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Analisis | Negocios de familia

ANÁLISIS: Peaky Blinders: la serie que tendrías que estar viendo (Tercera temporada)

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Por: Jessica Blady

Una de las mejores series del momento puso fin a su nueva temporada y te contamos que te perdiste.

El drama criminal de la BBC, creado por Steven Knight (Locke), le puso punto final a su tercera temporada, y seguro que ni siquiera estaban enterados.

“Peaky Blinders” sigue las peripecias de la familia Shelby, gánsters de profesión asentados en la ciudad de Birmingham (Inglaterra) a principios de la década del veinte, liderados por el joven y temerario Thomas Shelby (Cillian Murphy), un veterano condecorado de la Primera Guerra Mundial con varios traumas a cuestas que sólo quiere lo mejor para los suyos y, por supuesto, ascender en la escala social (y criminal) para ganarse un poco de respeto.    

Tras los hechos del final de la segunda temporada, la serie salta un poquito en el tiempo al año 1924 donde, finalmente, Tommy logra casarse con Grace (Annabelle Wallis) para poder criar juntos a su pequeño hijo Charlie en su nueva mansión, los negocios “legales” empiezan a tomar forma y el futuro se vislumbra menos violento para esta prole gitana con muchas aspiraciones.

Pero como bien se remarca en una escena clave, casi al final de esta entrega, la violencia extrema y los negocios turbios no pueden dejarse de lado porque esa es la naturaleza de los Peaky. En esta oportunidad, Thomas no tiene mejor (o peor) idea que asociarse con los rusos y crear una bola de nieve que involucra a comunistas, detractores y un grupo de poderosos, infiltrados en todas las esferas de la sociedad que le harán la vida imposible.

Este grupo, que siempre parece llevar la delantera, es el gran antagonista de la temporada con el padre John Hughes a la cabeza, un cura que de benévolo no tiene nada, y encima comparte un pasado truculento con el joven Michael (Finn Cole), el hijo biológico de Polly (Helen McCrory) que, a pesar de mantenerse alejado de los asuntos más violentos, no podrá esquivarlos del todo, más allá de las negativas de su madre.

Esta es la primera vez que vemos a Tommy tan vulnerable, pero al mismo tiempo más frío y calculador que nunca. El antes y después se desencadena cuando se empiezan a meter con su reciente familia constituida y debe empezar a medir sus prioridades.

Knight vuelve a hacerse cargo de la escritura de los seis episodios y deja la dirección en manos de Tim Mielants y su cámara prodigiosa que refleja todos los estratos de la Gran Bretaña de principios de siglo que empieza a atravesar por profundos cambios sociales, y se da el lujo de jugar con las imágenes y una genial banda sonora que incluye clásicos como “Lazarus” de David Bowie o “Soldier’s Things” de Tom Waits, sólo para nombrar algunas gemas.

La estética (o sea la forma) sigue prevaleciendo sobre el contenido, acá un poco recargado de sub-tramas (y hasta confuso por momentos), conspiraciones, alguna que otra bizarreada, un poco de misticismo y la violencia desmedida que no puede faltar cuando se trata de los Peaky Blinders y sus enemigos.

Igual, el saldo es más que positivo. Las actuaciones más intensas siguen siendo el alma de esta historia gansteril, y esos momentos cumbres como cada minuto que Tom Hardy (una vez más en el papel de Alfie Solomons) aparece en pantalla y se cruza con los Shelby.   

La sexta temporada de “Peaky Blinders” trajo consigo cierto cambio de roles entre Tommy y su hermano mayor Arthur (Paul Anderson), siempre el más impredecible del grupo que, ahora, trata de encauzar su vida en pos de su salud mental y la relación que guarda con la futura madre de su hijo.

Pero todo sigue girando alrededor de Thomas, sus buenas y malas decisiones, sus necesidades y el futuro que piensa darle a los negocios familiares, los legales y los otros. Los lazos se estrechan y contraen más que nunca y marcan el ritmo de lo que vendrá para la próxima entrega después de un final que deja a todos con la boca bastante abierta.

PUNTAJE: 8/10