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Analisis Compumundo | Análisis

MOMENTO COMPUMUNDO - ANÁLISIS: Quantum Break (XONE, PC)

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Por: Malditos Nerds

Nos sumergimos en el control temporal del juego de Remedy exclusivo de Xbox One y PC.
Análisis de Mariano Rizza

Tomándome la licencia - y el cliché - de comenzar este análisis con una cita, no pude evitar pensar en Einstein cuando comencé a unir los puntos de Quantum Break. “Todos somos genios, pero si juzgas a un pez por su habilidad para trepar árboles, vivirá toda su vida pensando que es un inútil”. Esta frase, aplicada al juego, tiene dos significados. El primero y general tal vez hacía todos los análisis, es que las comparaciones con otros juegos a la hora de intentar clasificar a un título, son como mucho, vagas. El segundo y, lamentablemente necesario, es que Quantum Break intenta romper el molde y esto directamente obliga a contemplar su extravaganza narrativa desde una óptica diferente al común denominador de los juegos de acción en tercera persona.

En resumidas cuentas, Quantum Break, este juego de Remedy Enterteinment (Max Payne, Alan Wake) anunciado en el mismísimo lanzamiento de XBOX ONE, es una experiencia centrada en su trama más que en la acción, donde compartimos las vivencias del Jack Joyce - el protagonista que encarnamos en las secuencias de acción -, las de Paul Serene - el antagonista que controlamos en las secuencias de toma de decisiones - y finalmente las del resto del entorno - las cuales vemos como espectadores en la serie que se dispara entre nivel y nivel.

Remedy nos tiene acostumbrados a sus experimentos narrativos y mientras no está tal vez a la altura de Quantic Dream (Heavy Rain, Beyond: Two Souls), supo destacarse en sus experiencias. El ideal de este estudio es ofrecer creaciones que se consuman de la misma manera que hacemos con los productos del Rey del Living  - la televisión - pero aplicados de manera interactiva. Una apuesta que por más intrincada que suene, termina funcionando mejor de lo que se espera. Luego de jugar cada episodio compuesto de tres actos que pueden llegar a durar entre hora y media y dos horas, dependiendo el nivel de coleccionista de cada jugador, la serie live action de media hora se presenta como un respiro agradable que no empalidece frente a la intensidad que venimos manejando y que, por más que no brille por sus actuaciones a un nivel de Breaking Bad o Daredevil, es un producto muy cuidado y plenamente satisfactorio. Inclusive, el trabajo de edición, fotografía e iluminación busca parecerse lo más posible a los gráficos hiperrealistas de las escenas de juego, logrando que el salto no sea para nada brusco, sino tan sutil como en su imaginación, los antiguos juegos en CD-ROM creían que eran.    

Pero claro está, la pluma que inclina la balanza es el juego en sí. Para ponernos en situación, imaginen la jugabilidad de Quantum Break, como una amalgama entre The Last of Us y inFamous. El apartado gráfico se destaca entre los pocos que realmente aprovecharon la potencia de las máquinas de nueva generación, haciendo que los rostros de  Dominic Monaghan, Shawn Ashmore y Aidan Gillen resulten indiferenciables de la realidad. Mejor aún, la tecnología de captura de movimientos está tan afinada, que en ningún momento se dan situaciones donde pareciera que los personajes utilizan extrañas máscaras de goma, o tuvieran ticks nerviosos. Desde su más que prolija performance, hay que aceptar que los tres intérpretes cayeron en personajes que nunca se van a poder sacudir de encima (Monaghan de Lost; el pibe raro, Ashmore de X-Men; el carismático héroe americano y Gillen de Game of Thrones; el despreciable villano) pero la nitidez de la interfaz y la precisión de la captura, permiten que, dentro de ese limbo del casting, los artistas hagan un trabajo impecable.
Donde todo comienza a ponerse más cuestionable, es en las secuencias de acción. Jack Joyce, nuestro protagonista, tiene un buen manejo de las armas y un mejor manejo aún de sus poderes temporales recientemente obtenidos. Con ellos podremos detener el tiempo a nuestro alrededor a modo de escudo, detener a enemigos en el lugar para esquivarlos o ejecutarlos y otras variantes bien pensadas del uso de estas habilidades. A veces, las mismas tiene que utilizarse de manera inteligente para vencer a enemigos que tienen nuestras mismas habilidades, mientras que otras debemos emplearlas para resolver situaciones similares a puzzles, como fabricar puentes con objetos detenidos en el tiempo para sortear brechas. El problema de esto último, tanto como con los enemigos, es que mientras al principio aparecen de una manera escalonada y adecuada a la narrativa y a la curva de aprendizaje, la variedad de situaciones se detiene de inmediato y las clases de contrincantes no terminan siendo más de cuatro en todo el juego, tanto como el truco del puente se reutiliza hasta el cansancio. 

Y ahí reside el mayor problema de Quantum Break. Tiene una idea magnánima bien curada, pero nunca sabe como fragmentarla o expandirla. El título cuenta con un gran exponente de investigación. En todas las locaciones, encontraremos alrededor de veinte textos en forma de correos electrónicos o cartas, donde nos empaparemos del contexto de la historia. Todos están brillantemente redactados y realmente son interesantes de leer, pero hay que tener en cuenta que pueden ser demasiado extensos. De las dos horas que dura cada episodio jugable, unos cuarenta y cinco minutos se pasan leyendo. Claramente este detalle dividirá las aguas, pero a la larga el punto no deja de ser negativo. Mientras que algunos los ignorarán y dejarán de entender conceptos muy bien explicados del viaje del tiempo sugerido en esta aventura, otros caerán en el tedio de disfrutar lo que leen pero terminar comprendiendo que no sirve para mucho. Si, entenderán la parte científica y el juego de dobles espías que maneja muy bien la trama, pero al final de cuentas  algunas de las explicaciones de situaciones hipotéticas o de cómo contrarrestar poderes increíbles que jamás se manifiestan en la jugada, nos hacen dar cuenta que simplemente nos estaban distrayendo para esconder el hecho de que el contenido, pese a ser de gran calidad, es poco. Dicho de otra manera, a The Order - 1886 lo crucificaron por lo mismo, con la única diferencia de que acá creemos que nosotros estamos haciendo algo activamente, sólo por estar leyendo. 

La estocada final, viene justamente en la conclusión del juego. Por más que la historia varíe dependiendo de nuestras elecciones, la final es común y, peor aún, injusta. Es una verdadera lástima que las capacidades creativas no estén a la par de las capacidades tecnológicas ya que en los últimos años, pocos juegos ofrecen variantes diferentes a la horda de enemigos como último reto, que termina dejando un sin sabor, por más desafiante que pueda llegar a ser. Toda la experiencia es comparable a arrojarse con un carrito de rulemanes por una pendiente inclinada. Los primeros metros son pura expectativa y risas, el momento de mayor velocidad es una euforia donde lo único que podemos pensar es que ya queremos tirarnos de nuevo pero, al final, una de las ruedas falla y la única certeza que tenemos es que terminaremos de manera accidentada. 


Quantum Break es una experiencia entretenida y recomendable, pero tal vez no exitosa. Mientras que como nueva alternativa de consumir entretenimiento funciona de manera interesante aunque errática, cómo videojuego termina quedándose corto por no terminar de controlarlo la idea original. Ante la duda de adquirirlo o no, la realidad es que vale la pena experimentarlo y sus valores de producción y rejugabilidad justifican ampliamente la compra. Sin embargo, no hay que dejar de tener en cuenta que gigantes aún más grandes supieron caer en el olvido.