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Duros de roer

Los juegos más difíciles de la historia (20-11)

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Por: Jeremias Curci

Seguimos repasando los huesos más duros de roer en materia fichinera.

Dark Souls 3 ya está entre nosotros y con él, miles de jugadores muriendo y volviéndolo a intentar una y otra vez. Y es que como dice Alfred, "¿Para qué caemos? Para aprender a levantarnos", estos juegos nos sacan buenos... O nos sacan canas verdes y úlceras en el camino. Esta es la segunda parte de un recorrido por los juegos más salvajes en términos de dificultad.

  • 10
    Blaster Master (Sunsoft, 1988, NES)
    Blaster Master es un caso extraño, puesto que su versión original no fue bien recibida en territorio nipón, cosa que sí sucedió con su localización para tierras occidentales. Blaster Master es considerado uno de los mejores juegos de la vieja NES gracias a su diseño de vanguardia: dos estilos de juego funcionando al unísono mientras controlamos al tanque o al personaje protagonista. También es recordado como un hueso durísimo de roer, no sólo porque el juego tiene picos injustos de dificultad desmedida, sino porque carece de funciones de guardado de partida o sistema de passwords. Terminarlo es algo para unos pocos audaces.
  • 9
    ARMA 2 (Bohemia Interactive, 2009, PC)
    Las concesiones que deben hacer los videojuegos que buscan trasladar distintos sucesos de la vida cotidiana al plano del ocio electrónico tienen que ver con que justamente, los juegos se supone que sean divertidos. No es que ARMA 2 no lo sea, ni mucho menos: pero los botiquines, la regeneración de salud y cierta tolerancia a los disparos son conceptos irreales que cumplen una función lúdica. ARMA 2 busca ser un simulador de combate militar, y por lo tanto, una bala bien puesta termina nuestra partida, o puede lesionarnos afectando dramáticamente la jugabilidad. Para seguir agregando capas de complejidad y dificultad, ARMA 2 introduce también elementos tácticos que combinan asistencia por vehículos y control de pelotones. Ganar una batalla en este juego es colosal, tanto como el nivel de frustración que puede llegar a encajarnos.
  • 8
    Chakan: The Forever Man (Extended Play, 1992, Mega Drive, Game Gear)
    Pocos juegos gozan del estatus de culto como el viejo y querido Chakan: un guerrero fuera de serie que osó desafiar a la muerte misma, ante quien conoce por primera vez la derrota y de quien recibe una maldición que lo llevará a combatir toda clase de demonios. La historia es bastante oscura pero no tanto como la desmedida dificultad que rebosa el juego, la cual no teme relucir a través de sus niveles y mucho menos en sus colosales peleas de jefes, donde la dificultad y la frustración se codean con lo insano. Se dice que uno no conoce sus límites hasta que no jugó y terminó Chakan: un fichín que te pone a prueba de verdad.
  • 7
    Ninja Gaiden (Tecmo, 1988, NES)
    Genios absolutos, ídolos de la maldad: Ninja Gaiden es un juego brillante en todos los aspectos que uno pueda imaginarse. Para la época no sólo contaba con un apartado artístico y técnico envidiable, sino que dotaba al jugador de una serie de herramientas a través de sus mecánicas, que hacía que los dos botones de la NES se sientan como tener veinte botones de acción. Un juego que podría haber gozado de mucha más popularidad y aceptación si no fuese tan abusivo con los jugadores: porque se trata de uno de los juegos más demandantes que existen, cuya dificultad no perdona error alguno. Disfrutarlo sale caro, pero vale la pena.
  • 6
    Stuntman (Reflections, 2002, PS2)
    ¿Quién dijo que la vida de los dobles de riesgo es sencilla? Tal vez de un modo no intencional, el genial Stuntman nos enseña que realizar escenas de riesgo para la industria cinematográfica no es algo que pueda hacer cualquiera, y nos lo muestra sometiéndonos a uno de los juegos de conducción más duros y a la vez más gratificantes que existen. La premisa es sencilla: a bordo de nuestros distintos vehículos debemos cumplir con los deseos del director del pasquín de turno, debiendo realizar distintas maniobras de una forma muy precisa. Cuando lo lográs es lo mejor que te puede pasar en la vida, pero cuando no, te puede sacar de quicio. Y lo cierto es que esto último sucede muy a menudo.
