos bajo la norma RS-232.

    Todo esto fue posible gracias a que, en un punto, Talent empezó a fabricar todos los componentes de sus computadoras en su planta de San Luis: circuitos impresos, fuentes, carcazas, teclados y naturalmente, accesorios, La penetración en el mercado hogareño fue más bien moderada, sin embargo, gracias a su compatibilidad con el lenguaje BASIC y sus múltiples funciones, fue muy bien recibida en el ámbito educativo.

    De hecho, es el primer equipo del que se tiene registro en llegar a las aulas de nivel primario y secundario. Su flexibilidad era tal que incluso tenían un acuerdo con el Banco del Buen Ayre, el cual permitía a sus clientes acceder a sus datos desde la Talent MSX.

  • 3
    Drean Commodore 64

    El caso de Drean es uno bien atípico no sólo para nuestra historia, sino para la de otros mercados como el estadounidense. Y es que Drean, hasta 1983 se dedicaba a la producción de electrodomésticos, pero en ese entonces decidió expandirse a la electrónica y tecnología, habida cuenta del suceso que estaban teniendo otras empresas del rubro. Negociaron con la propia Commodore en los Estados Unidos un permiso de fabricación. Con la licencia adquirida, Dean instaló una planta de producción en San Luis. Era la primera vez que Commodore cedía una licencia de ese tipo, ya que comercializaba sus productos a nivel mundial a través de la importación.

    Así entonces, la computadora Commodore empezó a ensamblarse en Argentina en la planta de San Luis. Se recibían las placas madres de los Estados Unidos (el único componente importado), se convertían a la norma PAL-N, se adaptaba el voltaje y luego se ponían a la venta al público. La Commodore 64 fue lanzada en 1985, bajo la módica suma de 240 australes de aquella época. A diferencia de la versión anterior (Commodore 16), la 64 sí fue un éxito, ya que ofrecía posibilidades de financiación, contó con una enorme publicidad y estaba en todas las casas de electrodomésticos del país.

    Drean llegó a fabricar unas 10.000 unidades mensuales para el año 1986, boom productivo que se frenó con la llegada de la Commodore 128. Para este momento Drean cambió su accionar quedando como un sencillo importador más la adaptación de voltaje y norma. El próximo paso sería el de la importación de Amiga, cosa que nunca sucedió porque para aquel entonces, los clones de IBM ya habían inundado el mercado, ofreciendo iguales o mejores prestaciones a un costo mucho menor. Drean prosiguió con la fabricación de monitores hasta cerrar la división de informática, unos años más tarde.

  • 2
    CZ Spectrum

    Tadeo Czewerny era un fabricante de motores eléctricos, cuya planta estaba ubicada en Gálvez, Santa Fe. Decidió expandir su negocio en el momento justo en donde el país empezó a demostrar signos de cambio tras la dictadura militar, con sendos programas de apoyo a la industria electrónica. Así es que se convirtió en uno de los fabricantes más prolíficos del país, gracias a un acuerdo con Timex-Sinclair, en Portugal.

    De este modo empezaron a aparecer las primeras computadoras CZ 1000 o CZ 1500: clones de las famosas Timex Sinclair 1000. Con el tiempo y la buena venta (gracias al software y principalmente, al hecho de no requerir un monitor) la fábrica Czewerny decidió dejar de importar para fabricar íntegramente sus equipos. De este modo surgió la Czewerny Spectrum (basada en la Spectrum Plus) que, según empleados involucrados en su manufactura, contaba con casi todos sus componentes fabricados en la Argentina salvo algunos muy específicos que debían importarse sí o sí. El nivel de especialización de la planta le permitió incluso modificar circuitos y dibujos de la placa madre según necesidades específicas, lo cual ya de por sí es loable.

    Se comercializó cerca del año 1984 y a pesar de sus accesorios como joysticks y juegos en casete, la máquina no fue un suceso comercial, ya que para ese entonces competía directamente con la Commodore 128, de mejores prestaciones y menor precio. La fábrica Czewerny cerró cerca de 1990 por muchos motivos juntos: el incendio de su planta como principal causa, las políticas de la época que desfavorecieron a la industria nacional, y en última instancia, la poca compatibilidad que estaban teniendo los equipos con los nuevos estándares impuestos por un gigante como IBM.

  • 1
    Cristina

    Se trata de un supercomputador que se encuentra instalado desde el año 2010 en el Centro de Computación de Alto Desempeño de la Universidad Nacional de Córdoba. Su nombre es un homenaje a María Cristina Giordano, investigadora científica y fisicoquímica. Es producto de una ardua investigación en conjunto entre el CONICET, la Universidad Nacional de Córdoba, el Instituto de Química del Sur y otros organismos como la Universidad de La Plata y la Facultad de Ciencias Exactas, bajo el financiamiento del Proyecto de Modernización de Equipamiento de Laboratorios de Investigación, ideado por la Agencia Nacional de Promoción Científica y Tecnológica.

    Posee más de quinientas veces la capacidad de procesamiento que una computadora normal, gracias a sus 560 núcleos basados en la tecnología Intel Xeon 5420. Además, posee 1,1 terabytes de memoria RAM, un disco rígido de 32 terabytes, lo cual deriva en más de 5.000.000.000 de operaciones por segundo. Todos los organismos que participaron en su creación tienen la capacidad de acceder remotamente a Cristina, aprovechando su poderío para conducir todo tipo de investigaciones científicas.

1. Clementina

Se trata de la primera supercomputadora que fue ensamblada en nuestro país con fines científicos e investigativos. Operó desde 1961 por algo más de diez años, en el Instituto de Cálculo Independiente de la Universidad de Buenos Aires. En una licitación que tuvo lugar en 1959, la empresa británica Ferranti Mercury fue la ganadora, con una computadora modular cuyo costo rondaba los cuatro millones y medio de dólares (en proporción a números actuales), siendo esta la mayor inversión realizada en nuestro país en este campo. Funcionaba con válvulas electrónicas y diodos de cristal. Contaba con más de 5000 componentes activos repartidos en 14 gabinetes de 60 centímetros cada uno, más cuatro gabinetes de cilindros magnéticos. La unidad de proceso ocupaba todo un cuarto y las fuentes de alimentación ocupaban otro. Debido a su complejidad y la necesidad de capacitar al personal, tardó un año en ponerse en funcionamiento. Sin monitor ni teclado, las instrucciones las leía a través de tarjetas perforadas, emitiendo resultados de la misma manera, en cintas continuas. Fue utilizada por distintas dependencias del estado para operaciones que iban desde cuestiones meteorológicas, problemas lingüísticos, estadísticos, modelos matemáticos de cuencas fluviales y más. Heredó el nombre a través de sus fabricantes, quienes la bautizaron tras la canción popular inglesa que la computadora podía modular. Para 1971 el mantenimiento de semejante terminal era imposible, principalmente por la falta de repuestos. Durante el mismo año se llamó a licitación para mantenerla con vida, pero esta maniobra fue desactivada casi al instante. Así, Clementina fue paulatinamente desmantelada y muchos de sus componentes fueron arrojados a la basura como chatarra, a excepción de algunos que fueron conservados como objetos raros o de colección por antiguos empleados de la UBA.
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