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Editoriales | Una antiguedad

CONTRATAPA: Activision, y la costumbre de arruinarlo todo

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Por: Leo Valle

Yo quiero darle plata a Activision, pero (como siempre) no le alcanza.

La presentación (armada claramente a las apuradas) por Activision para anticiparse a futuras filtraciones de “Call of Duty: Infinite Warfare” nos dejó con sabor a (muy) poco – excepto por el pasaje en el cual vimos un poco de lo que va a ser la remasterización “Call of Duty: Modern Warfare”, el juego que dio comienzo al fenómeno en el 2007 y marcó el camino a la hora de hacer juegos en acción en primera persona.

Sin importar si somos seguidores, fanáticos o detractores de la serie Call of Duty, todos probamos por lo menos un par de niveles de Modern Warfare, que junto a “Gears of War” fueron padres fundadores de toda una generación de consolas. Infinity Ward aplicó toda su experiencia a un producto que conjugaba la inmersión de los primeros Call of Duty, con una historia de traición y política relevante (en su momento), que parecía sacada de la mejor película de Michael Bay (esas que ya no hace).

Hay muchos (entre los que me incluyo) que hemos decido dejar pasar gustosos cada nueva entrega de la serie, pero aún así estaríamos dispuestos a darle una segunda vuelta a la campaña de Modern Warfare. No solo por una cuestión nostálgica, sino porque era (y es) un buen juego genuinamente.

Pero Activision, consciente de que tiene entre manos una franquicia que, aunque lejos de ser irrelevante desde lo económico, ya no es representativa de la industria como lo fue en otro momento, saca una “práctica Activision” de la galera y nos confirma que la única forma de jugar la remasterización de uno de lo títulos fundamentales de la última década será comprando la porquería nueva.

Yo estoy seguro que eventualmente “Call of Duty: Modern Warfare Remastered” va a estar disponible en las tiendas digitales como un producto independiente (y que es solo cuestión de tiempo antes de que lancen la trilogía remasterizada), pero de todas maneras intentar captar más público con una maniobra con esta es casi despreciable. 

Despreciable en especial porque se aplica con Infinite Warfare, que se siente uno de los productos más genéricos de la compañía de los últimos años (sí, más que el famélico “Call of Duty: Ghosts”). Si alguien dentro de Infinity Ward esperaba que hicieramos “wow” cuando la nave llegó al espacio, claramente se despertaron de un sueño criogénico de cinco años antes de ayer. Infinite Warfare es justamente el producto que un equipo que no sabía a donde ir realizaría. Un juego en el que somos meros espectadores.

Después de Modern Warfare, a los Call of Duty se los clasificaba como juegos “sobre rieles”. Y hasta cierto punto era (es) verdad: los personajes reaccionaban cuando uno superaba ciertas líneas invisibles y el título se convertía en una galería de tiro. Pero la puta, que esa primera montaña rusa era increíble, inmersiva, y divertida.

Lástima que para volver a subir haya que pasar primero por la fábrica de cajas.