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Analisis | Vamo a romper todo

ANÁLISIS: 12 Horas para Sobrevivir: El Año de la Elección (James DeMonaco, 2016)

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Por: Jessica Blady

Tags: The Purge
Los "purgadores" siguen haciendo de las suyas en este franquicia súper rendidora.

“The Purge” se convirtió en una de las franquicias de terror de bajo presupuesto más rentables de los últimos tiempos. El productor Jason Blum (y su Blumhouse Productions) -responsable de “Actividad Paranormal” (Paranormal Activity), “La Noche del Demonio” (Insidious) y “Sinister”-, arremete con un nuevo capítulo de esta saga ultraviolenta, una vez más dirigida por James DeMonaco, el mismo de las dos películas anteriores.

Estamos situados unos años después de los hechos de “12 Horas Para Sobrevivir: Anarquía” (The Purge: Anarchy, 2014) y Leo Barnes (Frank Grillo, el Crossbones del MCU) ahora es el jefe de seguridad de la senadora Charlie Roan (Elizabeth Mitchell, la Juliet de Lost). Su tarea principal es proteger a esta candidata a la presidencia durante su campaña y la inminente “Purga” que, a pesar de que suele tener como objetivo a los más pobres e inocentes, este nuevo año no presenta privilegios para nadie y todos, absolutamente todos, estarán expuestos a esta violenta noche de catarsis colectiva.

Roan tiene una mala experiencia con la purga en su pasado, y su objetivo principal es eliminarla cuando asuma su mandato. Esta promesa de campaña pone nerviosos a los Nuevos Padres Fundadores, los poderosos gobernantes de esta distópica USA, creadores de la purga para bajar las tasas de criminalidad y eliminar la pobreza, como beneficio secundario.

La senadora tiene la intención de pasar estas doce horas de locura en su hogar, protegida por sus hombres, pero una traición en sus filas hará que quede a merced de unos mercenarios contratados para eliminarla. Con la ayuda de Barnes, Roan sale a la calle, pero ahí los peligros se multiplican, si sumamos a la población que sale a purgar a diestra y siniestra.

“12 Horas para Sobrevivir: El Año de la Elección” (The Purge: Election Day, 2016) –un título muy conveniente en épocas de Donald Trump- nos pasea vertiginosamente por las calles de Washington donde esta pareja fugitiva debe encontrar resguardo y sortear un montón de obstáculos. Serán los ciudadanos de clase más baja los que arriesgarán su propia vida para ayudarla, los elementos más vulnerables de la sociedad que quedan expuestos durante la Purga a merced de chicos ricos y aburridos o extranjeros que vienen de “tour asesino” desde los más remotos lugares del mundo. Está claro que este es un juego entre ricos y pobres, muy conveniente para los acomodados gobernantes y sus “inversionistas”.

Si la primera película tomaba como punto de partida el subgénero de “casa acechada” durante esta noche de violencia, uno de los grandes aciertos de DeMonaco y compañía para las secuelas, fue trasladar la acción a las calles y ver como se comportan los individuos. Además, más allá de la acción y la sangre, la franquicia intenta analizar a una sociedad que rinde culto a las armas (aunque no ahonde mucho sobre ello en una época que necesita de la discusión más que nunca), y poner el eje en la discriminación y la lucha de clases, asociada a cierta segregación racial. Este capítulo profundiza más en estos temas, pero no se detiene lo suficiente para convertirse en un estudio sociológico, al fin y al cabo es una película de terror de bajo presupuesto.


“12 Horas para Sobrevivir: El Año de la Elección” es una correctísima trecuela que cumple ampliamente lo prometido, al igual que sus antecesoras. En este caso, parece un poco menos analítica y más concentrada en la trama persecutoria, pero no por ello pierde intensidad y tensión cuando más lo necesita. La película es lo que es, y no hay necesidad de pedirle otra cosa. Tiene sangre, violencia desmedida, tipos buenos y malos, y un mensaje interesante, aunque sea lo más aterrador del conjunto.