  • 5
    F-Zero GX (Amusement Vision, 2003, GameCube)
    La saga F-Zero siempre fue una de mis preferidas y a decir verdad, desde el primer juego en SNES hasta el último editado, la dificultad elevada incluso en sus niveles más bajos fue algo característico de la misma. Pero nada se compara con F-Zero GX: en este jugo, Amusement Vision encontró el pináculo del desafío, requiriendo el máximo de los pilotos más avezados para lograr los tiempos necesarios para desbloquear todos los secretos que el juego oculta. Pero ¿Qué estoy diciendo? Requiere lo máximo de nosotros para atrevernos siquiera a pisar el podio.
  • 4
    Super Meat Boy (Team Meat, 2010, Multiplataforma)
    La dupla Refenes – McMillen se despacharon con un auténtico juegazo que no sólo nos deja un legado increíble a nosotros, los jugadores, sino que también es punta de lanza en este resurgimiento y suceso del desarrollo independiente. Detrás de su ácido sentido del humor y sus gráficos sangrientamente encantadores se esconde un desafiante juego de plataformas que nos matará una y mil veces -en especial si queremos perfeccionar cada pasada por nivel- pero que nos tendrá siempre volviendo por más por su naturaleza atractiva, además del acierto que implica tocar un botón para volverlo a intentar.
  • 3
    I Wanna be that guy (Michael O’Reilly, 2007, PC)
    Es toda una gran parodia: los elementos atípicos que hacen al diseño de los niveles del juego, los curiosos segmentos plataformeros y de acción demandante al extremo, los efectos de sonido. Es una parodia, sí, pero también es un homenaje, una oda a los juegos ochenteros ridículamente difíciles, de ahí que sus niveles son retazos tomados de juegos como Megaman, Tetris, Castlevania y tantos más. Es un juego que todos deberían experimentar, a pesar de que en el intento desarrollen úlceras gástricas, se arranquen los pelos de la bronca, o revoleen el teclado. De verdad, vale la pena.
  • 2
    FTL: Faster Than Light (Subset Games, 2012, PC, iOS)
    El costado amargo de ser Piccard o Han Solo te lo muestra FTL: Faster Than Light. Un juego de corte roguelike -esos donde morimos permanentemente y cada partida empezamos de cero con un mapa y eventos generados al azar- donde nuestra meta es atravesar un complejo entramado de sistemas y planetas a bordo de nuestra nave de la confederación, escapando de los insurrectos y toda clase de piratas y amenazas que pululan por el espacio. Es uno de los juegos más apasionantes y profundos que se pueden jugar hoy en día -la versión de iPad es gol- pero a su vez, demandante, por momentos frustrante y duro como ninguno. Hace años que lo juego y aún no pude terminarlo, pero pese a todo, pienso seguir intentándolo.
  • 1
    The Oregon Trail (MECC, 1971, Apple II)
    El juego educacional de MECC sigue siendo al día de hoy uno de los huesos más jodidos en el mundo del fichín de los que se tiene memoria. La premisa es trasladar a los estudiantes las distintas responsabilidades y decisiones que tenía que tomar la gente en una región específica de los Estados Unidos durante fines del siglo XIX. Debíamos ir con nuestro carro y peregrinos atravesando una ruta hasta llegar a nuestro destino. En el medio, debíamos sortear hambre, robos, enfermedades y hasta emboscadas de nativos americanos. El asunto es que muchos de estos sucesos carecían de lógica o contexto, por lo que súbitamente moríamos sin ninguna razón aparente. Al día de hoy, muy poca gente -por no decir ninguna- lo ha terminado, al menos, en su versión original que es la más salada e injusta de todas.

1. Blaster Master (Sunsoft, 1988, NES)

Blaster Master es un caso extraño, puesto que su versión original no fue bien recibida en territorio nipón, cosa que sí sucedió con su localización para tierras occidentales. Blaster Master es considerado uno de los mejores juegos de la vieja NES gracias a su diseño de vanguardia: dos estilos de juego funcionando al unísono mientras controlamos al tanque o al personaje protagonista. También es recordado como un hueso durísimo de roer, no sólo porque el juego tiene picos injustos de dificultad desmedida, sino porque carece de funciones de guardado de partida o sistema de passwords. Terminarlo es algo para unos pocos audaces.
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